El Portal Latinoamericano de la Aventura y el Turismo

Suscribite
 
Elegí
Aventurarse
como página
de inicio

Agregá
Aventurarse
a tus favoritos

Recomendanos
a un amigo

Ascenso al Cerro Pico Franke - Noviembre de 2002
Claudio Fuentes
- Aventurero


El aire estaba enrarecido y cada vez faltaba más el oxígeno en nuestros pulmones. Ahí estabamos, en un alto del camino, sobre unas rocas donde apenas podíamos apoyarnos debido a la pronunciada pendiente de ascenso. Debía tomar una decisión muy importante: continuar solo el ascenso o bajar rápidamente pues mi compañero de equipo se encontraba visiblemente extenuado y afectado por el mal de altura. Miré el altímetro de mi reloj y marcaba 4250 metros sobre el nivel del mar, el viento era muy frío cuando soplaba en ráfagas rugientes pero luego se detenía y todo parecía apacible. Después de todo yo estaba acostumbrado a tomar decisiones rápidas e importantes en mi profesión como cirujano cardiovascular. Evalué rápida y friamente la situación de Javier: él me decía que sentía un intenso dolor de cabeza que no cedía con aspirina, tenía algunas náuseas y la fatiga había minado totalmente su voluntad. No tenía otros signos de alarma como edema periférico, tos, dificultad respiratoria, edema pulmonar, trastornos del equilibrio, etc. No había ingerido suficiente agua en las últimas 24 horas y mi diagnóstico de “deshidratación” era claro y había potenciado increíblemente la fatiga y los efectos de la altura. Mientras descansamos unos minutos, nos hidratamos convenientemente, conversamos, y de a poco fué mejorando su estado.

Pero de todas maneras la decisión estaba tomada: yo continuaría el ascenso solo, para intentar la cumbre y él, ahora más recuperado y tranquilo, descendería hasta el campamento “Las Veguitas” para reponerse. Me decía que estaba conforme con la altura obtenida, que lo había disfrutado mucho hasta que se comenzó a sentir mal pero que otra vez será… Me quedé tranquilo. No era la primera vez que estabamos en la montaña juntos y nos conocemos bien…

Todo había comenzado una tarde de octubre en un bar de la ciudad de Córdoba charlando con mi amigo Benjamín Bondone, abogado y experimentado montañista y buzo, que me decía que tenía ganas de volver al Cordón del Plata en Mendoza para subir “un cinco mil”, el Cerro Franke, que ya una vez no había podido coronar su cumbre creo, por razones climáticas. Me pareció simplemente fantástico poder acompañarlo porque quería seguir conociendo lugares y afrontar desafíos más interesantes. Había disfrutado mucho los ascensos al Champaquí, Mogote Mayor, Cerro de la Cruz, Uritorco, etc. en las sierras cordobesas y definitivamente me apasionó el montañismo al experimentar la sensación, hace un año, de conquistar la cumbre del imponente Volcán Lanin (3776 msnm), en Neuquén. Me entusiasmó tanto la idea que al dia siguiente invité a otro amigo y compañero, de mis caminatas por la sierras para que se sumara a la expedición. Javier Suárez, tal el nombre de mi amigo, es kinesiólogo y un gran deportista, demoró solo unos pocos segundos en aceptar y preguntarme ¿cuándo salimos? Fijamos la fecha de partida para el 16 de noviembre. Teníamos un mes por delante para prepararnos fisicamente, conseguir el equipo necesario y arreglar nuestras cosas para ausentarnos tres o cuatro días de nuestras ocupaciones.

Rumbo a Mendoza

La noche antes de partir y ya con todo listo, nuestro amigo Benjamín que oficiaría de guía en nuestra expedición nos informó que por impostergables problemas laborales de fuerza mayor no podría viajar. Lo lamentamos y con Javier no dudamos. Reorganizamos algunos problemas de distribución del equipo y al día siguiente al amanecer partimos rumbo a Vallecitos en auto.

Alrededor de las 14:30 hs. del 16 de noviembre de 2002 llegamos a la playa de estacionamiento en la zona del Ski Club Vallecitos (2900 msnm) donde dejamos el auto y aprestamos las mochilas para el ascenso.

No conocíamos el lugar pero habíamos recolectado abundante información y traíamos instrucciones precisas acerca de la ruta con un croquis que nos diera Benjamín antes de partir.

Allí conocimos a Hernán Waserman, un montañista de Buenos Aires que estaba llegando al lugar, y que se ofreció a guiarnos pues había venido varias veces a escalar en la zona. La gente que concurre a la montaña tiene esas cosas, conversamos un rato y pronto ya charlábamos como viejos amigos. Como Hernán estaba solo, se quedaría en el campamento con nosotros y así compartimos lindos momentos con él, habiéndonos apenas conocido, haciendo lo que nos gusta: subir montañas.

En camino

Comenzamos la senda por un camino de autos en mal estado, al lado de un Campamento de Vialidad, y luego por un sendero pedregoso que bordeaba un arroyo de aguas límpidas. El ritmo de marcha debía ser muy lento pues las mochilas cargadas se hacían sentir en nuestras espaldas y nuestras piernas estaban aún entumecidas luego de largas horas de viaje en automóvil. Al cabo de 1 hora y media de marcha se abrió ante nosotros un panorama impresionante. Ingresamos a un amplio valle, que como un Coliseo romano estaba rodeado por imponentes cerros con sus cimas nevadas. Arroyos cristalinos recorrían el verde suelo de la vega que lo hacían ideal para ser utilizado como sitio de acampe. Elegimos un lugar guarecido del viento por algunas enormes piedras y allí armamos nuestras carpas de alta montaña.

Mientras tomábamos unos mates y comíamos una picada de salame y queso que oficiaba de tardío almuerzo, Hernán nos explicó el nombre, las rutas, altura, etc. de los cerros que magníficamente nos rodeaban y nos hacían sentir pequeñitos ante tanta inmensidad. ¡Qué buen guía resultó nuestro amigo porteño! Así conocimos el Vallecitos, Rincón, Franke, Lomas Amarillas, Stephanek, Adolfo Calle, San Bernardo, El Plata (que aunque no lo veíamos, lo adivinábamos), etc. Hicimos unas cortas caminatas para ayudar a aclimatarnos mejor y planeamos nuestra ruta de ascenso para el día siguiente parados frente al Cerro Franke de 4900 metros para algunos y de 5100 metros para otros. Este cerro en realidad es como un contrafuerte del Cerro Lomas Amarillas que se ve más alejado hacia la izquierda del fondo del valle.

Caía la tarde y la temperatura descendió bastante, calculamos que debíamos ingerir de 4 a 4,5 litros de líquido por día a esta altitud (3200 metros) para mantenernos bien hidratados pues sabido es que el aire de altura es muy seco y uno se deshidrata con facilidad. Solo sentíamos un leve dolor de cabeza que por el momento se toleraba muy bien. Comenzamos a preparar la cena que fué un exquisito arroz con salsa de camarones y atún acompañado por jugo. Allí Javier me manifestó que no sentía muchos deseos de tomar líquidos pues estaba con náuseas y un poco de dolor de cabeza. Le dí una aspirina que lo calmó parcialmente. También le ofrecí algo para calmar el estado nauseoso con el objeto que pueda seguir ingiriendo líquidos pero no aceptó. Este fué un error que luego se pagaría caro, pues su ingesta líquida no fué la adecuada.

El tiempo pintaba bueno y todo hacía presumir que tendríamos un hermoso día de cumbre. Entre charlas y anécdotas de montaña nos fuimos a dormir. Hernán intentaría en solitario la cumbre del San Bernardo. Javier y yo saldríamos a las 6:00 hs. rumbo al Franke.

Hacia a la cumbre

Nos costó dormir pues durante la noche el viento se intensificó muchísimo y aunque teníamos una carpa de buena calidad tuvimos miedo de que no resistiera. Con el fondo sonoro del rugido del viento, furioso e ingobernable, nos fue ganando el cansancio y nos entregamos al sueño hasta que el relinchar del despertador nos indicaba que debíamos ponernos en marcha.

Desayunamos té caliente y azucarado con galletitas dulces y como el viento no cesaba, discutimos si arrancar o no. Nuestra inquietud pudo más. A las 6:00 hs. despertamos a Hernán en la carpa de al lado, tomamos nuestros bastones y las mochilas que solo tenían abrigo, botiquín, agua y alimentos energéticos de marcha y emprendimos la caminata hacia el filo que habíamos elegido para ascender. El amanecer se mostraba espléndido, los primeros rayos de sol teñían todo de un color naranja-amarillento y a medida que ascendíamos el panorama era sobrecogedor. Hacía frío y el viento por momentos nos hacía tambalear pero estaba despejado y solo algunas nubes altísimas que parecían pinceladas anaranjadas recorrían el cielo.

Caminábamos lentamente por un filo rocoso que cada vez se hacía más escarpado. El cansancio y la falta de oxígeno se hacían sentir. Solo podíamos dar unos pocos pasos y había que detenerse. Javier comenzó a fatigarse en demasía, a pesar de estar físicamente mejor preparado que yo y se quejaba de una persistente cefalea pulsátil que lo ponía muy nervioso. Rodeamos unas grandes rocas por la derecha e ingresamos a un interminable y desmotivante acarreo de piedras sueltas que nos exigió físicamente el máximo de nuestras fuerzas para poder superarlo. Las horas pasaban y la cumbre parecía alejarse cada vez más. Eran las 11:00 hs. y Javier muy extenuado me pide que siga solo pues él no podía más. Intente animarlo pero fué en vano. Nos apoyamos en unas rocas a descansar y finalmente decidimos que yo continuaría solo y él regresaría.

¡En la cumbre!

Me puse como límite las 15:00 hs. para llegar a la cima. Si no lo hacía hasta esa hora retornaría, pues no quería volver de noche. A lo lejos veía a Javier que bajaba a buen ritmo y divisaba a dos andinistas que venían subiendo aún más abajo. Mis botas no se cansaban de caminar y avanzar sobre las piedras. Me sentía muy bien, mi estado de ánimo era inmejorable. Quería esta cumbre y estaba decidido a dar lo máximo de mí para lograrlo. Atravesé unos manchones de nieve blanda donde me coloqué las polainas impermeables para no mojarme. Continué bordeando unas lomas rocosas por sobre la nieve y ya alcanzaba a divisar la cumbre. Tenía mi mente en blanco, solo me concentraba en donde debía dar el próximo paso y luego el otro… y el otro y así sucesivamente. Recordaba a mis seres queridos, a Marcela, que en mi imaginación me esperaba en la cumbre… De pronto el cielo se había cubierto y comenzó a nevar, así, de improviso. Aún tenía buena visibilidad. Decidí apurarme, solo faltaban unos pocos metros. Crucé otro nevé, trepé unas piedras y de repente: ¡no lo podía creer! Allí estaba, parado sobre la cumbre del Franke haciéndole señas a los dos andinistas que venían atrás mío y alentándolos en el último esfuerzo. Eran las 14:40 hs. y mi reloj altímetro-barómetro marcaba 5075 msnm con la presión en franco descenso.

Me abrazé con ellos cuando llegaron y nos felicitamos mutuamente. Eran dos mendocinos, conocedores del lugar. Me dijeron que lo habían cruzado a Javier mientras descendía y que estaba mucho mejor (es increíble como se empieza a mejorar al descender solo unos pocos cientos de metros). Hicimos unas fotos, miramos la cara sur del inmenso Cerro Plata y como el tiempo seguía desmejorando comenzamos, los tres, el descenso.

El final

Los mendocinos me llevarían por un camino distinto al de subida por donde iríamos más rápido. Al rato tomamos por un gran acarreo que se encontraba bien a la derecha del filo de ascenso y comenzamos a bajar “esquiando” en las piedras. Luego de unas tres horas desmbocamos en la zona de “Piedra Grande” donde encontramos una carpa con otros tres mendocinos que querían ascender al Cerro Vallecitos. Me informaron que habían estado con Javier en “Las Veguitas” y que ya estaba bastante bien, lo cuál me tranquilizó mucho. Nos despedimos y continuamos por la senda bordeando un arroyo y en una hora más estábamos en nuestra carpa. Invité a mis dos compañeros de descenso a tomar algo caliente pero una llovizna bastante molesta arreciaba y prefirieron seguir hacia abajo pues debían llegar esa noche a Mendoza.

Les agradecí la guiada en el descenso, intercambiamos direcciones de e-mail, nos despedimos y me desplomé en la carpa mientras tomaba té y comía algo, charlando con Javier que ya estaba bien repuesto. Esa noche cenamos “fideos al verdeo” junto con Hernán que había conseguido alcanzar la cumbre del Cerro San Bernardo escalando en solitario y entre risas y festejos nos dormimos hasta el día siguiente en que levantamos campamento y regresamos a Córdoba, previa pasada por la zona del Parque Provincial Aconcagua y la Laguna Horcones que serán seguramente los próximos lugares que visitaremos en esa hermosa provincia de Mendoza.

 

 

Nota:

e-mail: clafuentes@sinectis.com.ar



Copyright 2000 - 2007 Aventurarse.com

info@aventurarse.com




Carreras de Aventura por país