El Portal Latinoamericano de la Aventura y el Turismo

Suscribite
 
Elegí
Aventurarse
como página
de inicio

Agregá
Aventurarse
a tus favoritos

Recomendanos
a un amigo


Doble Cruce de los Andes 2002, parte II
Gustavo González -
Experto Aventurarse

Luego de unas 27 agotadoras horas de viaje que sirvieron para que nos fuéramos conociendo, el grupo había arribado a San Martín de los Andes y emprendió desde allí la primera etapa del periplo, a Nonthue, con todo éxito. La segunda etapa, que estábamos por realizar, abarcaría el primer cruce de la cordillera, por el paso Hua-Hum, y un total de 65 kilómetros tras su realización. La hora para levantarse era normalmente las 8:00 de la mañana, para desayunar a las 8:30, y la de partir aproximadamente a las 10:30. Como desayuno, aparte de la habitual abundancia, había frutas, ya que éstas no pueden ser cruzadas por la frontera a Chile; también se repartieron como energéticos y en toda oportunidad que surgía se recomendaba una fruta.

La primera parada prevista era la aduana, pero surgió un imprevisto. Mientras pedaleaba noté un movimiento raro al costado de la ruta. Al detenerme, observé un carancho (ave rapaz), que a duras penas trataba de trepar la montaña y alejarse de la ruta. Lo agarré y enseguida se tranquilizó. Tenía un ala quebrada, producto de un atropello de algún apresurado automovilista, de esos que nunca frenan cuando ven un animal en la ruta (y si pueden aceleran).

Luego de una sesión fotográfica, a la que me opuse dado que el ave estaba sufriendo, y con la colaboración de Lucrecia que es veterinaria, decidimos llevárselo al guardaparque. En síntesis: carancho y Lucrecia, junto a Néstor y Jorge, fueron en busca del guardaparque, para dejarlo en buenas manos. Por suerte lo encontraron caminando por la ruta. Si bien estaba de franco, la situación ameritaba su intervención y se hizo cargo del accidentado.

La travesía continuó. Hicimos aduana donde se declaran las bicis y cámaras fotográficas, y luego migraciones, para continuar con la clásica foto en el limite internacional. El día continuaba espectacular: totalmente despejado y con mucho calor.

Seguimos hacia el lago Pirihueico, donde almorzaríamos y tomaríamos el trasbordador. El camino ya no es ancho sino angosto y está rodeado de vegetación arbórea, pero cada tanto aparecen los "fundos" donde se explota la madera. En algunos casos reforestan con especies exóticas y en otros dejan directamente la tierra arrasada.

¡Cambio dólares!

Aduana Chilena y controles exhaustivos por la aftosa. Revisión detallada del minibús e imposibilidad de cambiar plata argentina, pues nadie la recibe. Una breve parada en el puente Pirihueico o río Hua-Hum, donde las aguas transparentes y la vegetación exuberante invitan a un chapuzón. Insisto con que el lago ya está cerca y nos espera el almuerzo. El minibús ya se había adelantado para calentar el agua para la polenta con queso y salsa. Mientras esperábamos el trasbordador almorzamos. Algunos se lamentaron de no haber conservado el carancho para comer la famosa "polenta con pajarito".

A eso de las 15:00 arribó el Trasbordador Mariela, dependiente de la Ilustre Municipalidad de Panguipulli. Tras la devaluación en la Argentina, Chile ahora es muy caro para nosotros. Por eso el trasbordador viene casi lleno, pero regresa vacío o sólo con nosotros como extranjeros. Además se avivaron y ahora cobran $2000 a los ciclistas, cuando antes pagaban $0.

Cargado el minibús, las bicis y los participantes, menos el casco de María Inés que quedó "desaparecido", partimos en una travesía de dos horas por un lago algo picado. Como el trasbordador acepta dólares, se abrió una casa de cambio a bordo. La cotización era de $625 por dólar y se cambiaban 20.000 pesos chilenos por cada 32 dólares. Todo fue normal, ya que los participantes pudieron hacerse de pesos chilenos para los gastos locales. Pero se detectó una intención de estafa por parte de María Inés que, luego de perder su casco, intentaba cambiar dólares falsos. Por suerte para ella, no efectuamos la correspondiente denuncia ante carabineros.

Y la nave va. Avanza lentamente por el lago, que es muy angosto y de paredes escarpadas. Aparte de la vegetación, se observan frecuentes derrumbes y por fin se avistan los picos nevados de los volcanes Mocho y Chosuengo, señal de que estamos arribando a Puerto Fuy.

Y en Puerto Fuy: un improvisado astillero, donde se está armando un trasbordador tres o cuatro veces más grande que el Mariela. A futuro, la intención de los chilenos es asfaltar todo este paso. Se palpita ya tal avance inexorable del nuevo camino, en la sustitución de varios puentes de madera por anchos puentes de cemento. Desgraciadamente, el asfalto traerá desarrollo a la región pero aumentará los riesgos de accidente a los ciclistas.

También nos encontramos con un viejo amigo: Elisaias Jara-Jara (el guía del salto Huilo Huilo), quien infructuosamente trata de captar la atención de los escasos viajeros que no lo necesitan ya que, al tratarse de un puerto, es un lugar de transito o paso. Nos comenta que lo echaron del Huilo-Huilo, la corporación que lo explota actualmente. Me invade un sentimiento de lástima e impotencia, porque, más allá que el tipo sea bueno o mal guía, toda su vida estuvo dando indicaciones en el Huilo-Huilo y es lo único que sabe hacer. Ahora, en Puerto Fuy, está como perdido.

Adrenalina con premio

Puerto Fuy sigue igual pero con más hoteles. Se nota que la actividad maderera está en decadencia, por el aumento de hospedajes y restaurantes. Una breve pero empinada subida, y una bajada espectacular pero muy riesgosa: el camino angosto y abovedado. Si te salís del centro vas a parar a la zanja. Sólo tres huellas y piedrecitas en el medio, algo de tránsito y la pendiente cada vez más empinada (y en mitad de la bajada hay un tramo destrozado).

"Bajen despacio, tengan precaución" -digo-, mientras bajo el asiento y me monto en mi maquina, comienzo a descender y a pasar bikers en adrenalínicas pasadas de una huella a otra. El camino es recto y sigue bajando constantemente hasta el valle: "¡alucinante!", comentan todos.

Llegamos a Neltume -o Neltuje, como le pusieron varios- e ingresamos por su boulevard, donde hay dos monumentos: uno, de una pequeña locomotora utilizada en la industria maderera, y el otro, una escultura en madera con placa recordatoria de los desaparecidos y asesinados durante la dictadura militar. En algunos se mencionaban trabajos forzados como la causa de muerte, así que imaginen los lectores cómo eran tratados.

Luego se pasa por el aserradero, que es el centro del pueblo. Una inmensa fábrica de madera y techo de chapas sin ventanas y que ocupa varias manzanas, pero sin movimiento aparente. Y al final de la calle, la coqueta hostería.

Descargamos el minibús y procedo a acomodar a los matrimonios en las habitaciones matrimoniales, a las tres chicas, por desgracia, en una habitación para tres, a los de dos en las dobles y al resto en una casa con varias habitaciones. Todos acomodados y contentos, tras una ducha, van a tomar una cerveza o a hablar por teléfono e incluso algunos salen a correr por Neltume.

A eso de las 21:30 estamos ya cenando. De entrada, una sopa tipo puchero, pero en vez de falda lleva cordero. Muy rica. Ensaladas con verduras de huerta. El tomate, por ejemplo, tiene sabor por sí mismo, sin la necesidad de aderezo alguno. ¡Igual a nuestros tomates "larga vida" de los supermercados, que no tienen gusto a nada! De plato principal, una carne al horno con salsa, papas y arroz. Undurraga de vino y helado de postre. Como verán, nos castigamos de lo lindo.

Puente de madera

En Chile los desayunos son: Nescafé y cacao en polvo, más un termo con agua caliente y leche líquida. Pan, manteca, mermelada, jamonada y queso. Todo muy abundante y con posibilidad de repetir. Y así desayunamos la mañana siguiente. Luego nos dirigimos al Salto Huilo-Huilo, que está muy cerca de Neltume. Por la escasez de lluvias, el salto no está en su máxima expresión, como fue el año pasado.

En el lugar han instalado una confitería, donde hay una maqueta y los guías explican el proyecto de inversión. Abonamos el ingreso y un guía nos acompaña en el recorrido a los dos saltos: el Huilo-Huilo y el del Puma. Este salto se formó por la colada de lava del volcán y justamente Huilo-Huilo significa "tajo en la tierra".

Nos detenemos en las distintas vistas para sacar fotos y nos maravillamos con la caminata por la exuberante Selva Valdiviana. Finalmente, descendemos por unas escaleras hasta el río y algunos valientes aprovechan para nadar en los piletones. Cuesta movilizar al grupo. Nadie quiere moverse, pero hay que continuar.

Ascendemos todos los escalones descendidos y llegamos a las bicis. Cargamos agua y energéticos para proseguir el pedaleo; una bajada larga y destrozada, que no obstante no impide ganar velocidad y saltar por las piedras.

Punto de encuentro: un cruce de caminos. El vehículo se adelantará para preparar el almuerzo al final de la subida, en el puente de cemento, y con un arroyo para refrescarse. Seguimos bajando hasta el lago Neltume. El camino ahora transcurre sin grandes desniveles y se pedalea tranquilo disfrutando del paisaje. Me acerco a un puente de madera y veo un pequeño alboroto. Gritos desesperados y manotazos por todos lados. Rápidamente arribo al lugar y veo que Julio se ha caído del puente y está colgado de las ramas, con la bicicleta de sombrero y con serias posibilidades de caer para abajo.

No puedo aplicar lo aprendido en el curso de Socorrismo para Excursionistas, ya que no logro controlar la escena. Lo que sí observo y me tranquiliza, es que las cañas están verdes y son lo suficientemente fuertes para sostener a una persona. Si hubiera caído dos metros más delante, seguramente se habría pegado un buen golpe, ya que había como 10 o 15 metros hasta "estrolarse" contra las rocas del arroyo.

Tratamos de sacarle la bicicleta que se traba en sus pies. Alfredo se tira al piso y solicita que alguien lo sujete de las piernas y así agarra las piernas de Julio. Otros le dan la mano. A pesar de los esfuerzos, Julio no da bola y medio temblando se para solo sobre las cañas, que efectivamente lo sostienen sin problemas. Una vez que se pone por fin en posición normal, logramos izarlo del barranco y, justo cuando lo estamos sacando, cede la tierra y un deslizamiento de piedras cae precipicio abajo. El puente comienza a temblar. Rápidamente nos corremos y se derrumba. NO, eso pasa en las películas.

Julio sólo tiene raspones y pequeñas heridas, producto de una zarzamora que se le enganchó cuando queríamos liberarlo. Oscar y Virginia, ambos médicos, proceden a tranquilizarlo y curarlo. Fue un accidente con suerte. Si caía unos metros antes, no sé si la contaba.

Aparentemente venía despacio y la rueda se trabó entre las maderas del puente y salió despedido hacia adelante y abajo, quedando colgado, de espaldas y con la bici de sombrero, sobre las cañas. Al rato llega el Vasco y charlamos un rato del accidente. Proseguimos la marcha, esta vez con Julio que pasa caminando por cada nuevo puente de madera.

Habeas corpus

Terminamos de bordear el Lago Neltume y la huella marca el comienzo de un interminable y caluroso ascenso. Se acabaron por un tiempo las alucinantes bajadas. Ahora hay que sudar la gota gorda y trepar, trepar y trepar hasta encontrar el puente de cemento y el minibús. Por fin llegamos, con hambre saciado con el arroz y atún, arvejitas, queso rallado, mayonesa y pan. ¡Ah! De postre, sandia y un refresco en el arroyo.

Por suerte el grupo es bastante homogéneo y no hay ningún desesperado pedalista, que luego de almorzar quiera salir a las pistas. El grupo es más "tranqui" y se disfrutan las paradas. Además, siempre hay un arroyo o lago donde refrescarse y cada uno anda a su ritmo, ya que hasta ahora todo marcha normal y con los tiempos previstos.

En el almuerzo, y a pesar de estar de vacaciones, los estudios de abogacía de José Tobal, Eduardo Pol y asociados, comienzan a trabajar a full. Plantean que la culpa del accidente de Julio es mía, por no avisar que los puentes están en mal estado y carecen de baranda. Alientan a los participantes a demandarme por sumas millonarias. Alerto que no tengo nada a mi nombre, por lo que las demandas monetarias bajan de tono. Renace entonces la promesa de poner un cartel: "prohibida la participación de abogados", porque sólo buscan quilombos. Empiezo a pelar las fichas de deslinde de responsabilidad y hasta que los más díscolos no lo firman, no pueden continuar la travesía.

¿Así que quieren indicaciones? Bueno: comienzo un discurso de una hora con cuarenta y cinco minutos, y explico con lujo de detalles hasta la piedra que sobresale del camino y la ranita que se va a cruzar adelante y los riesgos que deberán sortear los participantes; hasta que Alejandro me interrumpe, pidiéndome permiso para ir al baño, a lo que lo intimo a que me firme la declaración jurada, donde expresa que si se manda una "cagada" no es responsabilidad mía.

A todo esto, María Julia interpone un habeas corpus y ante tanta belleza los abogados desisten del juicio en lo civil y en lo contencioso administrativo, pero reservándose el asesoramiento legal de la empresa Bike&Trek el estudio Tobal y el sexual a cargo del Dr. Pol.

Por fin arreglados todos los problemas legales -sandia de por medio- que impedían la partida, se dio nuevamente la "voz de aura" y cada subió a su bici para llegar al próximo destino: el Río Liquiñe.

Caída inaugural

Bueno, ¿en qué estábamos? ¡Qué quilomberos estos abogados! Sólo buscan pleitos. Pero olvidémonos de ellos y sigamos con el relato. Ahora pedaleamos por la huella que continúa angosta, pero ya no sube más. Hemos ganado suficiente altura y ya es hora de comenzar a bajar. La bajada está destruida. Hay mucha piedra suelta y en un claro entre la vegetación se puede observar la silueta del humeante Volcán Villarrica. Foto.

Más adelante me detengo incrédulo ante semejante vista: parece una explosión volcánica: una nube de humo inmensa se eleva de la ladera montañosa. No es un volcán, sino un impresionante incendio forestal.

Un poco después, Alejandro debuta con sus caídas. En cada una irá despellejando su ropa, cuerpo y haciendo "ochos" en su llanta. La bajada está destrozada y él insiste en ir rápido y terminar contra el ripio. Su pobre esposa Virginia, que es muy prudente, pone cara de circunstancia. Nos reagrupamos en el largo puente de madera "con baranda" del Río Liquiñe. La bici de Alejandro requiere un centrado y la de Federico que le saque la cadena que se le había salido e insistía en trabarse entre el plato y el cuadro. Ambas reparaciones llevaron su buen tiempo y los participantes ya querían llegar a las termas. La promesa del baño termal era su verdadero objetivo del día.

Reanudada la marcha, nos detenemos en los clásicos puestos de artesanías hechas en raulí. Se adquieren platos, tablas y alguna que otra viborita, que será objeto de una chanza posterior.

Finalmente llegamos a Liquiñe. Avanzamos por su única calle, que es la ruta que conduce al Paso Internacional Carririñe. Las casas en madera se alinean a lo largo del camino. El pueblo es muy pobre y sólo las Termas del Río Liquiñe ostentan cierto lujo. Nos alojamos en la Hostería La Casona. Alojarnos es un decir, ya que un malentendido había disminuido mi reserva de 25 pax a 22 pax y, además, contamos con pocos baños. Todos hablan al mismo tiempo y no me dejan pensar. Finalmente, y gracias a la buena voluntad del grupo, nos vamos alojando. Para los que quedaron sin habitación nos dan una cabaña que está espectacular, pero sin luz y a la que le falta la puerta del baño.

El descanso del guerrero

El plan era cambiarse e ir a las Termas del Río Liquiñe a bañarnos en la pileta termal. Por fin se fueron todos y con un dolor de cabeza terrible me di un duchazo para sacarme el polvo, me puse la malla, agarré la toalla y las hojotas y me fui a la terma. Pagué los baños de todos y fui recibido como corresponde: con aplausos. Me zambullí en la pileta de agua termal y empecé a relajarme. Los dolores y contracturas fueron cediendo al placer. La verdad que es el mejor final para esta etapa algo dura y que marca la mitad del recorrido.

Al día siguiente nos espera la dura trepada al paso Carririñe. Una hora de baño y charla termal. Luego, José y Alejandro invitan a un "tintos time" en el bar de la terma. Por fin, a eso de las 22:00 se larga la cena y luego del postre salimos a recorrer el pueblo.

Lamentablemente, el sendero hasta el río se encuentra cerrado, así que tenemos que caminar por la calle. Al rato nos aburrimos y regresamos, pero nos metemos por una calle oscura que no conduce a ningún lado. Visto las amplias posibilidades de entretenimiento que tiene esta localidad, optamos por el más sano: ir a dormir. Pronto les cuento cómo sigue la historia.

Continuará...



Copyright 2000 - 2007 Aventurarse.com

info@aventurarse.com




Carreras de Aventura por país