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Transpatagonia, 14 al 27 de febrero de 2002
Dina Vilches - Aventurero

Cruzar la Patagonia es más que unir los dos océanos. Es atravesar un paisaje con horizontes lejanos, sin líneas verticales. Los árboles son escasos, solo prodigados por la mano del hombre. Las piedras están redondeadas por la acción del viento, los cerros son ondulaciones suaves, cortados por la acción de los hielos prehistóricos o de formas geométricas inexplicables. La meseta toda tiene un color que recorre tonalidades infinitas pero sin contrastes.

El viento. El gran personaje.

El sol. El impiadoso.

Las nubes, telón del cielo de un celeste transparente, que adorna sin regalar su agua. Y bajo este contorno, de atmósfera liviana, la luna, las estrellas, el amanecer, el anochecer se nos presentaban tan puros y nítidos como en una pintura surrealista.

La vida. El gran desafío. Pastos y arbustos chatos, punzantes, impertinente presencia que alimenta una fauna rica y variada, que responde al desafío.

Los hombres, pocos, pero... ¡qué temple! La Patagonia desarrolla en las plantas, animales y el hombre la fortaleza de la adaptación. ¡Y esto fue lo que vi, sentí, imagine, sufrí y gocé en esta tierra sur mítica y no sin razón!

Habrá tantos relatos como relatantes, pero quien la atraviese no ha de tener una opinión tibia, sino encendida. Encendida como el fuego que se necesita para poder superar su fuerza.

Voy a hacer un resumen de la bitácora que cada noche completábamos con algunos de mis compañeros de travesía, casi como en una ceremonia celebratoria de la etapa cumplida.

Miércoles 13

Salí de Retiro con bici en bolsa (no violín) dos alforjas, el bolso del portapaquetes y mis expectativas y miedos junto con el boleto del colectivo.

Jueves 14

El grupo se reunió en un albergue en Bariloche y salimos a hacer el circuito chico, como bautismo, como auto presentación de un grupo de ciclistas de los que para la mayoría era la primera vez que nos veíamos y que con el correr de los días habríamos de conformar un grupo de camaradas en los que aún como única mujer me sentí un igual.

Viernes 15

Salimos a las 7 AM rumbo a Puerto Montt que sería el punto "oficial" de largada de la travesía.

Hicimos aduana en el Puesto Fronterizo y dejamos Argentina. Ingresamos a Chile por el puesto de Pajaritos en la Región de los Lagos.

Llegamos a Puerto Montt, cambiamos nuestra ropa "de civil" por la de ciclistas como un cambio de piel. Como un ritual. Almorzamos sandwiches rápidamente. Estábamos ansiosos de pedalear, de recorrer la ruta. Pasamos por Puerto Varas y Lago Llanquihue.

Tuvimos a la vista el imponente volcán Osorno. Atravesamos bosques plenos de color y frescura, llanuras con sembrados de maíz y ganado vacuno (Holster). Nos detuvimos en la playa Venado, y continuamos en un paisaje que parecía dibujado. Cerros bajos y pinos.

Acampamos en un camping donde tomaríamos nuestra primer ducha fría. Cenamos una deliciosa paella del cucharón de nuestro cocinero oficial, hijo y nieto de valencianos. Broche de oro a la primer jornada. Fin del asfalto.

Sábado 16

Salimos a las 10 AM. Atravesamos bosques de altos árboles, hermosos arrayanes y montones de flores. ¡Las moras nos invitaban a arrancarlas y comerlas! Rodeamos el Seno Reloncavi que es una lengua de mar. Paramos a almorzar una ensalada de verduras con fideos, muy bien sazonados. La temperatura y el cielo brillante no daban otra opción más que a tirarse a nadar un rato en el estuario. Muchos lo hicimos.

Seguimos bordeando el estuario en un camino de faldeo suave y buen ripio. Vimos muchas salmoneras. Poco a poco las piedras sueltas empezaron a dificultar las subidas que ya eran mas pronunciadas, con bastante tránsito y poco espacio firme. ¡Con cada curva, se mostraba un espectáculo diferente y magnificente!

Acampamos en el Río Puelo chico. Nos bañamos en el río y cenamos temprano.

Hasta aquí hemos recorrido 148 Km.

Domingo 17

Nos levantamos a las 6:30 AM. La mañana es calma, el río un espejo y no tome la foto de la pequeña nubecita de rocío condensado, apenas rosada contra la costa, el sol apenas alumbrando el cerro cubierto de vegetación sobre la otra orilla, porque ¿qué cámara puede reflejar tanta grandeza?

Los 13 Km que nos separaban de Tagua Tagua donde debíamos cruzar el río fueron espectaculares. Altos cerros con vegetación, abajo el río de color verde esmeralda. Mientras esperábamos visitamos una casita cercana donde nos permitieron entrar y ver la cocina económica en el centro de la cocina a modo de eje rodeado de asientos largos donde se reune la familia en los días de frío.

Todo tan prolijo e impecable que llamaba la atención. La señora cocinaba torta frita que vende a los que cruzan en este punto. Nosotros no fuimos la excepción. Estuvimos allí hasta las 16 hs. El clima cambió de sol brillante a nubes amenazadoras que se disolvieron en una lluvia suave y luego otra vez claro. Cruzamos en un lanchón de madera nosotros (convenientemente bombeado para achicar el agua por su único tripulante) y en otra lancha las bicicletas.

Sin fotos por la misma razón. Imaginen el lago, las aguas verdes, el cielo transparente, las montañas con muchas caídas de agua, los pájaros, la flora, los perfumes, los sonidos, la brisa, nuestras risas...

Anduvimos 34 Km de camino de ripio, tierra polvorosa y suelta (ceniza volcánica) que en algunos lugares alcanzaba unos 4 o 5 cm de espesor, muchas subidas, un bosque hermosísimo, el río verde abajo.

Llegamos a Llanada Grande. Paramos en una casa rural de madera. Humilde pero de una calidad de construcción muy sólida. El baño con todos los artefactos me resultaba muy raro porque estaban asentados no en mampostería sino en lechos de la misma madera. Ducha fría, ¡por supuesto!

El centro de reunión fue la cocina, nuevamente alrededor de la cocina económica. Dormimos en el comedor y a la noche el gato metió la cola... suponemos. Alguno de los muchachos sintió algo que lo sobresalto, grito, se movió... como todos estábamos tan juntos el sobresalto fue generalizado. ¡El susto y las risas también!

Lunes 18

Salimos a las 9 AM. Se terminó lo que usualmente llamamos camino. A partir de aquí tendremos senderos, huellas e indicaciones de los lugareños de doblar después del árbol frutal, antes de la casa con la puerta verde o la segunda tranquera. Paramos a almorzar sandwiches en un claro del bosque.

Continuamos por caminos tan intransitados que estaban cubiertos de hierba como césped. Bordeamos el Lago Blanco. La temperatura es muy agradable, el único sonido es el que nosotros hacemos con nuestras bicis. Nos cruzamos con un paisano a caballo con los estribos tallados en madera de lingue.

Atravesamos sendas dentro de campos sembrados o pastos amarillos, separados por tranqueras. Poco a poco se fueron transformando en huellas difíciles de transitar en bicicleta y empezamos a cargarlas para superar raíces o grandes piedras.

A las 22:30 acampamos pensando que estábamos muy cerca de nuestro destino en Río Puelo pero muy cansados y solo con la luna para alumbrarnos. Armamos vivac con las bolsas de dormir que llevábamos con nosotros. Esta vez no hubo posibilidad de baño alguno. Yo me puse las medias largas para no ensuciar la bolsa de dormir...

A modo de luz central habíamos puesto una vela y a falta de algo para apoyarla, estaba sobre un casco. Cuando ya habíamos cenado y casi todos estaban dormidos, la vela se acabó y tomo fuego el casco. Al grito de fuego, gran revuelo, pero lo apagamos rápido y paso a ser otro motivo mas de diversión.

La etapa duro 13 horas y solo habíamos avanzado 32 Km.

Martes 19

A la mañana siguiente vimos que, efectivamente, estábamos a 500 metros de nuestro destino.

Descendimos hasta la balsa que cruzaba el río unida a ambas orillas por un sistema de poleas. ¡Toda una sensación que estábamos realmente viviendo una aventura! Estamos en Segundo Corral. De allí un catamarán de aluminio movido a turbina para facilitar la navegación por los rápidos (en lugar de hélices) nos llevó al Retén de Carabineros de Río Puelo, transbordamos e hicimos Aduana en Gendarmería y entramos en Argentina.

Uno de nuestros compañeros había olvidado su mochila con los documentos cuando dejamos el vehículo de apoyo, por lo que se quedo con un amigo que le hizo "el aguante" en el Retén hasta que se hizo la combinación para llevarle los documentos y encontrarse con nosotros.

Llegamos al Lago Puelo en el Bolsón. Nos bañamos de esa mugre de dos días y almorzamos. Subimos a las bicicletas y llegamos al Albergue Ecológico "Gaia". Esta sería nuestra noche más lujuriosa de la travesía por la calidad de las instalaciones a la par de cada detalle estético y práctico que nos hacia sentir que más que una empresa comercial era un compartir de sus dueños, de su propio hábitat, con calidez y eficiencia.

Cenamos un chivito a la estaca para delicia de mis compañeros y mia, que no soy tan amante de la carne, y comí la lechuga más fresca y crujiente que recuerdo.

Esta etapa fue de solo 31 Km.

Miércoles 20

Salimos del albergue a las 10 después de un desayuno opíparo con pan y dulces caseros con la atención personal de sus dueños.

El paisaje era de montañas verdes de vegetación y suave faldeo. El día era transparente y comenzaba a subir la temperatura. Pasamos por el Hoyo. En Epuyén bebimos un delicioso jugo de frambuesa en botellitas elaboradas allí mismo. A continuación en una gran trepada que sumada a la hora de máxima fuerza del sol, la transformaba en gigantesca, decidí saltearla de ciclista y pase a copiloto del vehículo de apoyo.

En El Maitén tomamos la mítica Ruta 40. Se terminó la vegetación y las montañas muestran sus piedras y arcilla seca. Paramos en el río el Maitén y nos refrescamos en el río. Estuvimos en el Complejo Deportivo Municipal. El paisaje es cada vez más seco y los pastos amarillos. Vimos caer el sol y reflejarse en una laguna con los tonos rosados y una bandada de patos que contrastaba con la aridez circundante.

Oscureció. Llegamos a Ñurquinco siguiendo las huellas alumbradas por la luna. Paramos en un gran gimnasio. Cenamos polenta con salsa de carne, tomate y cebolla.

La etapa fue de 101 Km.

Jueves 21

Salimos a las 7:30 AM. Linda mañana sin nubes. Aquí no llueve nunca. El río esta seco. Seguimos en la Ruta 40 pedregosa y seca. Faldeo suave, muchas bajadas y curvas. De vez en cuando se ve alguna casa al reparo de hermosos álamos. Cruzamos el Río Chico.

Paramos a almorzar en Despensa La Pasadita y descansamos un rato debajo de sauces llorones. En varios tramos la ruta va paralela a la vía de Jacobaci (la trochita).

Paramos en Mamuel Choique, un paraje con pocas casas pero una estación de trenes importante, construida en 1947, transformada en Museo. El tren hace 7 años que no circula. Hay una formación con vagones y maquinas de 1922. Cerca hay una comunidad Mapuche de alrededor de 400 habitantes. Llegamos a Ojos de Agua a las 21.

Ningún árbol, ningún reparo. Armamos campamento cerca de un ojo de agua de no más de 3 cm de profundidad. Nos bañamos (¡sí!), cenamos y nos dormimos. Ya no es necesario prender la linterna para armar o arreglar la carpa dentro. ¡La luz de la luna alcanza sobradamente!

La etapa fue de 123 Km.

Viernes 22

Salimos a las 7:30 AM. Llevamos ya muchos días de ambiente seco y viento y a mí me exige una cuota extra de energía para sobrellevarla. Nos faltan 570 km para llegar. Hemos pasado la mitad del recorrido y esto hace la diferencia ya no solo sumamos, también descontamos.

Llegamos a Ingeniero Jacobaci. Paramos en el gimnasio para comer y allí conversamos con el Dr. Mercado, ciclista y entusiasta difusor del deporte en el pueblo. Llegamos a Maquinchao por un camino plano en muy buen estado. Dormimos en una escuela interna de primaria. Cenamos arroz con chivito a la cacerola.

La etapa fue de 126 Km.

Sábado 23

Salimos a las 8 AM. Pasamos por El Caín, un caserío. Aquí comienza la meseta de Somuncura. El aire es cada vez más seco, pero de vez en cuando se ven lagunas que son reservorios de agua muy pura, donde habita la mojarrita desnuda. Especie extinguida en el resto del Universo.

Almorzamos junto a un ojo de agua donde había álamos y ovejas. El sol es muy brillante, tal vez un efecto físico fruto de la carencia de humedad. A mí me molesta muchísimo, pese a mis lentes envolventes. También la luna es brillante y esto es una verdadera belleza.

Acampamos en el paraje Parril Niyeu, protegidos del viento por los corrales de una casa de ganaderos de ovejas. Ecilda, su dueña, me ofreció, como única representante del sexo femenino, bañarme en el baño de la casa ¡woooooou ducha otra vez, fría pero eso dejó de ser una necesidad ya!

La etapa fue de 114 km

Domingo 24

Salimos a las 8 AM. Siguen las lagunas con avutardas, flamencos y muchas aves más.
También cruzan delante nuestro manadas de avestruces, guanacos. Muchas liebres, algunos zorros patagónicos y una especie de mulita llamada cachi. Cruzamos a Chubut en la zona de la estancia Tagalapa. Paramos a comer en un puesto frente a una laguna. ¡Hay mucho viento! Llegamos a Gan Gan y dormimos en la escuela.

La etapa fue de 120 Km.

Lunes 25

Salimos a las 8 AM. Hoy el protagonista fue el viento. La mayor parte del camino fue en dirección este y el viento nos empujaba con violencia desde atrás. Sin pedalear alcanzábamos velocidades de 40 km en el llano, en bajada y frenando, 63.

Dije violencia porque yo me sentía lanzada hacia delante sin poder hacer más que tomar con fuerza el manubrio y dirigirlo hacia la mejor huella. Había serrucho a veces, ripio suelto, bajadas, o cruzábamos badenes con las piedras sin sustentación. Envuelta en una nube de tierra no podía saber que había a 20 cm de la rueda delantera. En las curvas, el viento de costado dificultaba las maniobras y nos sacaba de la huella. Cada vez que parábamos para comer o tomar agua era con los frenos al máximo.

La geografía es cada vez más chata y seca. Estuvo todo el día algo nublado, lo que fue una suerte en medio de tanto esfuerzo. Para mí fue una lucha desigual. Sin embargo esta no fue la opinión de los muchachos que decían que fácil... ¡sin pedalear!

Llegamos a Telsen muy temprano. El promedio de la etapa fue de 22 Km, con todo ese ripio, subidas y serrucho. Descansamos en la comisaría hasta que se arregló nuestra estadía en un gimnasio.

Descubrimos un bar donde comimos sandwiches de pan casero con delicioso queso y jamón crudo. ¡Yo me regale, además un tomate fresco y rojo! Esa noche, me fui a acostar temprano sin más comida. Los muchachos comieron pizza casera cocinada artesanalmente por la dueña del bar. La foto que ilustra este parrafo la tome a la entrada del pueblo en medio de los remolinos de tierra, frente a la plaza y en ese cartel que no se distingue dice Juan Vilches. Mi apellido, en ese lugar... ¡Nadie supo decirme nada de ese Juan!

La etapa fue de 130 Km.

Martes 26

Salimos a las 8 AM. El día era inexplicablemente calmo, azul con nubecitas chiquitas, como bordadas. Seguimos descontando los días que faltan de la travesía porque ya todos estamos un poco cansados de la geografía, pero también vemos con pena el fin de la travesía. Es que ya este grupo esta afianzado en la camaradería y en el compartir las pequeñas cosas cotidianas y la magnificencia de la naturaleza. A ambos lados vemos perdices, guanacos, choiques (animal parecido al ñandú). A 90 Km de Puerto Madryn paramos en el bar "El Descanso". Almorzamos a la sombra de los tamarindos. Había dos carros usados para transportar lana de mas de 100 años de antigüedad, comprado en "La Anónima" el gran supermercado de la Patagonia. La foto muestra el salitral cercano a donde estábamos, que no está siendo explotado, pero del que sus dueños sacan para su uso.

Vimos las explotaciones y transporte de piedra porfidio de la Patagonia. Acampamos en la Estancia El Milagro. Esa fue la noche de luna llena, que coincidía con la ultima en la que acamparíamos. La temperatura era perfecta. Sin nubes. Sin viento. Digno broche. Cenamos en la cocina de la estancia y fue muy relajado, porque la siguiente seria la ultima jornada y ¡solo nos faltaban 50 km!

A la mañana, la luna esperó al sol y tomamos incontables fotos de este fenómeno, que se da cada 21 días, pero que a nosotros nos era entregado como medalla de Fin de Travesía.

La etapa fue de 126 Km.

Miércoles 27

Llegamos a Puerto Madryn a medio día. ¡Ver la ciudad y el mar desde arriba, fue un digno espectáculo! Bajamos a la playa para sacarnos la foto de la llegada. ¡Y así completamos los 1200 Km de esta travesía bioceánica! A la noche, ¡claro!, cenamos pescado en el restaurante de los pescadores.

 

 

Nota:

e-mail: dina.vilches@iplanmail.com.ar


 

Todos los detalles de la travesía, que se realiza una vez al año:

Unir los dos océanos con la propia energía como motor es, además de cruzar la Cordillera de los Andes, la posibilidad de recorrer Parques Nacionales con bosques, lagos, cascadas y termas naturales Finalmente luego de mil kilómetros, al llegar a las playas de las Grutas, nos pegamos una victoriosa zambullida en las aguas del Atlántico.



Duración
Fecha
Precio
14 días
14 al 28/02/03
$650



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