El Portal Latinoamericano de la Aventura y el Turismo

Suscribite
 
Elegí
Aventurarse
como página
de inicio

Agregá
Aventurarse
a tus favoritos

Recomendanos
a un amigo

Relato de mi primera Eco-Peugeot:
Cabra Corral (Salta)
Federico García Hamilton
- Aventurero


A continuación intentaré reflejar mi experiencia participando en la Peugeot Eco-Adventure llevada a cabo en Salta del 18 al 20 de octubre de 2002. A pesar que puede resultar aburrido, abundaré en detalles con la intención que en el futuro pueda servir a alguien que quiera hacer sus primeras armas en este tipo de competencias, o aún a nosotros mismos al planificar nuestra próxima participación.

La Peugeot Eco-Adventure es una carrera de aventura que incluye diversas disciplinas. En este caso hubo trekking, coastering (caminar por el lecho o la costa de un río), mountain bike, rafting, river cross (tirarse en el río sobre una pequeña cámara inflada), rapel (descenso con cuerdas por paredes verticales de unos 40 metros), bungee jumping (saltar al vacío desde un puente, atado de los pies con una banda elástica) y canoa. Cada disciplina representa un verdadero desafío tanto físico como mental para los participantes. El circuito del Peugeot Eco-Adventure es considerado uno de los más duros de sudamérica.

¡Largamos!

La largada de la carrera se realizó a las 19:20 hs. en el espectacular entorno del dique Cabra Corral y fue un momento de mucha emoción, ya que se percibía una gran ansiedad en todos los competidores que se encontraban bajo el arco de largada dándose mutuo aliento entre integrantes de un mismo equipo y de equipos amigos.

La competencia comenzaba con unos 8 kilómetros de camino de ripio por la ruta 47, hasta llegar al primer puesto de control (PC1), el cual se encontraba en las instalaciones de la empresa Salta Rafting, en el kilómetro 34.

La largada fue en sentido contrario al esperado (supongo que para facilitar a las cámaras de televisión la toma de imágenes), y luego se giraba para retomar la ruta hacia el PC1. De Tucumán participaban cuatro equipos, tres de los cuales -que habíamos compartido actividades durante la etapa de preparación- decidimos ponernos atrás de todos en la salida ("Felucha Team", de Félix Paz Posse, Alejandro Silvetti e Ignacio Colombres Garmendia, "Amigos del Corte", de Bernardo García Hamilton y sus hijos Bernardo y Andrés, y "Vipos Team", de Tony Casanova, Sebastián Moraiz y mío).

Si bien la largada se hizo corriendo, en nuestro caso fue “solo para la foto”, ya que Amigos del Corte y nosotros decidimos hacer estos 8 kilómetros caminando, conscientes de que habíamos entrenado mucho en trekking de montaña y que “corriéndola de atrás”, durante la subida recuperaríamos posiciones.

En carrera

Así fue que a los pocos minutos de largar, las únicas seis personas que caminaban éramos nosotros, habiendo perdido de vista a los otros 243 competidores, lo cual generó muchas bromas entre nosotros mismos y con la poca gente que pasaba en vehículos y que siempre nos daba alguna expresión de aliento.

Igualmente después comenzamos a trotar muy lentamente en las bajadas y así nos alejamos de Bernardo y sus hijos, habiendo llegado al PC1 a la hora y quince minutos de haber largado.

Durante ese trayecto disfrutamos de un atardecer espectacular y comenzó a brillar la luna llena, que nos acompañaría tan generosa hasta la mañana siguiente que en muchos de los tramos ni siquiera usaríamos las linternas. La novedad hasta allí se produjo 200 metros antes del PC1, cuando mi escasa visión nocturna me jugó una mala pasada que me costó una fuerte torcedura en el tobillo derecho.

A partir del PC1 -por donde pasamos penúltimos- comenzaba una trepada bastante fuerte hacia las cumbres de las Peñas Blancas, la cual después habría que descender por el otro lado, continuando por el lecho de un río seco hasta encontrar un sendero y luego el camino de ripio que lleva a la estancia La Bodeguita, donde estaba el puesto de control PC2.

En la mitad de la trepada pisé una piedra que cedió, dándome un nuevo golpe pero esta vez con más suerte ya que como pude agarrarme no caí hacia abajo y por lo tanto no tuvo más consecuencias que varias lastimaduras y espinas en la mano izquierda.

A esa altura, y tal como habíamos previsto, ya estábamos junto a un numeroso grupo de competidores y era impresionante ver el espectáculo de la hilera de luces que avanzaba por el contorno del cerro, ya que cada participante llevaba su linterna tipo minera en la cabeza.

Un poco más adelante, los que iban primeros en nuestro “pelotón” se dieron cuenta que habían errado la senda, por lo que hubo que volver hasta encontrar el camino correcto. Estimo que esto habrá generado una pérdida de unos 20 minutos, pero nos dio la posibilidad de quedar esta vez como conductores del pelotón, habiendo tomado la punta Félix Paz Posse, siguiéndole yo, a continuación nuestros compañeros de equipos y detrás un grupo grande de gente.

El ritmo impuesto por Félix fue muy bueno (a esa altura veníamos con las linternas apagadas ya que luz de la luna era suficiente) y la verdad que me sentía muy seguro detrás de él (mi preocupación por el tobillo hacía que concentrara mi vista en las piedras del sendero, lo cual ocasionó que me llevara por delante muchas ramas con espinas con el cuerpo y la cara). Lamentablemente un tiempo después nos equivocamos de senda y nos pasaron algunos equipos que tomaron la delantera del pelotón a un ritmo un poco más bajo.

Antes de llegar al camino a La Bodeguita (iban recién unas 3,5 horas de trekking) ya encontramos equipos con problemas de deshidratación, a algunos de los cuales auxiliamos con agua y gatorade. Luego nos enteramos que ya en esta etapa se produjeron las primeras deserciones.

A esta altura el dolor en mi tobillo derecho era cada vez más fuerte, no podía evitar la renguera, y además del impacto físico que eso producía me afectaba mucho mentalmente, pues comenzaba a preguntarme si les iba a fallar a mis compañeros debiendo abandonar a tan poco de haber largado.

Una vez que llegamos al camino de ripio que lleva a La Bodeguita, tomé dos antiinflamatorios y nos impusimos un excelente ritmo a pesar de mi dolor. A las 5 horas 45 minutos de marcha, encontramos el primer cruce de río, en el que paramos unos 15 minutos para reponer agua en las camelbacks y para que yo me ponga una tobillera de neoprene. En mi caso me descalcé para cruzar el río pues no quería mojar las zapatillas y medias, ya que tenía miedo que al enfriarse el tobillo no pudiera soportar el dolor.

Ingrata fue la sorpresa cuando a los 10 minutos de haber reiniciado la marcha nos encontramos con otro cruce de río, y ya no estaba dispuesto a descalzarme nuevamente. Frente a esto, Sebastián le dio su mochila a Tony y me cargó en sus espaldas de manera de proteger mi tobillo.

Unos metros más delante de nuevo el río, pero ya decidí mojarme. Igual el gesto del cruce anterior sirvió para alimentar el tan importante espíritu de equipo, lo cual siempre viene bien.

Entre los equipos que pasamos encontramos a Polenta I, de Federico Sisto, con quien habíamos compartido una accidentada jornada de entrenamiento en Tucumán y ahora venía sufriendo una fuerte diarrea.

Finalmente, a las 2:15 hs. y después de casi 8 horas de trekking llegamos al PC2 en relativamente buenas condiciones y habiendo recuperado muchos puestos, pero sintiendo el frío de la noche.

El primer descanso

Decidimos parar una hora para recuperar temperatura en las bolsas de dormir y comer algo. Habían allí un par de carpas armadas y también mucha gente durmiendo al aire libre. Sebastián y Tony se durmieron de inmediato, mientras que yo decidí primero comer y luego me metí en la bolsa de dormir, pero a revisar el mapa cartográfico y el instructivo de la competencia y a tomar nota de un resumen de lo vivido hasta allí.

Cuando terminé, no quise dormirme pues tenía miedo que no nos despertáramos a la hora prevista, por lo que simplemente disfruté de la luna y la noche.

Un rato después sentí la voz de Federico Sisto, a quién llamé para saludar y me alegró saber que había superado su problema.

A la hora de haber parado desperté a Tony y Sebastián, esta vez comieron ellos y después de una parada de 1 hora 15 minutos, retomamos el trekking a las 3:30 hs. con el físico y el espíritu totalmente renovados.

Sigue el trekking

Salimos de La Bodeguita a las 3:30 hs. tomando Tony la punta, siguiéndole yo y Sebastián al final. Desde allí había que seguir el curso del río El Tunal hasta la Ruta 47 y luego subir unos 2 kilómetros hasta el PC3 (que estaba en Salta Rafting), donde había control médico y parada de una hora obligatoria. De acuerdo a nuestros cálculos, habíamos recorrido unos 45 kilómetros desde la largada hasta La Bodeguita y faltarían unos 25 kilómetros desde allí hasta el PC3, lo que nos llevaría entre 4 y 5 horas según la dificultad. Esta era nuestra estimación, independientemente que el responsable del PC2 nos dijo que faltaban unas 6 horas, ya que habían sido tan malos los cálculos de tiempo dados hasta ahí que confiábamos más en los nuestros propios que en los de la organización.

Pensando en esas 4 a 5 horas y considerando que estábamos enteros (mi dolor en el tobillo había prácticamente desaparecido), imprimimos un ritmo muy bueno al descenso por el lecho del río (al que cruzamos infinitas veces), disfrutando la luz de la luna y su reflejo en el agua cuando quedaba de frente (el único que usó la linterna fui yo por temor a otra torcedura).

Era muy estimulante ir recuperando posiciones (durante las primeras 4 horas pasamos a 7 equipos), ya que confirmaba que veníamos con buen ritmo. Y encima nos sentíamos enteros... El ánimo estaba muy bien, el amanecer fue muy lindo y no paramos nunca, excepto para tomar algunas fotos o recargar agua.

Nos pasó uno de los equipos al que habíamos auxiliado con agua cuando uno de sus integrantes se había deshidratado (eran de La Plata) y por ellos nos enteramos que 18 equipos ya estaban fuera de carrera, y que La Felucha Team venía muy demorado por problemas de ampollas en los pies. Mejoramos el ritmo para que no se nos alejaran los platenses y compartimos con ellos un buen tramo (además de nueces y frutas secas), hasta que finalmente los dejamos atrás. Dudábamos si Bernardo y sus hijos venían adelante o atrás nuestro, pues nos podrían haber pasado cuando perdimos la senda.

Ya era de día y yo venía en la punta desde que había salido el sol, pero el reloj avanzaba, el ritmo se hacía difícil de mantener y la ruta 47 nunca llegaba. Siguieron pasando las horas y decidimos bajar el ritmo (o mejor dicho no pudimos mantenerlo). La mente comenzaba a jugar un papel más importante que el físico. Continuamos recuperando posiciones y percibíamos en cada equipo que pasábamos la misma sensación de imposibilidad de soportar un minuto más ese río.

A esta altura venía con problemas físicos Sebastián, ya que tenía una gran irritación en sus piernas que hacía que cada paso le costara y podía mantener el ritmo solo gracias a su gran fuerza mental.

Para colmo de males, cuando ya la pelea por mantener el espíritu se volvía más y más brava, me doy cuenta que en la última parada a cargar agua me había dejado la máquina de fotos, por lo que Tony y Sebastián se quedaron esperando, yo me saqué la mochila y fui trotando río arriba hasta recuperarla. Volví también trotando pues creía que cuanto más tiempo estuvieran parados los otros dos, más riesgo de calambres tendrían. Esto nos significó otro retraso de unos 15 o 20 minutos y un desgaste adicional.

Finalmente llegamos al camino, y los últimos 2 kilómetros resultaron más fáciles pues sabíamos que estábamos a un paso de terminar exitosamente la primera parte de la competencia. Las últimas dos horas de río fueron muy sufridas justamente por la incertidumbre de no saber nunca cuánto faltaba, y de creer siempre que después de cada curva debía estar la ruta, pero en lugar de ello nos encontrábamos con una nueva desilusión y “más río”.

Al avanzar por el camino pasó un auto que nos convidó agua mineral fresca (¡la botella estaba transpirada!), la que disfrutamos enormemente. Era casi el mediodía y el sol pegaba realmente fuerte (ese día la temperatura llegó a 41° C).

Llegamos al PC3 a las 12:05 hs., después de casi 17 horas con solo un descanso de 1 hota 15 minutos. Estábamos exhaustos pero felices. Nos dijeron que habían llegado menos de 60 equipos, lo que significaba que habíamos recuperado casi 30 posiciones. Allí nos encontramos con Bernardo, que nos contó que habían abandonado la noche anterior en La Bodeguita, y nos felicitó pues éramos el equipo tucumano que mejor venía.

Control médico

Pasamos al control médico obligatorio. Nuestros valores de temperatura eran altos pero normales (37,4° C) y Tony tenía la presión un poco alta pero también dentro de lo esperable dada la exigencia de la competencia. Nos recomendaron una mayor hidratación y de allí pasamos al control de las mochilas. En ese momento Tony sufrió una descompensación y perdió el conocimiento por un instante. Lo atendieron los médicos, quienes dijeron que no había que preocuparse y que había sido producto de haber tomado mucho líquido de golpe después de semejante esfuerzo.

Una vez recuperado Tony decidimos descansar 2 horas. Sebastián cocinó un exquisito arroz con atún que nos vino muy bien y nos hidratamos todo lo que pudimos. A las 2 horas Tony se hizo revisar nuevamente y con el visto bueno del equipo médico y sus ganas de superarse continuamos la carrera.

Coastering y river cross

Dejamos el PC3 a las 14:00 hs. partiendo rumbo al PC4, desde donde salía el rafting. Esta etapa era de coastering por el río Juramento, caminando con el agua hasta arriba de las rodillas sobre un fondo de piedra bola con mucho musgo, lo que hacía que de vez en cuando perdieramos el equilibrio y cayeramos al agua.

Al principio nos vino bien pues nos sirvió para bajar la temperatura del cuerpo, pero una vez más, con el paso del tiempo, se volvía más y más duro pues parecía que no se llegaba nunca; hasta que en algún momento encontramos una senda paralela al río que nos llevó hasta el PC4. Allí estaba el equipo Polenta III, con el cual compartimos la balsa (el rafting era con dos equipos por balsa y un instructor que comandaba).

El caudal del río era muy bueno, así que el rafting fue divertido y “reparador”. Llegamos al PC5 a las 16:50 hs. Allí estaba previsto continuar con un nuevo coastering hasta el PC6, donde era la salida del river cross. Pero ese coastering nos tomaría unas 5 horas, y nos informaron que la salida del river cross era hasta las 19:00 hs., por lo que ambos equipos decidimos salir al camino y buscar alguien que nos acerque hasta ese punto, a pesar que eso implicaría alguna penalización

Allí nos planteamos la posibilidad de no hacer el river cross y continuar directamente con las bicicletas. Finalmente, decidimos hacerlo -yo personalmente tenía muchas ganas- y salimos al camino, donde encontramos al omnibus del Salta Rafting, que nos acercó hasta el PC6. En esos 10 kilómetros de trayecto, recogimos a muchos equipos que iban caminando por la ruta, ya que salvo los primeros los demás omitieron ese coastering final. En el trayecto hubieron muchas quejas contra la organización. Hay que destacar también que algunos equipos no quisieron subir, aún sabiendo que no llegaban a la etapa del river cross. Luego comprobamos que en algunos casos lo hicieron a propósito para evitar la etapa y el enfriamiento, cosa que es por cierto lícita. Quizás fue un error nuestro el haberlo realizado.

Una vez en el PC6 recogimos nuestras cámaras y nos lanzamos al río a las 18:00 hs. Al principio fue muy divertido pero la temperatura del agua -que estaba muy fría- comenzaba a hacer mella en nuestros cuerpos y a los 20 minutos ya deseábamos que termine, aunque sabíamos que quedaba más de una hora todavía. (En realidad esta etapa debía ser de unas 3,5 horas pero por el horario la redujeron a 1,5 horas ya que se hacía de noche).

Para colmo de males, cuando ya el river cross se volvía desesperante por el frío, en un momento choqué contra una roca y para evitar que la cámara se me escapara tuve que hacer un movimiento brusco con las piernas, lo que me causó un principio de calambre que por suerte pude controlar, pero quedé preocupado pues había quedado último y si algo me pasaba no había quien me auxiliara. Al final por suerte enganché una buena corriente y me acoplé nuevamente al grupo, lo cual me daba tranquilidad, aunque el sufrimiento por el frío sinceramente continuaba.

Después de 1 hora 30 minutos llegamos al puente de La Troja, donde luego de firmar lo que fue nuestra última planilla de control, nos dijeron que en aproximadamente 2 horas nos trasladarían en vehículos al lugar donde estaban las bicicletas. Eso, sumado a que nos resultaba imposible recuperar la temperatura del cuerpo nos hizo pensar en la posibilidad de abandonar, máxime teniendo en cuenta que no teníamos ropa seca ni comida, y por lo tanto podíamos terminar con hipotermia, situación que posteriormente afectó a más de un competidor.

Además, en nuestro caso particular nos preocupaba la descompensación que había sufrido Tony al mediodía y el hecho que no contábamos con la radio VHF, por lo que si se repetía en el trayecto de la bicicleta no tendríamos como avisar a la organización.

La decisión

Después de una larga y algo dura deliberación (yo quería continuar pues estaba convencido que los tres nos encontrábamos en condiciones de hacerlo), tomamos la decisión más responsable y abandonamos. Eran las 20:30 hs., le comunicamos la decisión al responsable del PC, y nos llevó a Salta Rafting una señora que muy amablemente nos permitió subir a su auto a pesar que estábamos completamente mojados.

En el trayecto, de unos 35 kilómetros, impactaba ver las caras de esfuerzo y sacrificio en los integrantes de algunos equipos que peleaban con sus mountain bikes contra la pendiente del camino y el desgaste de más de 25 horas de sacrificios extremos.

Por nuestra parte, el único esfuerzo que hacíamos en ese momento era el de permanecer despiertos y poder mantener la conversación con esta señora y su hijo.

Llegamos a Salta Rafting (donde estaban nuestros containers), nos pusimos ropa seca, armamos nuestra carpa, nos “desquitamos” con una sandwich de milanesa y un par de cervezas, y dormimos hasta las 7 de la mañana.

A esa hora me encontré con Federico Sisto, que se alistaba con su equipo para encarar el resto de la competencia, y si bien me contaron del esfuerzo que fue llegar con las MTB hasta allí, se los veía con el ánimo totalmente renovado por lo que no dudé que llegarían hasta el final. Eso me causó una gran alegría. Le di un abrazo, le deseé suerte y los envidié sanamente.

A partir de allí, el resto fue compartir experiencias con otros equipos que habían abandonado, alegrarse y alentar al ver a cada uno de los que todavía arrancaban la última etapa, revisar mentalmente nuestro desempeño y tratar de hacer un balance de todo lo vivido, el cual aún no podemos cerrar, pero que sin dudas es altamente positivo.

Conclusiones

La experiencia fue extraordinaria. La verdad es que a todos aquellos que como nosotros aman el deporte, la naturaleza, la aventura, pero sobre todo ponerse metas cada vez más difíciles y tratar de superarlas, les deseo que puedan participar alguna vez de desafíos de este tipo.

Párrafo aparte merece toda la etapa de preparación anterior a la competencia, el haber tomado la decisión de participar “en caliente” después de haber corrido el Rally Transmontaña de mountain bike a fines de agosto, y el haberla revisado más de una vez “en frío”, sobre todo cuando escuchábamos las opiniones de nuestras mujeres y de algún médico amigo; hasta que finalmente decidimos consultar con un especialista en deportología, hacernos todos los chequeos previos y una vez superados estos recién ratificar nuestra inscripción y contratar su asesoramiento permanente hasta la competencia, de manera de poder encarar tamaño desafío sin correr riesgos.

La etapa de entrenamiento fue también enriquecedora. La disciplina y el sacrificio de entrenar solos durante prácticamente todos los días de semana, el encanto de las aventuras en equipo con jornadas de hasta 14 horas los fines de semana por distintos lugares de los cerros tucumanos y salteños, las reuniones para tomar decisiones, el ver como se consolidaba el equipo, etc., etc...

En definitiva, nos queda la satisfacción de haber encarado un enorme desafío de una manera muy responsable, con una excelente base de entrenamiento y nutrición, de haber logrado que el equipo funcione como tal, de haber rendido muy bien -superando nuestras expectativas- mientras estuvimos en carrera, y de haber dado “más de lo que podíamos” en las etapas que hicimos.

Como sabor amargo en lo personal me queda el no haber podido continuar, ya que como dije más arriba estoy convencido que los tres dábamos para más (por lo menos para terminar la etapa de bicicleta, el rapel, y las 10 horas que restaban del trekking. No sé si hubiéramos podido con los 30 kilómetros de canoa).

De todos modos, no dudo que pronto tendremos la oportunidad de tomarnos revancha y que la podremos aprovechar, ya que esta vez contaremos con el “valor agregado” de la primera experiencia.

 

 

Nota:

e-mail: fghamilton@arnet.com.ar

Toda la información del Circuito Peugeot Eco-Adventure 2002 está en el Informe Especial que se publica en el portal.



Copyright 2000 - 2007 Aventurarse.com

info@aventurarse.com




Carreras de Aventura por país