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Ascenso al Glaciar Sur de Los Gemelos, "Glaciar del Vasco"
Glauco Muratti
- Aventurero


En la provincia de Mendoza, al sur de Puente del Inca, entre el macizo de los Gemelos y el Nevado Polleras, Argentina esta separada de Chile por un muro montañoso infranqueable. En ese recóndito sector, sobre las nacientes del valle del Río Blanco, desciende desde los Gemelos un hermoso glaciar que forma una gigantesca cascada de seracs. La ruta se desarrollaba entre los 3750 y los 5180 metros y registraba dos intentos anteriores. Terreno poco conocido y aislado, dificultad mediana, algunos riesgos objetivos (cornisas y seracs), 1400 metros de desnivel y mucho hielo.

Esta joya de la alta montaña mendocina era muy paciente, había esperado nuestra llegada por miles de milenios...

En octubre de 2002 cruzamos el rio Cuevas 4 kilómetros al oeste de Penitentes. Apenas superado el talud granítico de ingreso a la quebrada de Vargas vivaqueamos detrás de una piedra. Zarandeados por el viento devoramos uno de nuestros tradicionales guisos, regado con vino tinto.

Integramos la partida: Gabriel Piotto, unico veterano de un intento anterior, que aprovechaba parte del trayecto para conducir un grupo al Cerro Penitentes; Florian Kvarta, Adrian Petrocelli, Juan P. Gustafsson y quien escribe.

Al día siguiente caminamos hasta los 3200 metros. El terreno está muy nevado y hace demasiado calor (dos días después una avalancha de fusión tapó nuestras huellas). Cuando la nieve acartonada cede nos enterramos hasta la ingle.

Instalados en el pequeño refugio almorzamos fideos al pesto. Por la tarde ascendemos hasta una gran cueva en los paredones del cerro Penitentes. Nuestro futuro proyecto de escalarlos se esfuma al observar de cerca la roca: compuesta de materiales de "segunda mano", es de calidad mediocre o mala (los estratos inferiores apenas estan cementados), la pendiente vertical o extraplomada, sin fisuras para asegurar.

Ascenso al Cerro Penitentes

El domingo ascendemos el Cerro Penitentes. Temprano Piotto comienza a dar ordenes a sus guiados. Nosotros desayunamos tranquilamente mientras pasan dos muchachos. Uno toquetea compulsivamente un "GPS". Me pregunta "¿por dónde se sube?", pero se pierde la explicación porque toda su atención esta en el artefacto. La culpa es mía. ¿Para qué le muestro la sencillez del paisaje, los collados y los riscos si solo entiende de "way points"? Alcanzamos al grupo de Piotto a los 3700 metros, justo cuando los del GPS deciden regresar: Aparentemente el artefacto se había quedado sin pilas y no saben que hacer...

¡Qué paradoja! El hombre peregrina hacia las montañas para alejarse de una vida saturada de tecnología, pero se rodea de todos estos objetos extraños perdiendo la oportunidad de encontrar lo que realmente estaba buscando.

Lentamente ascendemos hacia la cumbre. Estamos sobre uno de los límites geológicos fundamentales de la Tierra. Desde hace millones de años este lugar es escenario de un extraño combate de elementos inertes. Aquí, bajo nuestros pies, dos inmensas porciones de la corteza terreste, las placas sudamericana y pacífica luchan por espacio: las grandes presiones han deslizado rocas antiguas sobre otras más nuevas en una proporción colosal.

Luego de algunas observaciones arqueológicas arribamos a la cumbre. El Penitentes tiene apenas 4356 metros pero es un observatorio natural de primer orden, el punto más alto de una anómala depresión enclavada en las entrañas de la más alta cordillera.

Comienza la expedición

El lunes Piotto debe acompañar a su grupo hasta la ruta y regresar al refugio. La gente se retira y los pájaros llegan: chingolos, unas palomitas que emiten un ladrido repetido, dormilonas cenicientas y gauchitos. El clima empeora: nieva de a ratos, pero no hace frío. Adrián talla en madera, Florian y Juan Pablo construyen un desproporcionado trineo mientras yo pretendo encontrar oro... Con la cena tomamos un vino Rutini. Convidamos a la Pachamama, que queda muy complacida... Esperamos el nuevo día con ansiedad y alegría. Mañana pasaremos el Portezuelo Serrata y se acabarán las certezas, deberemos resolver sobre la marcha, en "desventaja". Justamente lo que hemos venido a buscar. Solo aprendemos en la carencia y cada salida es una nueva etapa de esa búsqueda, llevar menos, entender más...

Nos despertamos temprano. Gabriel ha tosido feo toda la noche y luego de pensarlo decide no continuar. Era el ideólogo de este ascenso, así que todo es una lástima. Nos despedimos y rápidamente dejamos atrás el refugio.

El grupo comienza a mostrar lo que no se advierte en su ropa o en su equipo. En estos paisajes desolados los emblemas de la civilizacion pierden todo sentido, vamos despertando del sueño gris de las ciudades

A pesar del viento y la nevada avanzamos rápido. Respetamos "la hora"; no nos detenemos por ninguna razón, quien se retrase debe alcanzar a los otros. Como yo, un pequeño insecto se mueve a duras penas sobre la nieve. ¡Pobre bicho! Es un poiquilotermo, como no regula su temperatura corporal debe estar medio duro, pero solo por eso sobrevive.

Cargamos agua (la última "natural" que veremos) observando las tortuosas formas del yeso fracturado por una enorme falla geológica.

Todo aquí es inmensamente antiguo, estamos sumergidos en un océano de tiempo. Frecuentemente encontramos amonites y trigonias, restos marinos fósiles de especies extinguidas. El pasado nos revela el futuro. La segunda ley de termodinámica no entiende de imperios ni poderes. Sus sentencias son inexorables.

El portezuelo

El paso por el Portezuelo Serrata es rápido: Sin comentarios nos sumergimos en un mundo blanco. Cada vez nieva más, nos guiamos intuitivamente porque apenas se ve. A medida que bajamos hacia el valle del Río Blanco volvemos a tener esa familiar sensación de aislación absoluta. La nieve vuelve a acartonarse y nos hundimos.

"Almorzamos" colocando las mochilas como escudo contra las ráfagas, pero tenemos frío. El aspecto del tiempo deja de gustarnos - promete una flor de nevada - así que decidimos acampar: más adelante las márgenes del arroyo Los Gemelos se cierran y no queremos exponernos a una avalancha. Además, si quedamos bloqueados... que no sea tan lejos.

El "caliche", esa bebida montañera que alguna vez robamos al callejon de Huaylas, acompaña esta noche de nevada. A pesar de estar apretados, al momento de dormir, logramos tendernos.

El miércoles empieza mal: niebla, nieve, calor, viento. Cada vez que salimos nos azota un pequeño granizo. Mientras nos preparamos - nadie sabe si para seguir o volver - hacemos agua, que de un modo u otro va a ser necesaria.

Ascendiendo

Al final arrancamos hacia arriba, traveseando dificultosamente, casi olvidados del esquivo glaciar de los Gemelos. La nieve esta terrible, apenas puedo salir de algunas enterradas y las rodillas me duelen, pero cada uno tiene lo suyo... Estamos alerta: los neves estan agrietados y tienen unas ominosas terracitas horizontales, como senderos de animales. Demasiado calor. Seguramente las pendientes nevadas han venido cediendo y van a desplomarse pronto. Además se ha agregado la nieve fresca y con tanto viento hay que tener cuidado con las "placas". El clima tiende a estabilizarse en un nublado normal. Hasta ahora apenas hemos visto el glaciar pero la tarde se despeja y ¡todo es una belleza! El clima nos ha puesto a prueba, y ahora nos premia.

Nuestro paso queda atrapado para siempre en el paisaje salvaje. Apareceremos detrás de una morena, en un sendero espinoso o descansando de espaldas a una roca. No hay tiempo para nosotros, solamente lugares solitarios.

Armamos el campamento a 3750 metros, a prudente distancia de las caídas de seracs. Los focos más activos parecen ser uno bajo al sur, uno alto al norte, y otro - que tiene nuestro nombre - alto y ¡en el medio de la ruta! Aunque pensábamos evitarlos lateralmente decidimos subir por ahí mismo enfrentando este pequeño dilema: grietas en pendiente. No queremos encordarnos ni asegurar: la seguridad pasa por la rapidez y la soga multiplicará los riesgos.

En este sitio remoto nos sentimos muy tranquilos. Siempre hay una buena razón para postergar un ascenso: una interminable fila de problemas familiares, laborales, económicos, acecha al montañista ... A cada uno le ha costado tanto hacerse estos días para venir a escalar, que ahora disfrutamos sin remordimientos.

Campamento y grietas

Ordenamos el equipo: apenas una vieja soga, algunos mosquetones y tornillos, mientras el clima nos regala una tarde muy fría pero bellísima. Por la noche recorremos el dial en busca de noticias climáticas: al oeste todo va bien, pero al este... ¡media Argentina esta evacuada! El jueves nos despertamos temprano y cuando hacemos agua, descubrimos que estamos cortos de bencina. Empezamos a escalar con el primer sol encarando la pendiente con un bastón (para tantear las grietas) y una piqueta, arnés y casco. Apenas ingresamos al glaciar, entramos a un mundo de hielos azules, pendiente media y algún grado de riesgo objetivo. Probablemente en verano esta ruta sea completamente impracticable.

En terreno desconocido y tan lejos de todo, cada tramo es un interrogante, los sentidos se afilan, el corazón se acelera, la vista clavada en las profunidades de una grieta, dos pasos muy livianos... y seguimos...

Arriba hay una barranca de seracs que nos preocupa (anoche escuchamos un desprendimiento fuerte). Sin detenernos ni encordarnos superamos la zona más expuesta y después de 2 horas y media podemos descansar en un sitio donde solo caen algunas piedras.

Más arriba la pendiente se empina de nuevo. Este tipo de escalada se parece a trabajar con la electricidad conectada, muy fácil, pero no puede haber errores. No me siento cómodo, tengo ganas de pelear con alguien, pero no hay con quien: mis compañeros luchan más adelante con sus propios fantasmas...

A las 10:00 hs. superamos el primer tramo, estamos a 4400 metros ingresando en otra zona "clave": 500 metros de travesía al norte por una pendiente de 30 o 40 grados, algo agrietada, que llamabamos "la rampa".

¡Este glaciar está muy vivo! En caso de caída seremos devorados por alguna de esas femeninas grietas ondulantes.

En el centro del glaciar

Adrián es un caso extraño: parece lento pero cuando toma la delantera nadie puede seguirlo. Florian, casi siempre adelante, supera un tramo empinado. Quedamos atrapados en una encerrona que nos tienden la pendiente, los seracs y las grietas. Pero no. Se abre un estrecho paso. Por ahora el abismo y los seracs quedan abajo. Acampamos en el centro del glaciar a 4600 metros. Comemos, tomamos agua y mientras Adrián aprovecha a dormir a sus anchas, los otros escalamos dos interesantes agujas de 4850 metros. La pendiente se empina pero habría que ser tarado para caerse. Nos asomamos al Portezuelo "de las Huaynas" que hace muchos años atravesé para ascender la Aguja Ana (4860 metros). En caso de emergencia podríamos bajar por ahí aunque tal vez haya que instalar algún rapel.

Ninguna de las dos agujas tiene rastro humano. No me sorprende. Esta no es época para perder el tiempo en montañas desconocidas que ni siquiera tienen nombre. Bautizamos las agujas como "Erika" y "Yanina" (novias de Gustafsson y Florian respectivamente). 800 metros más abajo, vemos las carpas de nuestros amigos del Grupo Rosarino de Actividades de Montaña (GRAM) que han ingresado por la Quebrada Blanca. Con suerte mañana nos reuniremos todos.

Hoy podríamos haber terminado la ruta, pero no quisimos continuar cansados, desencordados y con mochila por terreno expuesto. Regresamos a la carpa cuando empieza a nevar. Estamos en medio del glaciar, entre pendientes propensas a avalanchas y zonas técnicas por todos lados, casi sin bencina para hacer agua. La decisión parece cuestionable pero en el momento no nos hicimos ningún planteo.

El viernes amanece nevando. El equipo tiene nieve pegada, cuesta prepararse y desarmar el campamento. Los episodios de manos heladas se repiten. Hoy empezamos muy incómodos, pero rápido: queremos ganarle a la tormenta.

Seguimos en camino

Entramos a la segunda mitad de la ruta, una rampa de nieve, surcada por varias grietas y rimayas, pendiente media enmarcada entre hielo cristalino y roca. Pendiente media en nieve dura. Grietas. 1400 metros de desnivel. Riesgo objetivo. ¡Qué torpeza! ¡Esos datos solo sirven a quienes nos sucedan! ¡Yo no quiero escribir una guía de escalada! Mi querido lector; ¿cómo puedo explicarte cual es la verdadera dificultad de transitar terreno desconocido? Esta vez usamos dos herramientas. A veces logramos avanzar en la cómoda técnica "piolet puñal". Las partes más delicadas son las travesías, pero todo es muy fácil y repetido; aunque no puede haber errores.

Florian ubica un excelente sitio donde podemos reacomodarnos. El único litro de agua que nos queda se está congelando. Ya venimos orinando demasiado oscuro, así que tratamos de protegerla.

Donde la rampa se estrecha tomo la delantera y a un ritmo constante la superamos sin dificultad. Desde abajo este tramo prometía mas acción. Si no tuvieramos la tormenta encima estaríamos algo desilusionados.

A 5000 metros Florian hace una travesía a la derecha... atención: hay hielo debajo. Por fin sale al ancho filo nevado. Vemos la cumbre del Gemelo Este (5180 metros) y la pendiente por donde pensamos completar la travesía, así que nos relajamos un poco: pase lo que pase no tendremos que volver por la ruta de subida...

Cumbre y bautismo

Aseguramos las mochilas a las piquetas y en media hora estamos en la cumbre donde dejamos un escudito del GRAM y un papel escrito con dificultad (hace mucho frío). Aunque no encontramos comprobante sabemos por las huellas que nuestros amigos de la Quebrada Blanca han subido ayer.

Hace muchos años el Vasco Sebastián Urquia soñó con este ascenso y - aunque todavía no habíamos nacido - ese sueño pasó a nosotros. No nos gusta dar nombre a las cosas pero es necesario que bauticemos la ruta que acabamos de subir: El "Glaciar del Vasco". Nuestra escalada, que es también de Gabriel Piotto, es un homenaje a todos los aventureros...

Bajamos para recuperar las mochilas. Nos sentamos y bebemos el resto de agua con algunas almendras. El recreo termina y nos sumergimos en la pendiente que lleva hacia la Quebrada Blanca; la nieve está dura pero estamos muy atentos. Sin querer otra vez nos hemos movido rápido, en 1 hora y media llegamos al valle. Seguimos en busca de un auténtico lujo: agua líquida. Yo retraso un poco la marcha porque me he retorcido un tobillo, pero no importa porque recien es mediodía.

En el Río Cuevas nos sacamos las botas de montaña para cruzar y seguimos hasta Puente del Inca. Por fin nos encontramos con nuestros amigos de la Quebrada Blanca ¡Esa noche festejamos con una damajuana de vino tinto!

 

 

Nota:

e-mail: glaucomu@yahoo.com.ar



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