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Dos mujeres en la Patagonia
Dina Vilches - Aventurero

El objetivo es partir desde San Martín de los Andes, ir por el camino de los Siete Lagos, llegar a Villa la Angostura, y bordear el lago Nahuel Huapi por la ruta 231, hasta Bariloche. Aproximadamente, 200 kilómetros a recorrer en cuatro días, acampando donde nos guste y recorriendo los lugares que nos recomiende la gente del lugar. Es necesario tener en cuenta los siguientes tips para que la travesía sea una experiencia feliz:

  1. Entrenamiento acorde con el esfuerzo a realizar. Esto implica un programa llevado a cabo sistemáticamente, seis meses antes, en los que se tendrán en cuenta las características físicas y la actividad de cada participante.
  2. Tener entrenamiento o experiencia en los tipos de accidentes geográficos que se vayan a encontrar: subidas largas, subidas pronunciadas, bajadas, ripio, ruta.
  3. Acondicionamiento mecánico de la bicicleta.
  4. Acondicionamiento para el peso que va a llevar y su distribución.
  5. Entrenamiento y habilidad del ciclista para manejar en las condiciones de subidas, ripio, viento de costado o la eventualidad que se presente con todo ese peso.
  6. Llegar al punto de partida 1 o 2 días antes. Descansar en el lugar para aclimatarse y partir con un capital de energía, no un déficit.
  7. Planificar la travesía con los puntos de descanso intermedio en las noches; campings u hosterías.
  8. Recolectar datos de otros ciclistas que hicieron la travesía, en todos los aspectos posibles y sus soluciones. En el momento de una crisis a veces es difícil ser creativo, pero vienen a la memoria todos esos pequeños detalles escuchados o leídos.
  9. Estudiar cada elemento a llevar en cuanto a utilidad y peso. No llevar nada de más. El peso se multiplica con el tiempo. No llevar nada de menos.
  10. Propiciar la buena comunicación dentro del grupo.

Elementos transportados

Cada una de nosotras lleva dos alforjas traseras, una alforja en portapaquetes y una gran riñonera y en ellos:

  1. Ropa de ciclismo.
    Rompevientos. Polar sin mangas. Remeras. Zapatillas de bici. Zapatillas livianas, por si se mojan las de bici. Ojotas para bañarse. Medias de bici y de abrigo. Ropa interior. Pijama. Casco y guantes de ciclista. Mochilita liviana para llevar las cosas al baño o transportes cortos de comida comprada en el camino u otros imprevistos. Alguna ropa "de salir" y zapatos livianos. Lentes de sol. Lentes de leer. Lentes extra. Pañuelo o barbijo para el viento. Luces de frente y titilantes de atrás. Herramientas: Rayos. Cable de freno. Pedal de repuesto. Cámara. Parches. Inflador. Inflador de aire comprimido para emergencia. Llave 16, para desarmar el pedal. Libretita chica para usar de bitácora, con teléfonos y mails de amigos. Mapas.
  2. Elementos para acampar.
    Carpa. Bolsa de dormir. Aislante plástico de 2X2 para el piso de la carpa, para vivac o alguna otra emergencia. Calentador. Marmita. Platos. Cubiertos. Mantel (tela de pañuelo. No pesa y comiendo en el suelo, da una sensación de hospitalidad e higiene). Servilletas de papel. Una toallita chica, como repasador. Termo, mate, bombilla, yerba. Leche en polvo. Café. Calditos Quaker. Arroz. Pasas de uva (para momentos de extremo cansancio, conviene tenerlas en la riñonera). Jabón de lavar. Broches de ropa. Rip curl. Encendedor. Pilas. Linterna chica (para colgar del techo de la carpa). Lupa (para hacer fuego). Espejito (para hacer señales o pintarse, ejem..., también afeitarse). Radio, grabador, casettes (desaliento llevar este peso: el sonido de la naturaleza es más lindo y no trae malas noticias), cámara de fotos y rollo de fotos. Bolsas de plástico para poner todo.
  3. Elementos de toilette.
    Cepillo de dientes. Dentífrico. Papel Higiénico. Hojas húmedas. Toalla chiquita (verán que inservible es un gran toallón). Pañuelos. Tijerita. Pintura de uñas, quita esmalte. Algodón. Cremas, bronceadores, protector labial y repelente. Importantísimo, hilo y aguja. Shampoo y crema de enjuague. Cepillo para el pelo. Hebillas para el pelo. Caja de primeros auxilios. Geniol, más todo lo que habitualmente se use.

La crónica día a día

Sábado 5 de enero de 2002

Salimos de San Martín de los Andes a las 12:45. Cubrimos la etapa hasta el lago Falkner- Villarino. Todo el camino es de asfalto, unos 36 kilómetros. La subida hasta el Chapelco, de aproximadamente 12 kilómetros, no tiene casi descanso. A la derecha se tiene el lago Lacar y a medida que se va ascendiendo se observa abajo la villa.

- Dina, ¿después de la curva viene una bajada?
- No Lidia, acá lo que sube, sube; y lo que baja, también sube...

Paramos a comer una fruta y tomar unos mates. Finalmente almorzamos una fabulosa ensalada de tomate y lechuga y fruta. Nos instalamos bajo un árbol y tuvimos la compañía de varias ovejas, hasta que el paso de los autos las ahuyentó. Estábamos en el cruce del camino que va a Quila-Quina.

Seguimos nuestro viaje pasando por el lago Machonico y finalmente llegamos al Falkner. Acampamos en un camping agreste al borde del lago Falkner, donde no cobran a los ciclistas. Además, esté bien organizado. La vista es hermosa. Hay buenos baños y proveeduría. No hay luz eléctrica ni ducha. ¡Pero con un termo de agua caliente que pedimos para el mate, nos dimos un baño, digno de Popea! Comimos unas salchichas con pan, caímos en las bolsas y dormimos muy bien.

Domingo 6 de enero de 2002

Subimos a las bicis a las 12:00. Recorrimos bosques con subidas duras, a 4 km por hora, y bajadas con un paisaje tan hermoso que despreciábamos la posibilidad de tomar velocidad, para admirarlos. Sol y tábanos. También pasamos el río Pichi Traful, con un pintoresco puente y aguas transparentes y con entradas de agua turquesa traídas por el Traful, que recuerdan el color de los glaciares.

Llegamos al camping del río Neuquenco, en el lago Correntoso, a las 19:00. Armamos la carpa, nos dimos un baño en el camping gratis, con ducha a dos pesos. Cenamos en el comedor del lugar, muy bien atendidas por Mariana. Y final de la jornada.

Lunes 7 de enero de 2002

A la mañana siguiente, desayunamos café con leche con tortas fritas hechas a la vista (y con foto). La leche, ordeñada allí mismo de las vaquitas que nos hicieron compañía desde que llegamos. Compramos para llevarnos pan y queso caseros, de los que dimos buena cuenta a orillas del lago Espejo.

Toda esta jornada fue muy dura, por las subidas y por el ripio de piedras grandes flojas y arenilla muy suelta. Aquí, mientras empujábamos nuestras bicicletas en una subida imposible, nos encontramos con cuatro chicos de Neuquén, que también empujaban sus bicis con dificultad. Pero en las charlas que siempre se inician entre "colegas", nos dijeron que ellos corrían carreras de mountain bike. ¿Mal de muchos consuelo de tontos? Esto nos alentó, ¡ellos tampoco podían trepar la subida en la bici!

Los últimos kilómetros, de los 18 totales de ripio, los hicimos bajo una leve llovizna, que no alcanzaba a aplacar los torbellinos de tierra que parecían lenguas de fuego. Las ráfagas de viento de distintas direcciones, a veces ayudaban en una subida, a veces nos frenaban en una bajada, siempre con una visión muy escasa por la tierra y arenilla que por momentos nos hacían desaparecer.

- Lidia, ¿qué es camino de faldeo?
- Subidas, Dina, ¡subidas!

Los 10 kilómetros de asfalto previos a la Villa La Angostura fueron bajo una lluvia tupida. Llegamos a la villa con las últimas fuerzas, empapadas y muertas de frío. En la Municipalidad nos informaron de una hostería y fuimos como pollitos mojados. Nos dijeron un precio superior al informado y como pollitos indefensos nos quedamos, porque no estaba como para seguir la búsqueda. Nos sentimos injuriadas en nuestros derechos, sensación que no cambiaría al día siguiente, cuando volvimos a insistir en la diferencia de precio, ahora no ya por la diferencia que era casi un 20%, sino por el tono y la falta de disposición en una actividad de servicio como la de ellos. La hostería es Las Piedritas. En Villa La Angostura. Atendida por sus dueños.

Martes 8 de enero de 2002

Pasamos por la bicicletería, un locutorio y el supermercado. Las zapatillas no habían terminado de secarse, hacía frío y no conseguíamos entrar en calor. Por eso, nos detuvimos a comer unas deliciosas pastas en un buen restaurante que nos recomendaron en el supermercado. Rico y barato. Tomamos la Ruta 231. El camino tiene más de 100 curvas y a la vuelta de cada una hay una "postal" diferente. Los últimos 40 kilómetros bordean el lago Nahuel Huapi, de una belleza que no admite palabras, sólo hay que verlo.

El día estaba semi nublado y el viento fresco. Eso nos ayudo a pedalear y lo pudimos cubrir en casi 8 horas, con paradas para tomar agua y comer frutas. Al no poner tanto esfuerzo, podíamos admirar los paisajes que se sucedían, cambiantes y como repintados por las sombras de las nubes.

Por el camino nos cruzamos con muchos ciclistas. Finalmente llegamos a la intersección con la Ruta 234 hacia Bariloche, en cuya primera localidad, Dina Huapi, nos habían dicho que había un camping. No era así, de modo que seguimos hacia Bariloche.

Pasamos el aeropuerto, la terminal, el centro cívico y, tomando avenida Bustillo a la altura del km 2,95, llegamos al camping Selva Negra. Socios del ACA tienen descuento. Nos encantó ya que el terreno es ondulado, con muchos árboles, algunos muy grandes, y muchas flores. Y nos quedamos cuatro días.

Las carpas quedan en parcelas aterrazadas, a las que las plantas dan privacidad. Hay mesas y bancos de troncos, baños muy limpios, un fogón en el que cada noche alguno de los "vecinos" prendía para hacer alguna hamburguesa o asadito y al que rodeábamos para charlar. Sus dueños y la gente que trabaja con ellos fueron todos muy amables y con sentido de atención al cliente. ¡Todo bien!

El día después

Miércoles 9 de enero. Estamos en una playita sobre el Lago Nahuel Huapi, al lado del Club Náutico y cerca del camping Selva Negra, donde nos alojamos. Estamos como lagartos disfrutando del sol tibio, con un cielo radiante y planeando recorridos dentro del área de Bariloche. Aquí nos quedamos cuatro días, coronando nuestro recorrido.

 

 

Nota:

e-mail: dina.vilches@iplanmail.com.ar




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