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La Patagonia en bici, entre Argentina y Chile, parte I
Christian Riffo y Marco Müller - Aventureros

Partimos de Buenos Aires, Argentina, el 19 de enero de 2002, desde la Estación Terminal de Retiro, en una de las unidades de la empresa El Pingüino. Luego de largas horas de viaje llegamos a Comodoro Rivadavia. Eran las 20:30 del día 20. Bajamos del micro lo más rápido posible, para comprar los boletos para la segunda etapa de este viaje, que nos haría llegar a la localidad de Perito Moreno, Santa Cruz. Viajaríamos a través de la empresa La Unión. Afortunadamente, nos permitieron las bicicletas en la boletería, para no estar paseando por la ciudad con ellas.

Habíamos decidido ir a un hotel para descansar unas horas, hasta el día siguiente. Caminamos por la Terminal para llegar a la Oficina de Turismo y solicitar información de algún hospedaje barato y cercano. Entonces apareció una chica en bici. En el primer instante pensamos que sería turista extranjera, pero al ver la marca de las alforjas dijimos: "No, es argentina". Nos acercamos para preguntar de dónde venía y adónde iba. Ella respondió que estaba volviendo a Buenos Aires y que recorría con unas amigas la Argentina desde La Quiaca a Ushuaia. ¿Tendría que ver con las tres chicas de San Isidro que estaban realizando esa hazaña? "Sí, soy Cristina Edbrooke", nos respondió. Por motivos de fuerza mayor, debía regresar a Buenos Aires.

Ya que estábamos allí y sin hacer nada, le preguntamos qué información necesitaba y nos respondió que buscaba el transporte que la llevaría a Buenos Aires. Consultamos con varios y finalmente, luego que optara por uno, la ayudamos a desarmar la bicicleta y envolverla con los cartones que traía en su bicicleta. Compramos una cinta para embalar y un poco de hilo para que no se soltara el cartón. Luego dejó sus pertenencias en la boletería de dicho transporte.

Nos fuimos juntos a una pizzería, charlamos sobre nuestros viajes y proyectos a futuro. Luego de pasear un rato por la ciudad y siendo ya tarde para ir a un hotel a descansar unas horas, decidimos dormir en los bancos de la Terminal. Marco escribía y de pronto el vigilante de la Terminal nos pidió el documento. Cristina dormía en un banco detrás del nuestro. No podíamos pegar un ojo y decidimos ir a tomar algo a un bar que estaba justamente arriba de los bancos. Dejamos a Cristina allí, vigilando que nadie se acercara a sustraerle sus pertenencias. Luego se despertó y la invitamos a tomar algo, pero no aceptó la invitación. Ya había llegado la hora de despedirnos. Nos deseamos mucha suerte mutuamente. La invitamos a ella y a sus amigas, algún día, a ver nuestra filmación y fotos e intercambiar experiencias vividas.

Finalmente, emprendimos el viaje con La Unión hacia la localidad de Perito Moreno. El paisaje cambió de la playa a la planicie y lentamente aparecieron las primeras montañas. Al llegar a Perito Moreno realizamos algunos llamados para informar que nos encontrábamos bien, armamos las bicicletas y nos dirigimos al camping que nos había recomendado Cristina:

Mini Camping Raúl
O´Higgins 976
Entre Av. San Martín y 25 de Mayo, Perito Moreno.
Provincia de Santa Cruz, Argentina
minicamp@flashmail.com

Martes 22/01

A las 7:10 partimos, con una temperatura de 8ºC, después de desayunar pan y mate. La primera parte del viaje, hasta Los Antiguos, a 60 kilómetros, es en un camino de subidas y pequeñas bajadas y con una carpeta asfáltica en buenas condiciones. Después de los primeros diecisiete kilómetros se puede comenzar a apreciar el Lago Buenos Aires. Llegamos a su costa para disfrutar su magnitud. Sus aguas no parecían muy frías, ya que el día era soleado. Sacamos algunas fotos, comimos un pedazo de pan y emprendimos el viaje nuevamente, para así no enfriarnos mucho. Total, lo tendríamos como compañía seguramente por varios días más.

Paramos en muchos lugares para sacar fotos, ya que era todo nuevo para nosotros. La marcha fue en promedio de 20 a 30 Km/h, hasta Los Antiguos. Llegamos a esa localidad tras dos horas y cuarenta minutos de pedaleo. Allí descansamos un rato para tomar un refresco con algún sándwich y seguir viaje.

A las 11:40 partimos con rumbo a Chile Chico. Pasamos por la Aduana argentina. Comenzaba allí el ripio. Realizamos los tramites habituales de declarar los aparatos: celular, GPS, cámara de fotos, filmadora, bicicletas (marca y modelo). Sólo algunos kilómetros nos separaban de la Aduana chilena, donde presentaríamos también los documentos y completaríamos otro formulario en el que afirmábamos que no ingresamos con fruta ni nada que provenga del reino animal. Además, allí nos harían pasar las bicicletas por un liquido, seguramente, para descontaminarlas.

Allí nos encontramos con Federico y Kimberly, dos estudiantes de San Carlos de Bariloche que también andaban por la zona, no tan cargados como nosotros. Tampoco realizaron todo el tramo en bici, sino que utilizaron el colectivo para hacer gran parte del trayecto. Ellos nos indicaron que faltaban entre 3 y 5 kilómetros para llegar a Chile Chico.

A llegar, tras 75 kilómetros recorridos en la fecha, lo primero fue buscar un lugar para comer. En el lugar nos indicaron un camping que abrió sus puertas días atrás y que no estaba muy distante de allí, cerca del lago. Tras un abundante plato de comida y una cerveza, fuimos al camping, armamos la carpa, descansamos un rato y, un rato más tarde, decidimos salir a recorrer la ciudad, de un rincón a otro. Fuimos al mirador, lugar con una espléndida vista de la ciudad, de su lago y alrededores. Sacamos algunas fotos, fuimos a una capilla de una virgen del lugar, decidimos comprar un poco de fiambre, un jugo y alguna provisión que nos haría falta. En el camino íbamos pensando en una cena de lujo.

Ya de nuevo en el camping, unos mates y a ordenar cosas en la alforja, preparando todo para el día siguiente. Después, tomamos el pan, el fiambre y las bebidas (importadas de Argentina), que enfriamos en el lago bajo alguna roca. Fue una velada especial junto al lago y disfrutando esa cerveza Quilmes bien fría. Estuvimos allí hasta la puesta del sol, a cincuenta metros del camping. Nos fuimos bastante temprano a dormir, ya que queríamos despertarnos temprano al día siguiente.

Miércoles 23

Arrancamos el viaje a las 7:00 de la mañana. Se haría costumbre más tarde, que al iniciar un nuevo día de travesía tuviéramos que realizar una subida impresionante. Esta vez, un camino espectacular nos llevó a bordear el lago, para nosotros, hasta el momento, uno de los más bellos. El camino en oportunidades circulaba por grandes planicies y bosques, aunque comenzó en el sector de los acantilados. Las subidas eran empinadas al igual que las bajadas, lo que obligó a acentuar mucho el manejo de las velocidades.

En la subida empinada, con cambios 1 y 1 y la totalidad de la carga en el portaequipaje trasero, la bicicleta tendía a pararse en una rueda. La inclinación era tal que resultaba imposible mantenerla firme. En un momento, una piedra que sobresalía del piso a más de 10 centímetros hizo que mi rueda delantera dé un salto; la bici se paró en una rueda y me tiró hacia el costado. Afortunadamente, venía por el medio del camino. De no ser así, hubiera caído por el barranco hasta el lago. En reiteradas ocasiones teníamos que empujar la bicicleta, porque era imposible subir. Al descansar debíamos poner el freno trasero, ya que con el delantero solo comenzaba a patinar hacia atrás.

Llegamos luego a un valle bastante extenso. Llevábamos realizados unos 30 kilómetros. Nos sentamos un rato a descansar. Entonces paró una camioneta importada con turistas procedentes de Alemania. Les preguntamos si pasaron por Puerto Fachinal. Nos respondieron que hasta el próximo pueblo "hay entre 30 a 40 kilómetros". Nuestro mapa no decía lo mismo.

Reanudamos la marcha. Algunas subidas más y también algunas bajadas que debíamos tomar con precaución, ya que una maquina arreglaba el camino y había mucha arena y piedras sueltas. Llegamos por fin a la bifurcación, desde donde se entra al pueblo (Fachinal). Al principio discutimos, pues podía ser un pueblo fantasma, donde no viviera nadie. La desesperación por comprar algo para comer pudo más y nos mandamos hacia allí. El camino era bastante largo y muy mal conservado. Entonces nos topamos con una bajada pronunciada de arena y piedras. Dije que si esta era la única salida, estaríamos un día entero para subir. Aparecieron entonces algunas casas dispersas. Escogimos la más cercana, para preguntar por una despensa. La señora dijo, lamentablemente, que ya no había almacén en el pueblo. Afortunadamente, nos vendió algo de pan como para sobrevivir.

La siguiente pregunta fue si ese era el único camino para salir del pueblo. No era el único. Tomando una calle que nos indicó la mujer, saldríamos directamente a la ruta y más adelante nos encontraríamos con un puente, donde podríamos hacer camping. Nos pusimos en marcha. Unos cinco kilómetros nos separaban de la ruta.

Tranquilos realizamos ese tramo, ya que estábamos decididos a acampar allí. Estábamos hambrientos y cansados, ya que no habíamos almorzado. El cielo parecía presagiar una lluvia nocturna. Armamos la carpa debajo del puente. Había viento, pero estábamos protegidos. Comimos arroz con atún, calentamos un poco más de agua para el mate y descansamos allí hasta el día siguiente. Habíamos pedaleado cinco horas y media, antes de llegar allí, al Puente Río Avilés.

Jueves 24

El día amaneció bastante nublado. Rezamos porque no llueva, mientras sacamos algunas fotos del lugar, ya que el día anterior estábamos muy cansados para hacerlo. Finalmente emprendimos la marcha. Nuevamente, unos pocos kilómetros hasta la próxima subida. Decidí filmarlo a Christian en esta oportunidad. Antes de llegar a la parte más alta paré y nos sacamos algo de ropa, a pesar de lo nublado del día. Seguimos el último tramo caminando, para tomar nuevo aliento. Entonces, un nuevo valle se abrió ante nosotros. Fueron sólo unos pocos kilómetros hasta la siguiente subida, la que sería, además, de varios kilómetros.

Realizamos muchas más paradas en el trayecto, ya que el paisaje cambiaba completamente a cada momento. Superamos los lugares más altos y a lo lejos se veía el camino que bajaba. Pero todo lo que baja sube en algún momento. En una de las bajadas nos encontramos con Tom, de Dortmund, Alemania, que venía en sentido contrario. Charlamos un rato y nos dijo que el 1 de marzo estaría en Buenos Aires, para volver a su país un día después.

Continuamos, para variar, por algunas subidas y bajadas. En cada curva el camino iba subiendo los acantilados, cada vez más peligrosos y con carteles de peligro por derrumbes. Por momentos debíamos bajar de la bicicleta, ya que los músculos ya no nos daban más para subir. Avanzamos lentamente, entre 4 y 5 kilómetros por hora. Contando los kilómetros que figuran en el mapa y los de las ciclo computadoras, deberíamos estar ya en Mallín Grande. Paramos a una camioneta de turistas que no sabían ni siquiera dónde estaban parados; nos dijeron que quizás esté más adelante. Después de unos kilómetros más, apareció por fin el cartel. Marco iba adelante y continuó unos metros más para ver si la despensa estaba sobre el camino o debíamos entrar al pueblo. Fue una parada obligada. Nos deleitamos entonces con unos sándwiches, gaseosa y melón rocio de miel de postre. Hasta allí, habíamos pedaleado 32,74 kilómetros en tres horas y 10 minutos.

Al continuar, el camino subía por un tramo, luego se normalizó para bajar lentamente hasta convertirse en una pequeña planicie a la altura del lago. Otra subida nos tocó, la que realizamos un poco en bici y otro poco caminando. El camino, lentamente, iba tomando altura. A veces bajaba hasta algún puente, ya que fluyen mucho ríos en el lugar.

Un rato después, ya casi todo era a una altura considerable, pero el camino se puso peor, con serruchos que nos impedían tomar velocidad. Se podía apreciar el lago en toda su magnitud. El camino, lentamente, entre curvas y bosques, iba bajando nuevamente hasta llegar al lago. Christian paró a una camioneta para preguntar "¿cuanto falta hasta Puerto Guadal?". El hombre le dijo que lo que venía era todo en bajada, lo que nos esperanzó y nos dio nuevas fuerzas. Continuamos. Una curva, detrás un bosque y una bajada; otra curva y una subida, en parte en bici y en parte a pie; del otro lado, el lago y por fin la ciudad.

Al llegar, un cartel anunciaba un camping. Salimos de la ruta para ir al lugar. Al llegar, un cartel indicaba "Camping Municipal". No había nadie en el lugar. Como siempre hemos tenido problemas en ellos, decidimos entrar al pueblo. En un mini mercado nos tomamos un jugo, consultamos algún hospedaje y nos enviaron a lo de Maria Elsa Parada Bustos:

Restaurante La Lomita
Camino del Muelle s/n
Puerto Guadal


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