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Travesía en mountain bike
"Diamante 2002"
Ulises Luna
- Aventurero


Eran las nueve de la mañana del sábado 20 de abril, cuando nos alistábamos en la plaza principal de la ciudad entrerriana de Diamante para dar comienzo a una aventura nueva, distinta, que por primera vez tendría lugar en las barrancas y campos de dicha ciudad. Después de esperar a Paula y Pablo, que venían de Buenos Aires, y terminado el tour con guía del lugar, nos dirigimos al camping náutico para un refrigerio. A las 13:00 dimos comienzo a este hermoso desafío.

Los primeros kilómetros sobre las majestuosas barrancas del río Paraná, que alcanzan en el lugar hasta 25 metros de altura, fueron maravillosos. En uno de los miradores, como sorpresa de la organización, se realizó un rappel, algo nuevo en el lugar que dejó mudo a más de uno al querer descender. Pero, visto que las normas de seguridad eran óptimas, pudieron todos disfrutar de la actividad y lograron descender, por más que hayan apretado un poco los dientes.

Retomamos el circuito con un formidable descenso, muy técnico, hasta llegar a un barco encallado que se encuentra en la entrada de un bosque en galería, en el que debíamos llevar repelente por las nubes de mosquitos que hay en su interior, ya que el lugar conserva mucha humedad. Además, hay que recorrerlo con suma cautela, porque las yarará (víbora autóctona muy venenosa) acechan desde todos los rincones.

A la salida, una de las dos 4x4 llevó al hospital a Paula por una molestia en su rodilla que la dejaría fuera de la travesía. Pero no se perdió el recorrido, porque lo hizo en el vehículo de apoyo.

Reanudamos la pedaleada hasta llegar al Parque Nacional Pre Delta, en el que nos aguardaba la guía que nos acompañaría, dando repuesta a todos nuestros interrogantes. Otro sendero en galería y el arroyo que pasa por el parque nos permitieron apreciar toda la isla y sus ricas flora y fauna.

Habíamos dejado atrás la parte técnica del recorrido, pero nadie se esperaba la gran "masa de barro" que debíamos atravesar. Sin embargo, nadie quiso subir a la Land Rover del genio Jorge Unamuno. No hubiera sido mala idea, porque ver traccionar esa "máquina" en el puro barro y estar arriba también hubiera sido muy entretenido. Pero el espíritu de batalla sobre las bikes fue mayor, y más con la técnica que inventó Lucas, denominada "M.G.N.", es decir, "mandale guacha nomás". Finalmente, pudimos sobrepasarlo y no fue impedimento ni sufrimiento, porque al escuchar los gritos de alegría y el contento demostrado, el reto resultó doblemente gratificante por más que hayamos terminado con barro hasta dentro de las orejas.

Pablo había deshecho su cambio, que se le metió entre los rayos, pero no hubo ningún problema porque utilizó la bici de Paula. Demorados por la gran cantidad de pinchaduras y rupturas, llegamos de noche al campo donde la organización y los dueños del lugar nos esperaban con unos ricos tallarines caseros con un buen estofado. Eso sí, tuvimos que apagarle la luz a Gustavo, porque no paraba de comer. Unos optaron por el hospedaje y otros armaron carpas. Y a dormir se ha dicho. Terminó el primer día y por más que hayan sido cuarenta kilómetros recorridos, estábamos todos cansados porque resultaron bastante pesados.

Viaje en el tiempo

Domingo 21 de abril. Nos despertamos a las 7:30 para lavar las bicis, que tenían mucho barro, y desarmar campamento. Ya con todo listo, desayunamos abundante mate cocido y leche, con ricos panes caseros con manteca y mermelada. Los primeros kilómetros se hicieron sentir, estaba bastante fresco, pero el sol diamantino enseguida calentó nuestra piel. Fue un momento de tranquilidad, pues el camino no era tan técnico lo que nos dejaba observar los paisajes de las cuchillas y el canto de los pájaros en un silencio que muy pocos saben apreciar. ¡Qué lindo es pedalear sin el ruido de la ciudad al que mal nos hemos acostumbrado!

Cascos de estancias, boliches, algún auto viejo que su dueño comprara para toda su vida, todavía funcionan; también, arados gastados de labrar esas tierras que tanto hacen sufrir a los gauchos de bombachas y pañuelos al cuello. Sombreros de ala ancha y un "pingo" ensillado en el palenque de la pulpería, nos hacen retroceder en el tiempo a principios del siglo pasado. Y por un instante el tiempo se detiene dejando correr nuestra imaginación, para olvidar los problemas de nuestra sociedad tan distante de esa vida sana de campo adentro.

Llegamos a Puígari y en el recorrido pasamos por la estación vieja de trenes. Enseguida nomás se encuentra Libertador San Martín, muy conocida por su clínica a la que acuden personas famosas de la Argentina y por la calidad de los especialistas de todas partes del mundo que trabajan en ella. También es de destacar, además, su muy reconocida Universidad Adventista del Plata.

La comunidad está formada por hijos de inmigrantes que llegaron a estas tierras hace 100 años provenientes de Alemania. En la pequeña pero vistosa ciudad, debido a sus costumbres religiosas, se destaca que está prohibida la venta de cigarrillos, bebidas alcohólicas y carnes, lo que lo hace distinta a todas las demás.

Descansamos unos instantes, y Leandro se jugó comprando unos Gatorade que fueron muy bien aceptados para reponer energías. Visitamos un campo perteneciente a la clínica. Allí, de verdad nos divertimos mucho, pues tiene distintos circuitos en mountain bike y más de uno clavó la cabeza en el piso después de alguna bajada o contra algún tronco que caprichosamente se ubicaba en el medio del sendero.

Seguimos viaje para terminar en horas del mediodía en el salto Ander Hegg, un lugar que no se puede creer que exista entre tanta tierra y tierra. Se trata de una formación natural de piedra caliza, que da lugar a un salto de agua único en la zona. Parece que automáticamente nos trasladamos a la provincia de Córdoba. ¡Pero no, señores! ¡Estamos en Entre Ríos!

Ultimas sensaciones

La gente de Davi-Mar nos estaba esperando con todo listo: un jugoso asadito para calmar el monstruo que todos llevamos dentro. Luego emparchamos cámaras y nos tiramos a descansar panza arriba, cuando todos de pronto observamos a Facundo -13 años- juguetear con su bici de "supermercado" entre las piedras. ¡La gente no lo podía creer! Ya habíamos pedaleado 90 Kilómetros y él estaba como si nada. ¡Si vieran la bici! Yo no me hubiera subido ni loco, pero ahí está el espíritu de un chico fuerte y sano, al que le gusta la aventura y que la tiene arraigada desde muy adentro, haciéndole frente a todas las bicis y a más de un deportista y demostrando que con sus ganas y coraje podía darse el lujo de seguir derrochando fortaleza. Sencillamente, una lección para muchos y un ejemplo para los de su edad, que muchas veces desaprovechan esa vitalidad que les dan sus jóvenes años.

La última etapa de 20 Kilómetros costó porque teníamos la panza llena. Pero un regreso triunfante a Diamante, expresado en la sonrisa y en un fuerte abrazo al terminar en la plaza principal después de los 110 Kilómetros de pedaleo dieron por finalizada esta hermosa aventura que quedará en nuestros recuerdos. Esperamos sí, volver a vivirla a pleno con todos aquellos que sientan la necesidad de desenchufarse y pasar un fin de semana distinto y a puro pedal.

Diamante y su cálida gente nos esperan siempre con los brazos abiertos para un nuevo desafío. A todos los que hicieron posible esta travesía les doy las gracias, en particular a la organización de Davi-Mar Turismo y el auspicio de Sportland Adventure Shop. Y será hasta la próxima.

 

Nota:

e-mail: ulisesprofe@yahoo.com




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