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Vuelta por los Valles Calchaquíes 2002, parte III
Juan Alberto Galmes - Aventurero

Jueves 14 de febrero de 2002. Cuarto día de esta travesía entre Salta y Tucumán, con la increíble compañía de mis dos hijos. Los primeros tres días nos habían deparado bellas experiencias y otras no tanto, como las reiteradas pinchaduras que sufrimos durante el camino. Esta nueva etapa sería, como se dice, el día "D". La idea: unir Amaicha del Valle, donde nos quedamos al final del relato anterior, con Tafí del Valle. Primero deberíamos pedalear unos treinta kilómetros en continua subida, hasta alcanzar el Abra del Infiernillo, a 3065 metros sobre el nivel del mar, para luego bajar unos 22 kilómetros hasta Tafí del Valle, o simplemente "Tafí".

La noche anterior decidí madrugar un poco más, pues no quería que nos agarre el mediodía en plena trepada. La incidencia solar a mayor altura no perdona. Además, temíamos la posibilidad de que alguno de nosotros se apunara.

Me levanté a las 6:30 de la mañana y, sin despertar a los nenes, me puse a acomodar las bicis con todas las alforjas, me cambié y les dejé la ropa larga preparada. Doña Juana, nuestra anfitriona, ya había madrugado y se encontraba en su quinta pelando duraznos para hacer mermelada y ponerla en frascos, como me había anticipado.

Una vez levantados los "purretes", nos despedimos de la amable mujer y, tras una foto compartida en el frente de su casa en Amaicha, partimos a una nueva aventura sobre ruedas. Pero antes de lo más exigente, salimos a la ruta y paramos en una estación de servicio para desayunar algo con muchas calorías: café con leche, alfajores de miel de caña y jugo de frutas. Sabía que nuestros cuerpos agradecerían ese combustible en los treinta kilómetros de subida que nos esperaban.

A las 07:50 comenzamos otro día espléndido de pedaleada, con un cielo bien celeste. El sol había salido hacía rato. Una de las primeras cosas que hice es mirar hacia la zona más alta; allí, por donde deberíamos pasar. A diferencia del día anterior, se veía claro y despejado.

A las 08:47 pasamos el primer pueblito: Ampimpa. Kilómetros más adelante, se encuentra el observatorio que habíamos visitado la noche anterior.

Todo lo que sube baja

Desde la salida de Amaicha, los tres ponemos nuestras bicis en relación plato 1 - corona 2, y le damos duro y parejo. Parecemos hormiguitas. Vamos despacio, pero así avanzamos. Les sugiero a los nenes que disfruten el paisaje en la medida de lo sea posible, sin apuro, y que siempre respiren por la nariz. Algunas son rectas largas y por supuesto en subida, lo que hace que el asunto se ponga algo monótono. Es por eso que aprovecho y hago algunas paraditas técnicas, más que nada para que los pibes "no me aflojen". En una de ellas, volvemos nuestra vista a lo ya hecho y vemos a Amaicha allá, cada vez más abajo, más chiquita y lejana. La vista es muy tranquila y bonita.

Siempre en subida, arriba el asunto es un poco más entretenido, ya que hay algunas curvas y contra curvas y vamos ganando altura. Es como si fuéramos dejando un gran valle, para pasar a otro. Hay algo de tránsito, pero todos conducen lenta y respetuosamente.

En algunos tramos pienso que no vale la pena "matarse" pedaleando, ni siquiera en piñón 1 - corona 1, y les indico a los nenes que se bajen, y caminamos un poco. Hasta que a las 12:07 llegamos a El Infiernillo. Habíamos hecho 29,11 kilómetros desde Amaicha y estábamos en el tope de nuestro paso por la montaña.

A pesar que el sol ya aprieta bastante, y nuestras caramañolas están sin una gota, nos mostramos tranquilos y dispuestos a aguantar un poco más. Sabemos que hasta Tafí no debemos pedalear más, ya que es todo bajada.

Desde El Infiernillo, unas últimas subiditas y luego unos cuatro kilómetros más de pedaleo; pero llegamos a una meseta que preanuncia lo que se avecina: ¡una bajadita de aquellas!

¿Qué se puede decir de la bajada hasta Tafi? Primero voy adelante, más que nada para ir "descubriendo" el camino y anticiparles a ellos, ante un eventual peligro. También eso me permite escudar un poco a los nenes, en lo que al tránsito se refiere. Cada tanto yo hago una parada al costado de la ruta y disfruto verlos venir desde allá arriba. Hay que verles las caras de emoción, al bajar sin pedalear tantos kilómetros. Sin dudas, es para ellos la primera gran bajada en bici de este viaje. Pero es, además, la primera gran bajada en sus vidas.

La nueva Tafí del Valle

Llegamos a Tafí del Valle a las 13:48, con mucho calor y sol. Descansamos y luego almorzamos empanadas y milanesas napolitanas, con una gaseosa bien fresquita. Luego de preguntar en la Oficina de Turismo, donde nos indican que debido al comienzo inminente de la Fiesta del Queso no hay muchos lugares disponibles y que encontraríamos lo más económico en el auto camping Los Sauzales, nos dirigimos algo cansados a 400 metros de allí, donde alquilaríamos una cabañita por 20 pesos el día. Apenas llegamos, nos tiramos vestidos a las camas donde dormitamos una especie de siestita. Dentro de la cabaña sentimos llover, y sí: se había largado con todo. No obstante eso, nos bañamos, nos cambiamos, y en plena lluvia salimos a recorrer Tafí del Valle.

En Tafí del Valle habíamos estado de vacaciones hace ocho años, cuando ellos eran muy chicos. Puedo asegurarles que si bien el mapa urbano pareciera ser el mismo, Tafí ha cambiado muchísimo. La década de 1990 la llenó de locutorios, remises, parrillas y muchos pero muchos autos; y no sólo de muchos turistas, sino también de gente de la propia Tucumán.

Por la noche continuamos caminando, charlamos con las personas del lugar y luego cenamos unos buenos platos de exquisito locro. Después, otra pequeña caminata y al camping a dormir. Nos faltaba nada más la última etapa del viaje, hasta San Miguel de Tucumán. Esto se estaba acabando.

-Distancia recorrida en el día: 56,54 Km.
-Tiempo de pedaleo en el día: 5 hs. 21 min. 25 seg.
-Velocidad Promedio: 10,5 Km.

Pedaleando bajo la lluvia

A media mañana nos encontramos entre las calles Gobernador Critto y Juan D. Perón, en Tafí. ¿Dónde? En una panadería, en la que además ofrecen desayuno, así que nos despachamos con café con leche y medialunas. La mañana amaneció con llovizna, que desde que dejamos el camping no paró en ningún momento. Mientras desayunamos, observamos a través de los vidrios y, no con mucho agrado, veo que entre los cerros todo está muy gris y tirando a negro. Intuyo que esa llovizna parará. Es más, se nos viene esta última etapa, muy seguramente, con lluvia.

Si bien llovía, lo hacía en forma de llovizna. Al mojarnos, mientras pedaleábamos el mismo viento nos iba secando. Por otro lado, las alforjas todavía aguantaban (no habíamos llevado bolsitas de consorcio). Pero a medida que nos alejábamos de Tafí e íbamos acercándonos al dique La Angostura el asunto se puso más copioso, así que ahí nomás, a un lado y debajo de un árbol, nos vestimos con equipo impermeable del tipo "rompe viento", pero sólo en la parte superior del cuerpo.

A medida que avanzábamos, por momentos llovía fuerte, pero a Dios gracias la mayor parte del tiempo era simplemente llovizna, aunque un poco intensa. Desde Tafí y hasta El Mollar, infinidad de sapitos pequeños se cruzaban en la ruta. Muchos de ellos, lamentablemente, quedaron inmortalizados para siempre debajo de nuestras cubiertas. No podíamos evitarlo. Pedaleamos en silencio, en fila india. Se sentía el ruido de la lluvia sobre nuestros pilotines. La ruta es recta y tranquila. A nuestra izquierda las montañas, a nuestra derecha y debajo el dique La Angostura, hermoso espejo de agua en las alturas de Tucumán. En la costa se pueden ver algunos pescadores, que prueban suerte con truchas, percas o tal vez pejerreyes.

Luego pasamos a un lado del parque de Los Menhires, donde arriba de una montaña en particular se encuentran estas piedras gigantescas de granito, talladas hace siglos por habitantes de los Valles Calchaquíes. Pasamos y paramos en la entrada que lleva a otro pueblito que está al lado de la laguna. Se trata de El Mollar. Hicimos, desde Tafí hasta allí, unos 9,56 kilómetros en treinta y cinco minutos.

A partir de ese lugar la pendiente resultó muy pronunciada. Los tres circulábamos a plena velocidad bajo la llovizna intensa. No había mucha visibilidad hacia delante, aunque sí en la ruta. Las nubes se metieron dentro del valle y entre las montañas y los nenes y bajábamos con cuidado, aunque a buena velocidad y "clavando frenos", para aflojarlos luego en las rectas. Luego, ante cada nueva curva, otra vez les dábamos puntazos en forma pareja a los dos manillares, siempre respetando el no salirnos de nuestra derecha y mano respectiva, ya que uno nunca sabe qué vehículos pueden venir de frente. En más de una oportunidad apareció alguno de golpe, detrás de una curva de montaña.

En un momento la lluvia se volvió intensa. Les dije a los nenes que sigan un poco más, hasta encontrar algún lugar donde guarecernos, ya que disponíamos sólo de piedras y frondosa vegetación, pero de ambiente húmedo y mojado. De pronto, ante nuestra vista aparece un puestito de venta de artículos regionales y de "tiro" paramos y nos ubicamos debajo del alero del mismo. Sirvió la oportunidad para conversar con su dueño, comprarle y degustar unos ricos caramelos de miel de caña. Estuvimos unos 40 minutos allí, hasta que vimos que había cesado lo suficiente la lluvia, como para seguir viaje.

Objetivo a la vista

Estábamos a 20 kilómetros de la Estatua del Indio. Las bajadas siguieron espectaculares. Sentíamos ruido a caídas de agua de pequeñas cascadas, desde la montaña y también del río que corría abajo. Julián me indicó que la manija del freno estaba floja. Al verla, me dije: "uy, ¡sonamos! Se cortó el freno". Pero no. Su freno trasero se había gastado por completo. Las zapatas de goma, literalmente, se le habían "derretido". La llanta trasera era todo un gran líquido negro. ¡Pobre Julián! Se ve que venía clavando freno a lo loco. Enseguida, regulé el registro de ese freno, para aprovechar los últimos milímetros de goma, y opté por conducir la bicicleta de él y, por supuesto, ofrecerle la mía.

Al llegar al famoso Monumento al Indio, lo que siguió después sólo fueron pendientes pero mucho más leves, más suaves y de rectas más largas. A las 14:30 paramos en Santa Lucía, a 53,72 kilómetros de Tafí del Valle. Allí almorzamos. Todavía llovía. Este pueblo tuvo por las décadas de 1970 y 80 un ingenio azucarero que funcionaba a full, y donde trabajaban muchísimas personas. Hoy, en el lugar, sólo se cultiva y produce el limón.

Desde este último pueblo tomamos la Ruta 344. Todo el trayecto se presentó a partir de ahí llano y, poco a poco, la lluvia paró. Pasamos por otros pueblos. Primero, Teniente Berdina y, más tarde, a las 15:16, uno bastante grande, Famailla, que es también cabecera de partido. A las 16:15 pasamos por Villa Reducción y, como en todo ingreso a una gran ciudad, y muy próximos a la capital, San Miguel de Tucumán, el tránsito vehicular comenzó a resultar una verdadera preocupación. Allí la ruta es angosta, con muchos camiones con acoplado y micros de larga distancia.

Poco después llegamos a San Isidro de Lules, tierra natal de "Palito" Ortega. Paramos en una estación de servicio y le pregunté al playero por otra alternativa con menos tránsito para llegar a la capital tucumana. Este me indicó entonces que lo más tranquilo sería tomar la Autopista 380, más ancha y con menos vehículos. Para eso debía apartarme de San Isidro de Lules unos cinco kilómetros.

Así lo hicimos, bajo un sol que increíblemente, en el "bajo" donde nos hallábamos, nos estaba achicharrando. Después de una mañana de pedaleo bajo la lluvia, andar por las montañas y bajar de ellas, parecía mentira estar pedaleando bajo semejante sol. Luego de unos 15 kilómetros por la autopista, a lo lejos y a la izquierda tuvimos ya a San Miguel de Tucumán a la vista.

La Casita de Tucumán

Hicimos el ingreso por la calle Jujuy. La entrada a la ciudad realmente es lamentable. El estado de esta calle es catastrófico. Perros muertos en las calles, bolsas de basura en cualquier lado, vidrios rotos por doquier. El asfalto, al parecer, como lo están arreglando está con un pozo en el medio, donde circulan los vehículos pesados entre charcos y "lagunas" de agua. A los costados, por donde vamos nosotros, una especie de cordón más calzada, donde convivimos con los carros tirados por caballos -nunca vi tantos en mi vida-, bicicletas y vehículos pequeños como motos, Fiat 600 y otros. Todos conviven en este pequeño sector, con riesgo de ser salpicados de manera ininterrumpida por los vehículos grandes que circulan por el pozo central. Para rematarla, de treinta semáforos que pasamos hasta llegar al centro, sólo funcionaban unos cinco, que son precisamente los cinco del centro.

Me preguntaba, tras recorrer esta provincia, porqué tanta decadencia, mugre y destrucción aquí, precisamente, donde tendría que estar todo perfecto como sí sucede en Amaicha y Tafí, que también son tucumanas. ¿Decisión política? Creo que no.

Me parece a mí, aquí no tienen nada que ver el FMI, Alfonsín o Menem. No hay que esperar que nadie haga las cosas primarias, el "ABC". Eso depende mucho de un pueblo y de la idiosincrasia del mismo, al margen sus recursos.

Superado este caos que fue el ingreso a la ciudad, les pregunté a los nenes qué les parecía si terminábamos oficialmente nuestro raid denominado "Valles Calchaquíes 2002" en la Casita de Tucumán, testigo de nuestra independencia como nación en 1816. Luego de tomar la calle Congreso, llegamos a la Casita de Tucumán a las 18:32, donde nos hicimos sacar una foto los tres, con nuestras bicis. El objetivo había sido logrado y muy bien. Unimos Salta con Tucumán. Unir estas dos provincias al norte de la Argentina, también fue la excusa para transitar a pleno los fascinantes Valles Calchaquíes, nada más ni nada menos, junto a mis dos hijos.

Como siempre, retorno a Buenos Aires con la sensación de haber estado en otro país. Conocer nuestra Argentina, pues bien, vale la pena. Recorrerla en bicicleta, mucho más.

-Distancia recorrida en el día: 113,34 Km.
-Tiempo de pedaleo en el día: 5 hs. 50 min. 59 seg.
-Velocidad promedio: 19,4 Km.

Datos finales del viaje Salta-Tucumán, "Valles Calchaquíes 2002".
Días: cinco. Desde el lunes 12-02 hasta el viernes 16-02-02.
Kilómetros totales: 445,31 kilómetros, a razón de 89 kilómetros por día.

 

 

Nota:

e-mail: amigosbicioeste@hotmail.com

 

Ver: Vuelta por los Valles Calchaquíes 2002, parte I
Ver: Vuelta por los Valles Calchaquíes 2002, parte II

Ver: Vuelta por los Valles Calchaquíes 2002, parte III



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