Expedición
al avión de los uruguayos
Guillermo
Tibaldi -
Experto Aventurarse
Desde
el momento de la fundación del Centro de Adiestramiento
en Supervivencia Deportiva (C.A.S.De.), había considerado
que llegar al lugar donde se encuentran los restos del
avión Farchild 227 de la Fuerza Aérea Uruguaya,
que se estrelló el 13 de octubre de 1972 en el
corazón de la Cordillera de los Andes, era arribar
a una "meca" para los que nos dedicamos como
hobby a estudiar, experimentar, practicar y descubrir
técnicas de supervivencia.
Ya
poseíamos un grupo medianamente experimentado y,
tal cual lo que hacemos con cualquier otro evento de los
que se organizan en la Institución, coloqué
el detalle de la propuesta en el pizarrón de la
sede. Allí se anotarían los que deseaban
ser parte del desafío. Inmediatamente me puse a
buscar bibliografía, antecedentes y, a través
de un radioaficionado, logré el e-mail del mismísimo
Fernando Parrado.
Siempre recuerdo: "Lo
del libro y la película Viven, es un picnic en
comparación a lo que nosotros vivimos", me
dijo.
Otro
contacto importante que comencé a buscar fue Gendarmería
Nacional. Ellos tal vez podrían orientarnos cómo
llegar y apoyarnos en el traslado del equipo pesado. Consolidado
el grupo, iniciamos el entrenamiento y ajustamos los objetivos.
Gendarmería, Deportes y Turismo de la Municipalidad
de Gral. Pueyrredón y algunas empresas comerciales
de Mar del Plata se identificaron con el homenaje propuesto.
No sin mucho esfuerzo, el 22 de enero de 1998, a primerísima
hora, estábamos listos a partir, con nuestras mochilas
repletas de material, alimentos e ilusiones.
Tras
un día de aclimatación en la localidad mendocina
de El Sosneado, fuimos trasladados por un Unimog de Gendarmería
Nacional hasta el Refugio Militar General Soler (2300
m), desde donde se inició la marcha a pie hacia
el lugar de la tragedia.
Luego
de dos días de marcha de once horas cada uno, con
cuatro vadeos de torrentosos ríos de montaña,
los 17 expedicionarios arribamos al lugar, a una altura
de 3700 metros. Muy
lejos de lo visto en la conocida película Viven,
es la cruz que allí se yergue: sólo un mojón
con una pequeña cruz metálica, donde apenas
se llega a leer ¡Más cerca, Oh Dios de
ti! El mundo a sus hermanos uruguayos.
Sugerencias
finales
Con
gran emoción efectuamos un minuto de silencio,
que se rompió con un aplauso para los que allí
lucharon por sus vidas, mientras tomaba verdadera dimensión
el sufrimiento de aquella personas que durante casi tres
meses y sin ninguna experiencia debieron soportar el rigor
del frío, los vientos, aludes, el hambre y la incertidumbre.
"Éramos chicos de bolsa de agua caliente y
leche en la cama" decían. Y en segundos pasaron
a ser los protagonistas de la experiencia de supervivencia
más impresionante
-por la duración y la cantidad de sobrevivientes-
de la historia de la humanidad.
Pudimos
verificar que la posición del accidente que Gendarmería
tenía registrada no era exactamente la correcta.
Gracias al GPS, logramos aportar nuestro granito de arena
en este aspecto. Entregando una carta topográfica
con todos los datos que pudimos corroborar en nuestra
derrota.
Dos
mulas nos transportaron el equipo pesado, algo de cemento,
antenas, equipo de comunicaciones, generador y la comida
para los casi cuatro días que se permaneceríamos
en el lugar. Ya con el campamento base armado, comenzamos
las actividades previstas de la construcción de
un monolito de 2,50 metros de altura y la instalación
de una estación de Radio HF, con la cual pudimos
confirmar más de 90 comunicados en bandas de radioaficionados
con cinco países desde tan significativo lugar.
La placa que se colocó
en el monolito en nombre de Mar del Plata y el C.A.S.De.
dice: "Que el importante esfuerzo que nos costo llegar
hasta aquí, sirva de sencillo homenaje a las 29
víctimas que perecieron en este lugar, a los 16
sobrevivientes y a toda la gente del mundo que vive día
a día su cordillera".
La
ladera por donde se deslizó el avión se
encontraba regada de chapas retorcidas, asientos, restos
de un ala, tuberías y hierros del motor. Debido
a que en los años anteriores habían sido
escasas las nevadas, sobre el Glaciar Las Lágrimas
podían verse restos del fuselaje, una rueda y numerosas
pertenencias del avión y sus tripulantes.
El regreso hasta el Refugio
General Soler también demandó dos días
y la expedición finalizó con chivitos al
asador como festejo por los objetivos del C.A.S.De. cumplidos
y el agradecimiento a la gente de Gendarmería.
Fue un merecido homenaje.
A treinta años de aquel 13 de octubre mi sentido
respeto a sus protagonistas.