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Festival Internacional de Cometas Colombia 2002
Diana Ross - Aventurera

Fue organizado por la Asociación Ecológica de Cometeros del Volador "Yaripa", ONG con sede en Medellín, Colombia, y se incluyó, como todos los años, dentro del Festival de Verano de la ciudad de Bogotá. Este se realiza en el Parque Metropolitano Simón Bolívar, con más de 150 actividades en diez días. El Festival de Verano es organizado por la Alcaldía Mayor de Bogotá y el Instituto Distrital Recreación y Deporte. Los invitados internacionales al Festival de Cometas 2002 fueron:

Derek Kuhn (Inglaterra): Presidente Honorario del Club Midlands. Llevó barriletes grandes inflables, construidos por Martin Lester (La Mega Top Half) y un Parasled construido por Karl Longbottom.

Dan Eaton (Inglaterra): 22 años. Se desplaza sobre una patineta usando cometas de tracción gigantes ("kite land-boarding"), haciendo trucos, acrobacias y saltos.

Thijo Van Beek / Ada Schonhage (Holanda): constructores de cometas gigantes. Thijo construyó una réplica (3,60 metros de envergadura alar) del famoso Barón Rojo, avión de combate de la Primera Guerra Mundial.

Sylvie Perruche / Richard Poisson (Francia): Grupo Zoone. Llevaron barriletes gigantes diseñados por Ramlal Tien. Seres creados por Ramlal, "mitológicos" (pájaros, sentinels, Raymond y sus amigos, etc), que pueblan el mundo imaginario de Zoone.

Mathieu Mayet (Francia): 22 años, campeón francés en cometas acrobáticas durante los dos últimos años.

Diana Ross, representando a BaToCo (Argentina): Docente, residente de Bariloche. Los barriletes de BaToco que se remontaron en el festival fueron:

  • Arco de Eddys: trabajo grupal de BaToCo, consistente en unos 135 pequeños rombos unidos a una cuerda, que se remonta como una gran arcada.
  • Genki "Pájaro": 4 m de envergadura, construido por la firma Alto Vuelo.
  • Genki "Las Tres Gracias", por Guillermo Castarés.
  • Pilot: construido por Pablo Machiavello, fue remontado con colas de los colores de Argentina y Colombia.
  • Delta "Pájaro": por Claris Skoczdopole.
  • Low-Edo y adornos de línea "pillow-tail", por Gustavo Sonzogni.
  • Media-bomba media-estrella (forma típica Argentina, pero hecha en materiales modernos: tela sintética y varillas de carbono).
  • "Gardel", por Roberto Casanello.

A continuación, parte del relato de Diana describiendo el Festival y la estadía en Colombia, que fue enviado al foro de Batoco:

¡Todos al Parque Bolívar!

... Nos alojamos en el Residencias Tequendama. Este tiene 30 pisos, está ubicado en pleno centro comercial y político de la ciudad, y es donde se alojaron también muchos funcionarios políticos e invitados del exterior, con motivo de la asunción del Presidente Uribe el día 7. Por lo tanto, hubo muchísima vigilancia tanto adentro como afuera. Confieso que me sentí inquieta, pero Jairo me explicó que dadas las circunstancias, se trataba del hotel más seguro para un grupo de extranjeros.

El día 7 el plan era llegar temprano al Parque Simón Bolívar, a fin de organizarnos para el evento que comenzaría a las 12:30 hs. Pero tuvimos que esperar alrededor de tres horas, hasta que el bus que nos transportaría logró pasar los controles y llegó hasta el hotel, seguramente gracias a las llamadas insistentes por celular que hicieron Jairo e Inés durante todo ese tiempo. Sin dudas, una situación muy estresante para ellos.

Durante el recorrido a través de calles céntricas prácticamente desiertas, nos preguntamos -no sin humor- si habría siquiera un reducido público en el parque o deberíamos hacer el festival entre nosotros. Al llegar comprobamos que había ya una multitud y, en la plaza de eventos, un recital de Los Armónicos, una conocida orquesta venezolana. Creo que eran las 11:30 hs. El festival de barriletes debía comenzar dentro de una hora. Llegaron otros cometeros locales, entre ellos los miembros del Club Kogui. Nos presentamos, pero lamentablemente no hubo casi tiempo para charlar. Luego, nuestro grupo almorzó y ya eran como las 12:10 hs. cuando trasladamos los barriletes y todo el equipo a una carpa armada atrás del escenario.

Según el diario El Tiempo, unos veinte mil espectadores ocuparon las gradas de la Plaza de Eventos. El show fue musicalizado y el presentador creaba una atmósfera cordial y divertida, invitando a la gente a soplar para ayudar a los cometeros a elevar sus cometas cuando el viento fallaba.

En todas mis entradas recibí la valiosísima y generosa ayuda de los amigos del Club Kogui y de Adictos al Viento, quienes se hicieron cargo de remontar los barriletes junto a mí en las tres entradas que tuve que hacer e incluso ayudaron a armar los barriletes cuando parecía que el tiempo no alcanzaba, especialmente al principio.

En una pasada inicial, como presentación remontamos el Gardel de Roberto. Aunque el viento giró durante el primer intento de remonte, luego cobró altura… para mí, ¡un gran alivio!

La segunda entrada fue a los pocos minutos, nuevamente a las corridas. Entré con el Pilot de Pablo, con colas de los colores de Argentina y Colombia, preparadas por Gustavo. El viento era irregular, pero logramos subirlo. Atrás se había hecho cargo del Arco de Eddys quien había ayudado a Lalo y Pepe el año pasado. Por suerte no se cayó, aunque los remolinos y cambios en el viento lo afectaban al principio. Atrás venía el Genki de Alto Vuelo, en manos de Wilson, asistente de Yaripa. Música de… ¡Soda Stereo! Quise colocar los adornos “pillow tail” (de Gustavo) en el Pilot, que ahora tiraba mucho y era sostenido con gran seguridad por un amigo colombiano (lamento no recordar todos los nombres en este momento), pero se empezó a caer… el tiempo de nuestra presentación se había terminado y le tocaba el turno al Barón Rojo de los holandeses.

No pude ver las presentaciones durante los siguientes treinta minutos, pues estaba armando -febrilmente- barriletes en la zona de la carpa, colocándolos luego, como los demás participantes, en el suelo frente al escenario.

Les paso a contar algunos momentos del festival, durante cuyo desarrollo alternaban las presentaciones de los invitados extranjeros con las de los participantes locales, casi sin interrupciones y ante un público muy alentador.

Derek tuvo un pequeño accidente al principio. Al sacar fotos de Dan sobre su kite land-board, este lo rozó, causándole una leve herida en la boca. Hubo bastante revuelo. No quiso que le pusieran puntos, sólo hielo, y más tarde, voló los barriletes inflables de Martin Lester, piernas y torso, que me pareció causaron gran impacto en el público.

El público aclamó también la coreografía de Mathieu - música de Carmina Burana - y le cantaron el feliz cumpleaños, pues era justo ese día. Maravillosos los barriletes diseñados por Ramlal Tien, de Zoone. Les recomiendo una visita a la página para conocerlos. Un grupo colombiano había preparado un tren de cinco coddys. Al elevarlo se rompieron las cuerdas y salieron volando en todas las direcciones, lo cual debe haber sido muy decepcionante para ellos, pero lo tomaron con excelente humor.

Comenzaron a sobrevolar el festival, estruendosos aviones Mirage. Pregunté qué estaba pasando y me enteré de los atentados en el centro de la ciudad. El público se quedó, pero el festival terminó una hora antes, a eso de las 17, con la exhortación del presentador, de que todos regresaran a sus casas.

En mi tercera entrada, ya hacia el final, logramos remontar algunas cosas con mayor éxito que otras. Pienso que lo que quedó más llamativo fue el Genki Las Tres Gracias, que una vez estabilizado, soportó en la cuerda cinco colas pillow tail, que no habíamos podido colocar en la primera entrada. También volaron bien el Low-Edo de Gustavo, y el Delta de Claris.

Al concluir el show, Inés nos invitó a hacer una ronda en el centro de la plaza, un tren, saludos (fue emotivo) y ya había que guardar muy rápido y regresar al hotel. Con gran pena realmente, porque no pude charlar mucho con las personas que se habían acercado a ayudar y con quienes hubiera sido muy grato compartir un tiempo más largo.

Como telón de fondo en la distancia, durante toda la tarde estuvieron flotando las pequeñas cometas hexagonales, decenas de ellas, que la gente de Bogotá remonta durante todo el mes de agosto, como es tradición. Al día siguiente, había que partir para Medellín.

La fiesta sigue en Medellín

El vuelo Bogotá - Medellín dura media hora, que transcurre con impresionante vista. El aeropuerto en Río Negro está a unos 40 minutos de Medellín (capital del departamento de Antioquia). Se llega a la ciudad por un camino muy sinuoso a través de cerros cubiertos de vegetación. Medellín está en un valle a 1600 metros de altura, tiene 2 millones de habitantes, las casas, que son en su mayoría de ladrillo a la vista, trepan por las laderas, estando los sectores más pobres a mayor altura. En plena ciudad hay dos colinas: Cerro El Volador y Cerro Nutibara, que han sido protegidos de la urbanización. En Nutibara está Pueblito Paisa, sitio histórico, con placita e iglesia, donde se fundó la ciudad.

Tuvimos tres salidas a remontar. El día sábado por la mañana, nos llevaron a Pueblito Paisa, donde volamos nuestros barriletes en compañía de muchos chicos de escuelas, que habían hecho pequeños sleds de plástico para el festival, convocados por Yaripa. También estuvo la televisión y salió un artículo en el diario local. Estaba difícil el viento y había torres y cables rodeando el lugar, así que nos manejamos con mucho cuidado, para evitar dejar más adornos en esas estructuras.

A la tarde, el Festival seguía en Cerro El Volador, ya con mucho más público y barrileteros locales. En el Volador hay un caminito que recorre su cima, con pendiente de ambos lados. Sobre éste nos ubicamos. El viento estaba mucho más fuerte y había que moverse con cuidado debido a la cantidad de gente y lo irregular del terreno. Lo pasamos muy bien, bajo un sol hirviente. Por mi parte, me encargué de remontar, antes que nada, el Gardel de Roberto, cumpliendo con su deseo de que Gardel volara en Medellín. Mientras armaba barriletes firmaba autógrafos para unos cuantos niños boy-scouts, ¡experiencia novedosa para mi! A Thijo le faltó espacio para subir el Barón Rojo (no se podía correr), pero pudo hacer una demostración, los franceses volaron sentinels y un pájaro, Derek los barriletes inflables. Los que no podían hacer mucho en esas condiciones eran Dan y Mathieu. Hermosos los barriletes locales, y entre ellos, un enorme Parafoil, un octágono de 2 metros y un gato negro, muy grande, hecho por Fernando, inspirado me parece, en el gato que llevó Pepe el año pasado.

El sábado a la tarde fuimos a una manga, un amplio descampado en la base de los cerros que rodean el pueblo de Bello, al norte de la ciudad. Este fue el sitio ideal para remontar y donde los barrileteros se congregan regularmente. Están preocupados porque la edificación avanza: supermercados "Éxito" les ha quitado un gran espacio. Fue una tarde muy grata, con amplio tiempo para compartir, charlar con todos los que se acercaban y volar nuestros barriletes ya sin apuro de ningún tipo. Estaba José, experto en miniaturas, Carlos, que remontó una llamativa serpiente tailandesa, y muchos otros. La multitud de pequeños hexágonos siempre presentes, como en Bogotá. Estrené mi Genki y me di por satisfecha. Charlé con chicos del lugar, también, fascinados con el tema de la nieve, sobre cómo es volar en avión, e incluso uno de ellos preguntando “sí el sol en la Argentina es el mismo que en Colombia…” Uno de ellos pertenecía a una familia "desplazada"; es decir, la guerrilla (¿o los paramilitares?) quemó su casa y tuvieron que mudarse a este lugar más seguro.

Tuvimos la suerte de estar en Medellín para la bellísima Feria de la Flores, su festival más importante. También Yaripa celebró sus doce años en la terraza de su sede, con una fiesta con unos cuarenta invitados y show de baile: dos parejas bailaron tango y salsa. Menú: bandeja paisa, riquísima, y bebida típica: aguardiente o ron.

Y fueron muchas las charlas sobre la honda preocupación de vivir en un país donde no se puede viajar de tal ciudad a otra, por estar las carreteras tomadas según el área, por la guerrilla y los paramilitares. La esperanza de cambio parece estar puesta en el nuevo presidente, nativo de Antioquia. Es realmente una situación compleja. Fue impresionante ver las multitudes en la calle durante las fiestas de la ciudad. Aunque está amenazada, la gente se niega a quedarse en sus casas y gana la calle con su calidez, su música y sus tradiciones.

Y para finalizar, un resumen del trabajo de los Cometeros del Volador, Yaripa, representado por Inés Elvira Uribe. Se encuentran involucrados en varios proyectos, siendo los principales: devolución de especies autóctonas silvestres en cautiverio a la selva, generación de empleos a través de la construcción de veredas en los barrios y la protección y reforestación de los espacios verdes. Para la temporada de barriletes (agosto) toman gente para hacer miles de barriletes sencillos en el taller de su sede.

 

Galería Fotográfica del Festival 2002

 

Nota:

e-mail: rossdc@ciudad.com.ar



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