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Aventura en El Palmar
Andrea Gómez Cello - Aventurera

-“¿Tan temprano? ¡Te vas a perder el final de la fiesta!”
-“Es que me pasarán a buscar a las 5:10 para ir a una carrera...”
-“¿De autos?”
-“No. ¡De aventura!”.
Y uno tiene que sacrificarse de vez en cuando. Gajes del oficio nos retiran prematuramente de la Fiesta de la Primavera para dormir un par de horas y partir hacia la Estancia “La Aurora del Palmar”, a pocos kilómetros del Parque Nacional El Palmar en Colón, Entre Ríos (Argentina).

Como el año pasado, la 2da Edición de la Carrera de Aventura La Aurora del Palmar, nos deleita con esa campiña cargada de una incomparable gama de verdes, con palmeras salpicadas entre pequeñas lagunas y la excepcional gente de Colón. Todo estaba listo, eran apenas 20 kilómetros de trekking a través del campo.

Desde la terraza del comedor había una vista espectacular: el corazón de La Aurora tenía una lagunita con forma de gota en una bajante verde rodeada por un bosque de pinos hacia el oeste y un naranjal hacia el este. Al momento de la largada una tropilla de caballos magníficos cruzó varias veces de un lado a otro, seguida de diez ñandúes que corrían a la misma velocidad mientras un rebaño de ovejas pastaba tranquilamente.

¡Largada!

Largaron ciento veintiocho equipos con sus impecables pecheras. Desde la tranquera de la estancia giraron hacia el este, por donde un sol generoso comenzaba a calentar los caminos y auspiciaba un clima perfecto. Ya el comienzo era ascendente: un camino de tierra que llegaba hasta la ruta y de allí a bordear la estancia. Los corredores, siempre concentrados en no gastar energías de más en el primer tramo, iban marcados muy de cerca por una banda que tenía intenciones de colarse. Finalmente tales polizones fueron interceptados por un par de parroquianos armados con palo en mano: diez ñandúes comenzaban a correr a los competidores y si no hubiera sido por la habilidad de esos chicos más de un corredor habría sido pateado o picoteado.

A salvo la integridad de todos continuaron rodeando la hacienda y pasaron debajo de un gran arco de madera que indicaba el nombre de la reserva. La calle los llevó a chocar con un alambrado con pinta de tranquera para comenzar allí el cross por diversos senderos y huellas salpicados de palmeras y charcos circundados de barro.

Hacia la mitad del trote bordearon un arroyo tratando de no quedar enganchados entre las ramas de los árboles que formaban ese tupido bosque, cruzaron un puente casi escondido y salieron nuevamente a campo abierto. Las palmeras presenciaban el paso veloz y los saltos sobre el barro de los competidores (un grupo de ellas apareció como atacado por un incendio reciente).

Uno de los mejores momentos fue atravesar el bosque de naranjos: el aroma penetrante de las ramas recién podadas se quedó prendido de todos y alivió el paso de los que debían esquivar árboles y ramas al borde de la barranca sobre el arroyo El Palmar.

En poco más de media hora los primeros pasaron otra vez por la tranquera principal de la calle que permitía el ingreso a la Aurora: Andrés Giusto, “tachuela” y su compañero Víctor Clibio venían corriendo a una velocidad que parecía no haber decrecido desde la largada. Su hermana lo esperaba para filmarlo con mate y todo, pero pasaron tan rápidamente que se olvidó de filmarlo (¿o no habrá querido largar el mate?).

Sólo restaban tres kilómetros para subir otra vez hasta la ruta, bordear la estancia y luego bajar directamente en picada hacia la laguna del corazón de La Aurora, pasar entre los caballos y ovejas y derrotar la última subida hacia la arcada de llegada.

La llegada

Una sirena anunciaba a cada pareja y las chicas entregaban las medallas, los organizadores tomaban los datos y contenían a los que aguardaban a sus corredores. Tiempos, comentarios y descanso bajo el sol de un día brillante en un lugar bellísimo. Mientras tanto en la tranquera de entrada, por donde comenzaban los últimos tres kilómetros de carrera, se agrupó una cantidad de chicos de cuatro a doce años de edad formando una tribuna alentadora muy especial. Más de uno corrió algunos metros con su papá, con su tío o con su hermana mayor. Pasó el primer grupo a un trote mantenido a respiración profunda; luego los que seguían llevaban el ritmo de una potencia sostenida a fuerza y empuje alegrándose de escuchar que sólo faltaban pocos minutos para llegar. Más tarde, veíamos salir del bosque de naranjos a la tanda final que venían ya resistiendo, algunos caminando, otros tomados de la mochila de su compañero.

La gente continuaba alentando aunque podía escucharse la sirena que del otro lado sonaba casi constantemente anunciando a los que terminaban el recorrido. Un equipo doble de caballeros venía a paso perezoso y frente a la pregunta: “¿justo ahora van a aflojar?" se miraron, se rieron y salieron corriendo. Y no se detuvieron hasta que la arboleda de la ruta los tapó. Y esa pregunta quedó resonando sobre la tierra, entre los troncos de madera apilados al costado del camino. Y su reacción quedó grabada para siempre en la conciencia de todos los que estaban allí.

Una buena ducha al aire libre era la elección de muchos (con la consecuente generación de tumultos y alborotos unisex). Mientras iban llegando más competidores comenzaba el almuerzo y allí se destacó la excelente organización, la gentil atención de la gente del lugar y la riquísima comida. La cola de gente para pedir su choripán no terminaba nunca. En un rato todas las mesas estaban completas y en el siguiente todos los platos estaban vacíos.

El final

Así que luego de terminada la clasificación se entregaron los premios. Los primeros Dobles Caballeros fueron Giusto y Clibio (1:11:56). Segundos fueron los tremendos Balbi - Fogia (1:15:48), terceros los representantes de Concordia Maximiliano Loiacono y Ramón Candia (1:17:03). Los primeros en Categoría Mixtos fueron Leandro Balbi y Andrea Mastrovicenso, segundos los paranaenses Nadia Vottero y Ariel Garrigo, terceros Patricia Migueles y José Luis Islas de San Salvador. El primer equipo de Damas estaba compuesto por Jessica Acerbo y Mirta Romano, el segundo Mabel Crespo y Paula Fritzche y el tercero Verónica Eerén y Lorena Manso. Un equipo especial llamó la atención de todos: El Trío, compuesto por mamá y papá Marso y Nicolás de trece años, quienes recibieron la mayor ovación.

Luego de descansar un buen rato al sol, de comprar algunos dulces y cargar agua para el mate comenzó el viaje de regreso. El sol seguía abriéndose paso entre las nubes. La tarde se desarrollaba apaciblemente en medio de la alegría de los que una vez más acabaron coronándose como los mejores: otra victoria alcanzada.

Superarse cada año, mejorar las marcas y crecer como ser humano son algunos de los objetivos que llevaron a más de trescientas personas a disfrutar un domingo maravilloso en el espléndido campo de Colón.

Hay muchas más anécdotas. Pero para compartirlas mejor tendrían que venir con nosotros. La próxima vez...

 

 

Nota:

e-mail: andreamaat@hotmail.com

Toda la información de las Carreras de Aventura La Aurora del Palmar está en el Informe Especial que se publica en el portal.



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