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22 velas le dieron color al cielo de Claromecó
Walter Sábado - Experto Aventurarse

Ya desde el viernes 14 de junio fueron arribando pilotos de distintos lugares del país, lo que indicaba que iba a ser una buena jornada de encuentro para los amantes del viento en la Argentina, el KitePro Claromecó 2002. Si bien en esta época del año las condiciones no son las ideales, pues los vientos soplan del norte o noroeste, con leve intensidad, las ganas de juntarnos con amigos que comparten las mismas vivencias eran suficiente excusa.

El lugar: Claromecó, una playa situada a unos 500 kilómetros de las dos más grandes concentraciones de pilotos (Buenos Aires y Viedma), a 70 kilómetros de la ciudad de Tres Arroyos, lo que hacía pensar que la cantidad de concurrentes iba a ser muy buena. Las playas son óptimas por la dureza del piso, especialmente en marea baja, ya que en "alta" se reduce mucho la pista. De todas maneras, queda la opción de realizar trepadas sobre los médanos que realmente son algo así como una escalada para llegar a la cima. En esta época del año hay poca concurrencia de bañistas y pescadores, lo que permite circular con gran libertad, sin tener que andar esquivando gente como sucede en la época estival.

Los preparativos del sábado

Mañana del sábado. Rigurosos saludos y mateada de por medio, poniéndonos al tanto de las vivencias de cada uno, después de meses de contactarnos sólo vía Internet. Muy pronto las ganas de dirigirnos a la playa no se hicieron rogar, por lo que cargamos los chiches ¡y a jugar se ha dicho! El Buggy Team Patagonia, con su escandalosa camioneta ploteada, marcaba el centro de encuentro. En horas del mediodía hizo su aparición el Team Viento X Ciento y luego el grupo del Team La Pampa.

Llegamos a la playa y la tarea de armado no se hizo esperar. Rápidamente los buggies estaban listos para rodar. Había mucha expectativa, pero las condiciones eólicas no eran las mejores. El viento de tierra venía muy arrachado, tal cual lo esperado, lo que hacía que en determinadas zonas las velas cayeran como pajaritos.

Solo las C-QUAD y alguna que otra NASA lograban mantenerse en vuelo constante sin colapsarse, sobrepasando a los foils, aún manejados por los más avezados pilotos. Esto comprueba que en determinadas condiciones de viento no hay velas mejores o peores, sino las que se adaptan mejor a dicha situación.

De todas maneras, a medida que corrieron las horas, la marea llegó a su máxima bajante. Entonces tuvimos buena pista y el viento se tornó algo más estable.

Marcelo Rolón, el anfitrión del evento, no paraba de asombrarse por la convocatoria lograda. De más está decir, que la organización fue todo un lujo. El sábado a la noche nos esperó una recepción en el autocamping y es de destacar el servicio que nos brindaron: vinito de por medio y unas buenas pastas fueron el marco para charlar sobre las experiencias vividas durante el día.

Domingo, la esperada travesía

Domingo. Las expectativas de intentar la travesía hacia la playa de Orense se tornaban reales. Nos desplazamos unos kilómetros en vehículos, transportando los buggies para comenzar a circular en una zona libre de médanos altos que dificultarían la marcha, pues el viento seguía soplando de tierra, aunque con algo más de intensidad.

Comenzó el despliegue de velas y la mejoría en las condiciones de viento hizo que los foils (JoJo, Quadrifoi, Skytiger, Blade, etc.) aparecieran con casi predominio absoluto. Sólo tres C-Quad estuvieron en la largada.

Todo listo para la partida. ¡Arriba las velas! Y el espectáculo se tornó realidad. Veintidós velas que, por la diversidad de sus colores, marcas y tamaños, tornaban el cielo de Claromecó en un espectáculo nunca visto.

No sólo fue notable la cantidad de velas diferentes sino que el "parque buggytero" se caracterizó, salvo por la presencia de cinco "Buggy Patagonia", por la abundancia de los "buggy homemade"
(hecho en casa), cada uno con su toque personal, lo que habla a las claras del ingenio argentino para los trabajos manuales. Los conocidos e internacionales Libre, Peter Lynn y Flexifoil, no faltaron. El diseñador del Buggy Patagonia presentó la versión con amortiguador, que junto con el Peter Lynn Race, fueron las que más se adaptaron a la irregularidad del terreno en la zona de piedras.

El Team La Pampa asombró no sólo por la característica de sus buggies, sino por sus habilidades en el manejo. Ese equipo hasta el momento sólo se remitía a rodar en su reducida pista de La Pampa (lugar único y con gran cantidad de obstáculos a sortear). Allí, antes tanta inmensidad, sus rostros delataban la felicidad que estaban experimentando.

Daniel Moreno presentó en sociedad al Peter Lynn Race, acondicionado perfectamente para una travesía; es más, a juzgar por el portaequipaje adosado en la parte posterior del buggy, más que para una travesía, estaba listo para una mudanza.

La partida

A media mañana se dio la orden de partida, armándose un pelotón de punta con alguno de los pampeanos, Andrea y yo. La incidencia del viento "al largo" no podía ser mejor, con intensidades que alcanzaban rachas de algo más que 35 kilómetros por hora. Nuestras velas, JoJo RS con una superficie de 3.5 metros cuadrados eran la medida justa para el momento, sumado a las características del terreno en la mayoría del trayecto ("superduro", la camioneta de apoyo casi no marcaba el terreno), nos permitía alcanzar velocidades de 58 Km/h.

Otros lugares presentaban arenales blandos y zonas de rocas. Esto requería de mayor atención en el manejo de la vela. Sin embargo, no por ello dejaba de ser entretenido encontrar distintas alternativas de terreno para agudizar las habilidades de manejo.

La inmensidad de los médanos dio para intentar algunas trepadas, siendo favorecidos aquellos usuarios de líneas largas, que evitaban la turbulencia próxima a los médanos.

Luego de unos 15 kilómetros y viendo la distancia que nos separaba del resto del pelotón, decidimos hacer una parada para reagruparnos, situación que aprovechó una de las pilotos del team femenino, Laura Da Silva, para hacerse acreedora de la "poll position", Kevin el "Junior" ya conocido por su tesón, con su JoJo 1.5 logró completar el recorrido. Esto nos permite ejemplificar que este deporte, tan extremo como parece en determinadas situaciones, es perfectamente realizable por mujeres y también niños de apenas 10 años.

La llegada

Transitando unos 23 kilómetros llegamos a la playa de Orense, a unos 200 metros de la llegada parecía haber sido puesto a propósito un sistema de "bajada de bandera" que en realidad era una "bajada de vela", un tremendo médano impedía por completo el paso del viento por lo que las velas caían una tras otra como si fuera una trampa.

A caminar se ha dicho... la camioneta de apoyo gastronómico nos estaba esperando para recuperar las reservas perdidas, sándwichs y bebidas para todos más un breve descanso y a emprender "la vuelta".

La vuelta: decidimos volver hacia Claromecó, en lugar de hacer más kilómetros y tener que volver montados en las camionetas de apoyo. "Guso" Callegari con su C-Quad 3.2, picó en punta dejando muy bien representados a los amantes de las velas con estructura. Las condiciones de viento seguían siendo muy buenas, aunque había que pelear un poco con la ceñida situación que se tornó crítica en el roquerío de las restingas, momento en el que se empañó el encuentro que venía desarrollándose a la perfección.

El accidente

El viento, por momentos arrachado, de buena intensidad, superficie vélica sobrepasada para el momento, ángulo de ceñida importante, rocas de gran volumen a sotavento, fueron los factores para que uno de los pilotos, José Baldessari sufriera un accidente de consideración. Aprovecho este lamentable suceso para recordarles y recomendarles a todos los pilotos que los elementos de seguridad (casco-rodilleras-coderas-guantes) no son un mero adorno. Cada uno de ellos cumple una función y si quedan guardados en un bolso lo único que hacen es ocupar lugar.

Este lamentable suceso verifica que no es necesario desarrollar grandes velocidades para romperse algún hueso. En este caso, el piloto que es uno de los más experimentados en la Argentina, circulaba a paso de hombre. Una mala pasada, jugada por el viento, hizo que saliera catapultado del buggy para castigar el suelo con nuestro "paragolpes " (la cabeza).

El regreso

Ante esta situación decidimos suspender el regreso circulando con los buggies, para evitar que otros pilotos tuvieran las mismas complicaciones. Enseguida, cargamos los elementos en las camionetas de apoyo. Independientemente de este hecho, es de destacar que el encuentro fue realmente una fiesta para el ambiente buggytero.

La noche nos esperaba con un hermoso asado al asador y la tristeza que al día siguiente teníamos que emprender la vuelta a cada una de nuestras ciudades, ya pensando cuándo va a ser nuestro próximo encuentro. ¡Felicitaciones Marcelo y gracias a todos los que contribuyeron para lograr una gran fiesta!




Galería Fotográfica del KitePro Claromecó 2002

 

 

 



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