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Mi experiencia en el Desafío Quilmes de los Andes 2003
Palico Millé
- Aventurero


Para mi la fiesta empezó mucho antes que el jueves, y de hecho planifiqué las vacaciones para estar seguro de tener fecha para el Desafío Quilmes de los Andes, y los últimos días antes de la carrera lo único en lo que pensaba era en la competencia, y para colmo mi mujer y los chicos de vacaciones en Córdoba, así que la cabeza a mil pensando en todos los detalles.

Al final el miércoles emprendemos la ruta junto con Eduardo del Pino, mi compañero, Julito Uriburu y Elvita María Pazos, y me doy cuenta que estábamos todos con el mismo nivel de excitación y ansiedad. Ya la cosa empezó medio rara, porque saliendo por el acceso oeste pasaban caballos galopando por los puentes peatonales y gente haciendo wakeboard en los zanjones del costado de la ruta, inundados por la lluvia, tirados por una camioneta (?). Hicimos noche ya pasando el desierto, y llegamos el jueves cerca del mediodía a Villa Pehuenia. ¡Qué lugar! Armamos la carpa frente al lago y enseguida se armó el campamento, un lugar perfecto. Fue impresionante desde el primer momento el buen clima humano que se respiraba en el grupo de corredores, había una suerte de misticismo en el aire que hubiera curado cualquier dolencia anímica que uno hubiera traído. Qué gusto encontramos con tantos amigos, y ¡qué gusto seguir haciendo amigos nuevos!

Charla técnica el jueves por la noche y a dormir. La noche no podía ser mejor, la luna casi llena, el aire transparente, un frío de matarse, el lago, los amigos, chistes, cargadas...

La primera etapa

El viernes amaneció con el tiempo muy desmejorado, muchísimo frío, y nosotros optamos por largar abrigados, en prevención a lo que sucediera en los cerros. La largada la hizo una eufórica Aldana que transmitió buena onda a todos los corredores (Sebastián Tagle, director de la competencia, ya estaría apostado en algún punto del recorrido). El recorrido nos llevó primero por tierras de los mapuches, un bosque lindísimo con fuertes subidas y bajadas, que nos llevaron a la base del cerro Mocho, el primero fuerte que había que subir ese día. Verlo desde abajo impresionaba bastante, y subirlo costaba mucho, pero pasito a pasito se llega a todos lados.

Después de la bajada del Mocho había un tramo de conexión más o menos llano, y ahí nos cruzamos con Sebas que nos avisa "cuidado que les falta una trepada fuerte", era el segundo cerro que había que subir, bastante más alto que el Mocho, y mucho más empinado. Entre la inclinación y el acarreo subir no era del todo fácil, pero se subía. ¡Qué frío hacía allá arriba! Cuando superabas el filo el viento te golpeaba muy fuerte, y te flameaban hasta los párpados, escuché a algunos que dijeron que el viento los derribó. Desde ese cerro (no sé el nombre), parecía que tenías el mundo a tus piés, se veían los pueblitos allá abajo, era bárbaro.

Todo lo que sube baja, y una vez superada la cumbre comenzamos el descenso, al principio muy empinado y difícil (tanto que la organización puso una soga en un tramito corto pero realmente muy empinado), que luego tornó en un sendero de bosque, empinado y zigzagueante, pero que correrlo era un placer, siempre y cuando pudieras esquivar los árboles. El sendero te llevaba hasta el pueblo, seguimos hasta el Lago Moquehue, y la llegada estaba sobre la costa, donde sería el segundo campamento. Para ese momento hacía muchísimo frío, llovía (¡en los cerros nevaba!) y sólo después de unas cuantas horas pudimos recuperar el calor. Tardamos 3h50 min en completar el recorrido, y no puedo entender cómo cuernos los primeros tardaron sólo 2h 17 min, para ese entonces creo que recién estábamos encarando el ascenso del segundo cerro, y estos tipos ya estaban llegando, qué animales.

Nuevamente campamento, amigos, charlas, descanso ... Esa noche nos trajo el toque insólito, el casamiento entre dos corredores tucumanos, a la orilla del Lago Moquehue, en medio de una "fiesta" espontánea que armamos los 500 corredores, y con el invalorable aporte de Sebastián como maestro de ceremonias. Esa noche el tiempo no ayudó mucho, tuvimos un frío de locos todo el día. Sebastián comunicó el cambio de recorrido para el día siguiente, porque en las condiciones climáticas que estábamos en ese momento era impensable hacer la carrera por el recorrido original, que incluía varias horas en el filo de los cerros, a mucha altura. Era la decisión correcta, y en el momento en que se comunicó no escuché a nadie que se quejara. Así, se nos dijo que el recorrido del segundo día incluiría un breve ascenso y luego un coastering que nos llevaría de vuelta hasta Villa Pehuenia.

La segunda etapa

El segundo día amaneció espléndido, a pesar de la tormenta del día anterior. Aunque resultó un recorrido "plan B", era fantástico, imaginen ustedes un sendero de casi 30 kilómetros de bosque, subiendo y bajando a la costa del lago. Un lujo. El sendero terminaba en el puente de La Angostura (donde se había largado el primer día), y luego a costear otro lago, que todos pensábamos que eran 500 metros, pero que se abría en una bahía que parecía que no terminaba nunca. Los que quisieron, pudieron correr casi todo el segundo día (yo no, obvio). En algún punto nos pasaron Flopy (Florencia Gorchs) y Benja (Benjamín Ayala), que se habían perdido al comienzo y perdieron tiempo. Alguien dijo que vio pasar los ojos de Flopy dos metros adelante de ella, de tan desaforada que pasó...

El tercer campamento fue en el mismo lugar que el primero, no hubo ningún casamiento, ni divorcio (sé que algunos estuvieron preguntado por el tema), ni nada raro, pero estuvo tan divertido como todos los anteriores, aunque si las noches anteriores hizo frío, esta noche fue la más dura de todas, amaneción con una helada brutal. Un lindo detalle haber presentado a las parejas que ganaron las etapas hasta entonces, y sorprendente la locuacidad y verborragia de los corredores, que nos emocionó a todos hasta las lágrimas. La proyección cada noche del video de la carrera que acabábamos de correr nos impresionó a todos.

La tercera etapa

Llegamos al tercer día, cansados, sucios y felices, sobre todo felices. El recorrido el último día nos llevaba a subir el volcán Batea Mahuida, incluyendo mucho bosque hasta llegar al volcán, una trepada animal que te llevaba a una meseta que luego subía suavemente hasta una cumbre, después un poco de filo hasta el cráter inactivo del volcán, al que tuvimos que bajar para costear una laguna que se formó en el cráter, volver a subir el embudo del cráter, y a partir de allí una lindísima bajada de varios kilómetros que te acercaba a Chile luego de un recorrido por más bosques, mallines y demás delicias del lugar.

Así llegamos a la frontera, y desde ahí bajada por el camino a Icalma, ya en Chile. No pude evitar en esta etapa pegar un alarido en la cumbre más alta, y quebrarme emocionalmente pocos metros antes de la llegada. La carga ya era mucha, y para darme manija venía pensando mucho en Ceci, mi mujer, y mis chicos, que me pegaron un empujón muy grande, y tantas emociones por algún lado tenían que salir, así que terminé llorando como un chico, pero me consolé porque sé muy bien que le pasó a muchos. La verdad es que la montaña te recuerda que sólo somos un elemento más en este maravilloso mundo, y que hay otras cosas que a veces no vemos ni valoramos, pero que están ahí, siempre, absolutas. Así que terminamos la carrera corriendo abrazados con Eduardo, todavía más sucios, pero todavía más felices.

Reflexiones finales

Terminamos nuestra carrera en el puesto 64 de la general, que era justamente el puesto que íbamos a buscar, así que deportivamente fue una satisfacción para nosotros, la terminamos enteros, sin lesiones a lo largo de los tres días y sobre todo fue un placer correr con un amigazo como lo es Edu (¡gracias Edu!).

La organización fue perfecta. Y me gustaría hacer un comentario en este punto, porque a veces uno dice "la organización fue perfecta" simplemente porque "no pasó nada". Pero si en esta carrera no pasó nada, es porque la organización hizo todo para que no pase nada. Hubo problemas, pero hubo también soluciones y buenas decisiones en el momento correcto. ¿Ejemplos? Aquí van: El primer día la comida fue bastante floja, se mejoró; el primer día los baños químicos estaban desbordados e inusables, bueno, el segundo día ya había alguien encargado del tema; el recorrido del segundo día, a pesar de ser un "plan B" era increiblemente bueno, estaba bien marcado a pesar de que hubo que hacerlo de urgencia, y la decisión de dejar el recorrido original del segundo día era la única decisión posible en el momento que se tomó; la seguridad y la asistencia en los recorridos fue muy buena (¡sorprendió la ambulancia apostada en el cráter del volcán!); Sebas estaba en todas partes; los mensajes que se mandaban por Internet sí se entregaban; y como siempre el equipo del Club de Corredores estaba con la mejor de las predisposiciones y ánimo para resolver los miles de problemas que tuvimos (gracias Aldana, Federica, Jackie, Roque y siguen las firmas...).

No quisiera terminar este relato (sorry, salió un poco largo), sin mandarles un gran saludo a todos los amigos (nuevos y viejos) con los que nos cruzamos allá: Mariano Allende, Valerie, Goyco, Alberto Beunza (un grande), Horacio Rizzuti (otro grande), Claudio Destéfano, Elvita María (un fenómeno), Julito Uriburu (un señor), Goyo, Jero, Gonza, Ezequiel, Marcos y Leticia, Guille B. y Vicente, y todos los que en este momento no me vienen a la cabeza. ¡Un gran abrazo a todos!

 

 

Nota:

e-mail: palico@mille.com.ar

Toda la información del Desafío Quilmes en los Andes 2003 está en el Informe Especial que se publica en el portal.



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