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Lanín Invernal 2002
Cristian Ferrari - Aventurero

La idea de subir el Lanín (3776 metros) durante el período invernal nació, a mediados de febrero, a partir de uno de los expedicionarios, Ulises Ielpo. Con él, nos acoplamos Valeria Damiani, Diego Castro y yo, todos miembros del Club Andino San Martín. Previamente, se informó vía e-mail la llegada de cuatro personas a la seccional Tromen de Guardaparques, con el propósito de ascender el cerro por su ruta Normal o Noroeste (vía Espina de Pescado). Tras el okay, en el que se detallaba la existencia de un metro y medio de nieve en la Seccional, a unos 1000 msnm, el guardaparques de turno, Nicolás Katuchin -a quien de aquí en adelante citaremos como "Nico"- nos informó "que está todo bien" y que nos esperaba con unos mates en su cabaña. Finalmente, tras veintidós horas de viaje, desembarcamos en Tromen a eso de las 7:00 de la tarde. Era el 14 de junio de 2002.

Preparamos el equipo y nos refugiamos en una casilla rodante, ofrecida por Nico. Tras una fría noche de -18° C., nos levantamos bien tempranito y con un cielo totalmente despejado y prístino iniciamos la marcha por un trabado bosque de lengas (esta vez acompañados por Nico, que subía hasta el refugio y bajaba en el día).

Caminar con raquetas hubiera resultado sencillo, pero no contábamos con ellas. La subida por debajo de la Espina de Pescado se presentó bastante empinada, por la nieve acumulada. Sin embargo, no nos pusimos los grampones en ningún momento, al menos durante este primer día de expedición. La pendiente se multiplicaba y no paraba de sumar grados a medida que ascendíamos y el ritmo de cada uno iba marcando las diferencias.

Cada tanto nos deteníamos a filmar, a tomar algunas diapositivas. Por suerte, el buen humor reinaba en todo el grupo y nos unía a tirar para arriba a pesar de la nieve que se ponía cada vez más dura y nos obligaba a tallar escalones con las botas. Finalizando la Espina, ya montados en la Canaleta y con más de seis metros de nieve consolidada bajo nuestros pies, iniciamos el trayecto final hacia el primer objetivo: El Refugio de Infantería de Montaña, a 2450 metros de altura.

Cuerpos agotados, mentes dispuestas

Felizmente, siete horas después de la partida, nos encontramos sanos y salvos en el viejo refugio del ejército, que para variar estaba lleno de nieve. Entretanto, Nico nos comentaba que desde principios de mayo nadie subía el volcán y nos relataba algunas historias fatídicas ocurridas años anteriores, accidentes y rescates hechos en la tan codiciada Vertiente Sur. Charlamos un rato más y decidió finalmente emprender el regreso. Ya eran las 6:00 de la tarde.

Nos tomamos una sopa comunitaria y aplacamos el hambre con unos "capelettinis". El M.S.R., nuestro calentador, no paraba de derretir nieve y nos abrazábamos a él. Por experiencia, bien conocemos los riesgos de una mala hidratación: la propuesta era beber y beber hasta completar los cinco litros diarios.

Con un cielo estrellado y sereno, nos preparamos para pasar una noche toledana y rezamos para que el clima no empeore. El duro día de trabajo lo sentimos todos, en nuestros cuerpos, sobretodo Valeria que estaba bastante agotada pues hizo esfuerzos de todo tipo para llegar al refugio.

Suena el despertador. Son las 6:00 de la mañana. Nos empezamos a mover rápidamente, ya que hay que fabricar agua, unos doce litros para los tres. Metida en su bolsa, Valeria toma la decisión de quedarse en el refugio a esperarnos. Evidentemente su condición física no mejoró mucho; y de acá en más el ascenso va a ser mucho más empinado y complicado; pero para ella va a haber otra oportunidad. El Lanín no se va a mover de ahí.

A las 9:00 salimos con un amanecer rojizo, contorneado con montañas y más montañas sobre el horizonte. Sobre un terreno virginal y la mirada puesta en las huellas, avanzamos muy rápidamente con los grampones bien ajustados y un bastón en cada mano (no usamos piolets).

A los 3000 metros, una parada sirvió para reponer líquidos; el día se presentaba ideal para escalar, casi sin vientos, sin nubes y con un sol a pleno. Decidimos no encarar directamente por la Canaleta (vía de acceso clásica) sino hacia la izquierda, por un sector llamado El Hombro. De esa manera, tomaríamos altura más rápidamente y nos hundiríamos menos en la nieve.

La perfección perfecta

Ya pasado el mediodía, la nieve se ponía cada vez más blanda. En ciertos sectores nos enterrábamos hasta las rodillas. Más adelante y arriba, atravesamos en diagonal el tramo superior de la Canaleta hasta arribar a unos 3500 metros en la base de una gran rampa natural, formada por la gran cantidad de nieve acumulada. El acceso iba a resultar sencillo por sobre la rimaya, pero deberíamos cruzar muy rápidamente, por el peligro potencial de causar un desprendimiento.

Al atravesar esta virtual puerta de entrada el entorno cambió notablemente. El hielo tomaba forma de coliflores, floreado y cristalino, escamado hacia el este por la acción del viento.

De repente, casi sin darnos cuenta, el viento nos golpea la cara como si nos estuviera dando la bienvenida. Y frente a nosotros la cumbre, la cumbre tan ansiada. El corazón estalla de alegría. Con las lágrimas pegadas a los párpados comparto la alegría con mis amigos de siempre. Atrás quedan el cansancio y la incertidumbre. La vista es imponente, la cantidad de cerros es impresionante. A lo lejos, el Tronador, Villarrica, Llaima; en silencio nos deleitamos con el paisaje que nos rodea... Son las 3:00 de la tarde.

Y allí estamos, en la cumbre, donde convergen todas las emociones, donde las amistades se unen, donde los sueños se hacen realidad; en fin, donde la perfección es perfecta. ¡Gracias Lanín!

 

Nota:

e-mail: maliferrari@hotmail.com

 



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