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Desafío Andes 2002: Paso Vergara

Mariano D´Alessandro - Experto Aventurarse

¡Fue una verdadera expedición! Después de casi un año de planear entre MTB Tours, Sampabikers de Brasil y NED de Francia, definimos un nuevo camino para hacer el Desafío Andes 2002, utilizando esta vez el Paso Vergara en lugar del Paso Pehuenche, ya que este último iba a estar comprometido y cerrado al tránsito a raíz de obras de refacción desde el lado chileno de la Cordillera. El uso de este nuevo Paso, que comienza en Las Loicas al igual que el Pehuenche, pero que termina en Curicó -el Pehuenche termina en Talca-, era toda una novedad, ya que habíamos organizado el Desafío Andes durante siete veces consecutivas sin cambiar el recorrido.

Obviamente, durante el relevamiento que hicimos antes de desarrollar la travesía con ciclistas, surgieron las comparaciones y llegamos a la conclusión de que ambos pasos tenían las mismas excelentes condiciones para ser recorridos en bici, aunque diferentes cualidades y virtudes.

Al margen del mal momento que vivía Argentina a principios de 2002, pudimos inscribir participantes argentinos, brasileños, belgas y franceses, que fueron llegando entre el jueves 31 de enero y el viernes 1 de febrero. Luego de la infinita cantidad de e-mails averiguando sobre las condiciones de seguridad en el país y la idéntica cantidad de respuestas en la que les transmitíamos la tranquilidad que sentíamos con respecto a nuestra seguridad en el medio de la cordillera, finalmente llegó el día de reunir a tan heterogéneo grupo.

El viaje fue espectacular en todo sentido, por lo geográfico, por el estreno de este nuevo Desafío Andes de 360 kilómetros en siete días y por la increíble emoción que sentimos por haber cumplido el sueño luego del octavo cruce de los Andes exitoso.

Cordillera de los Andes

Los Andes, como hemos visto en las clases de geografía escolares, son de formación "reciente" y todavía no han sufrido el desgaste de los agentes de erosión como otras cadenas montañosas. Se extienden desde el Sur de Chile hasta Venezuela y presentan uno de los picos más altos del mundo y el más alto de América: el Aconcagua, con 6959 msnm, desde donde se puede observar el Océano Pacífico en días despejados.

Los pasos cordilleranos se van sucediendo a lo largo de Sudamérica, siendo bajos en la Patagonia y aumentando su altura a medida que vamos hacia el norte. Generalmente, los pasos acompañan los valles verdes, donde los puesteros llevan su ganado a hacer la veranada, para engordarlos, y acompañan siempre a los ríos, que son alimentados por arroyos y vertientes. Estos arroyos pueden ser hilitos de agua o señores arroyos que hay que cruzar en la mañana, cuando el caudal disminuye a raíz del frío de la noche.

La cordillera es un lugar espectacular que enriquece nuestra región y nuestro planeta con su belleza, que en el verano del Sur cuenta con un clima seco, mucho sol y un promedio de 30° C durante el día y bruscos descensos hasta -5º C en las noches a más altura.

Los Pasos Pehuenche y Vergara son caminos poco usados todavía, aunque parte de las obras en Chile se están haciendo para pavimentar el primero y dejarlo como alternativa al Paso Las Cuevas, que al tener más de 3100 msnm suele tener problemas en invierno, al cubrirse velozmente de nieve.

El Paso Vergara fue utilizado por Ramón Freire, quien cruzó con una de las columnas del Ejercito Libertador, engañando al ejército realista que creyó que la columna del general rebelde componía todo el Ejército Libertador. Freire y su batallón sufrió muchísimas bajas e hizo un trabajo muy sacrificado, mientras otras columnas se adentraban en lo que luego sería territorio chileno liberándolo ante la falta de oposición.

La flora y la fauna son limitadas. La exuberancia no pasa por la cantidad de vegetación, que es más rala a medida que ascendemos. El animal distintivo de la región es el imponente cóndor.

La travesía

Una vez reunido el grupo, partimos en dulce caravana desde Buenos Aires hacia San Rafael, Mendoza, totalizando en ese primer tramo casi 1000 kilómetros de viaje. Los pobres franceses recorrieron en esa noche la extensión de su país completo. Miraban desorbitados cómo los kilómetros se sucedían sin llegar a destino. Argentinos y brasileños comenzaban la travesía como viejos amigos, superando con mucho humor cualquier pequeña barrera idiomática y disfrutando mucho las confusiones y palabras similares que tienen diferentes significados.

Los franceses, como popularmente se los conoce, miraban todo desde el pedestal de ser ciudadanos de primer mundo, refinados y elegantes. Al margen de las barreras idiomáticas, sólo hablaban con quienes hablaban su lengua, sin intentar experimentar con el inglés como último recurso.

En San Rafael tomamos un desvío y en vez de continuar hacia la cordillera, nos dirigimos hacia el Embalse Valle Grande, donde comienza el famoso Cañón del Atuel. Para estirar las piernas y dividir el tramo final de vehículo, hicimos una etapa de veinte kilómetros en bici y en ascenso, hasta la hora de almuerzo. Gran parte del grupo de franceses eran corredores a pie, lo que generaba un trabajo de logística muy preciso para que ambos grupos finalicen sus actividades en tiempos similares.

Luego de esos veinte kilómetros nos detuvimos a la vera del camino, junto al río Atuel, donde el chapuzón fue casi obligatorio. Cargamos las bicis, partimos hacia Malargüe, distante a 180 kilómetros, adonde llegamos un poco tarde ya que en El Nihuil tuvimos dos pinchazos con nuestro vehículo.

Esa noche, y luego de un asado, tuvimos la charla de bienvenida, en la que brindamos muchísima información, más un pequeño conjunto de reglas y recomendaciones. Nos fuimos a dormir ansiosos por lo que comenzaba al día siguiente.

Con Sampabikers venía Renata Falzoni, una conocida ciclista brasileña, quien iría grabando toda la travesía para una señal de cable deportiva de primer nivel. El material se emitiría luego en todo Brasil.

Primera etapa: Malargüe - Bardas Blancas

Nos levantamos a las 7:00 de la mañana. Las caras de cansancio de argentinos y brasileños contrastaban con el ánimo y el griterío de los franceses, en ese horario obsceno y casi desconocido para la mayoría de los latinoamericanos. Ya comenzaba a vislumbrarse que los sudamericanos seríamos como vampiros, disfrutando y viviendo plenamente alrededor de la medianoche, acompañados por un buen vino o una buena cerveza andina, mientras que los franceses a esa hora ya ni sabían su nombre y esperaban ansiosamente irse a dormir a las 22:00, para revivir nuevamente a las 6:30 del día siguiente.

Los primeros 35 kilómetros fueron muy tranquilos, casi un paseo, hasta llegar a la Cuesta del Chihuído, donde comenzamos un duro ascenso. A mitad del camino y en pleno ascenso hicimos una parada obligatoria, un poco para descansar y otro poco para observar los fósiles marinos y amonites que encontramos en una curva; fósiles que nos recuerdan que la Cordillera estuvo bajo el océano, algo increíble pero real.

Luego de subir toda la cuesta, nuestro restaurante móvil (el segundo vehículo de apoyo) en el que iban Juan, Lalo, Federico y Rolo, el equipo de apoyo y alma máter del buen servicio, nos esperaba con las mesas servidas y una media sombra que atenuaba el fuerte sol del mediodía. ¡Una atención cinco estrellas!

Luego del descanso y una breve siesta que nuestros amigos europeos no podían comprender, hicimos los 30 kilómetros siguientes, enfrentando un duro viento de frente hasta llegar a Bardas Blancas, donde nuestro equipo ya estaba preparando el campamento bajo una alameda. Disfrutamos el Río Grande bañándonos y descansando en la playa.

Allí había un barcito, que se llenó de brasileños y argentinos desesperados por la bebida oficial de la travesía: cerveza, por supuesto.

Segunda etapa: Bardas Blancas - Caverna de las Brujas - Las Loicas

El azul de esa mañana era notable y sin viento, lo que ayudaba al duro comienzo que tendríamos. Luego de las fotos de rigor, con bandera argentina y brasileña, partimos hacia la Caverna de las Brujas que se encuentra a once kilómetros y cuatrocientos metros más arriba, lo que nos obligaría a hacer un esfuerzo importante. Ya al pie de la caverna, luego de reunir a todo el grupo en el Parque Provincial, se unieron dos guardaparques que nos llevarían a conocer la caverna por dentro, contándonos su historia, composición mineral y leyenda.

Entonces, dejamos las bikes, cambiamos de tipo de casco, sumamos a nuestras cabezas una linterna frontal y llevamos un abrigo ya que la caverna tiene una temperatura estable de 12º C que contrastaban mucho con los 32º C del exterior.

En la tarde y luego del almuerzo y de haber descendido desde la Caverna hacia Bardas Blancas, en un frenético descenso completamos el recorrido hasta llegar a Las Loicas, el último caserío de frontera del lado argentino. Poco a poco dejamos lo que quedaba de Precordillera, para comenzar lentamente a adentrarnos en el cuerpo principal de la cadena montañosa.

Estos primeros días servirían para intentar romper el hielo con los amigos franceses, aunque a veces sin éxito, y para fortalecer una gran amistad y unión entre argentinos y brasileños.

Tercera etapa: Las Loicas - Río Montañés

Desde Las Loicas cruzamos el puente y comenzamos a pedalear en dirección noroeste, acompañando siempre al Valle Grande y dejando atrás el camino que se dirige a Talca a través del Paso Pehuenche. Ese día pedaleamos, cruzando arenales, evitando la parada de almuerzo, alimentándonos a barras de granola y bebidas isotónicas, hasta llegar a almorzar casi a la hora del té. Esa noche fue fría en lo que hace al clima, pero muy cálida y divertida desde la convivencia grupal. Argentinos y brasileños se juraban fidelidad eterna, la que ni el Mundial 2002 podría romper. En todo caso, lo único que podía romper esa amistad era la discusión sobre quiénes eran más bonitas: ¿brasileñas o argentinas?

Cuarta etapa: Río Montañés - Termas del Azufre

Otro día de belleza deslumbrante, más el desafío de comenzar realmente a trepar los Andes, superar casi quinientos metros de desnivel en casi cincuenta kilómetros, acompañando el Río Grande y su valle verde. Justamente, ese verde fue desapareciendo, mientras comenzamos a ver los picos nevados, los ocres y marrones, hasta llegar finalmente a las alucinantes Termas del Azufre. Estas se encuentran al pie de la montaña, bajo un glaciar inmenso y muy cerca del Volcán Peteroa, del cual observamos su fumarola de azufre. ¿Se imaginan ese lugar? ¡Siempre les pedimos disculpas a nuestros queridos ciclistas por los lugares a donde solemos llevarlos!

Estos baños son utilizados mayormente por ciudadanos chilenos, quienes se encuentran muchísimo más cerca que nosotros. Allí armó nuestro equipo de apoyo el campamento.

La recepción fue espectacular. Una vez allí, ya sabíamos que habíamos superado lo más difícil y que la cordillera estaba a mano. Luego de varias noches haciendo el baño polaco (se ruega escribir por mail para obtener más detalles sobre este estilo de baño) en las aguas de deshielo que bajan de la montaña, poder bañarse con agua caliente fue un placer extremo, indescriptible. Los pozos varían según su temperatura, el promedio esta en los 40 a 50° C.

Luego del baño, nos entregamos a la picadita, a las pastas y al vino tinto. Después pasamos al galpón que nos cobijaría y nos entregamos al baile. La gran sorpresa fue la llegada de un cantor chileno, llamado "El Profeta", que había venido desde Curicó para deleitar a la selecta audiencia. Quienes aún tenían energía, se quedaron bailando y disfrutando de la velada hasta que... ¡se acabó el combustible del generador y se apagó la luz!

Al día siguiente se escuchaban fresquitas las anécdotas de la noche pasada. Que Alejandra había evocado a Kim Bassinger en Nueve semanas y media, que Paulino esto, que aquél lo otro; se escuchaba también el sufrimiento de los trasnochadores, que tenían que subirse a la bicicleta para continuar la expedición.

Quinta etapa: Termas del Azufre - Río Teno

En esta etapa dejamos el territorio argentino para entrar en el chileno. Esa mañana hicimos aduana y documentación en el puesto de Gendarmería y pedaleamos por el camino que se había hecho muy arenoso, en esa pseudo planicie que debíamos recorrer hasta comenzar definitivamente el descenso. Pasamos por la placa recordatoria al General Ramón Freire, rodeando el Perfil Sur del Volcán, del que seguíamos viendo y oliendo su fumarola sulfurosa. Luego de ocho kilómetros llegamos a la placa de bienvenida al hermano país.

En ese momento el terreno cambió en un cien por ciento. Comenzamos a recorrer un "caracol" en descenso muy veloz, con paisajes, imágenes, emociones y sensaciones que sólo viviéndolas se pueden conocer y entender: ¡estábamos cruzando los Andes en bici!

Al final del caracol y luego de mil doscientos metros de descenso, nuestro vehículo de apoyo y el team de gourmets nos esperaba con una mayonesa de atún que era una delicia.

En la tarde, continuamos unos pocos kilómetros de descenso, pasamos por Pichuante, el punto de control de Carabineros de Chile, hasta llegar a nuestra última noche de campamento junto al Río Teno. Este río, muy veloz y caudaloso, se utiliza para entrenamiento de kayak y rafting de varios equipos olímpicos. Allí estábamos, tomando nuestra "ducha" diaria, luego de la elongación diaria, que nos permitía encarar cada día con mucha energía, habiendo limpiado nuestros músculos del ácido láctico que se concentra luego de esfuerzos intensos y prolongados. Esa última noche de campamento fue muy divertida, hasta los franceses se sumaron en el constante ping-pong de pavadas que salían de las bocas argentinas y brasileñas.

Etapa final: Río Teno - Curicó

Amanecimos con mucho esfuerzo y mucha fatiga. Estábamos a punto de superar los 300 kilómetros de recorrido cordillerano. Los músculos, las articulaciones, la ropa, hasta las partes menos nobles pedían vacaciones de verdad, aunque fuese un "poquinho" de pavimento. Y como somos generosos, luego de cincuenta y siete kilómetros de descenso y de haber pasado sobre una infinidad de serruchitos que dejaron su marca: ¡llegamos al pavimento!

Hubo escenas de emoción, ciclistas besando el asfalto, procesiones religiosas. Era un alivio indescriptible.

Pasamos por Los Queñes, acompañando siempre al Río Teno. Descubrimos los verdes, los pinares, el agua blanca que se escurría por la montaña, el paisaje que cambiaba nuevamente gracias a la mayor humedad del lado oeste de los Andes.

Hicimos los últimos kilómetros, entrando en lenta procesión a Curicó, ante las caras atónitas de los pobladores locales, que no entendían mucho. Poco a poco volvíamos a la ciudad, dejábamos la vida rústica pero valiosa y profunda de los Andes. Teníamos que habituarnos a los semáforos, las caras de preocupación de la gente en las calles, los bancos, los cajeros automáticos. Es increíble lo que siete días en la cordillera pueden hacer.

Finalmente, llegamos a la Plaza de Curicó. La rodeamos. Esos doscientos metros los vivimos en cámara lenta. Nuestro equipo de apoyo estaba parapetado detrás del vehículo de apoyo, alias "restaurante móvil". Mientras llegábamos y con sorpresa afirmábamos la distancia final que nos daban los odómetros (360 kilómetros) nos bañaron en champagne, en tanto nos confundíamos en un abrazo internacional lleno de emoción.

Almorzamos empanadas chilenas y cargamos las bicicletas en el trailer, para ir todos juntos al Hotel "El Descanso", un complejo de cabañas cuatro estrellas, con pileta que vino como anillo al dedo.

Esa noche concluyó oficialmente el Desafío Andes 2002. En la cena, realizada en el mismo hotel, cada participante fue homenajeado con una medalla recordatoria entregada por los miembros del equipo de apoyo. Luego fuimos a Santiago de Chile, donde el grupo comenzó a separarse, los franceses con su vuelo a París, nuestros vehículos de apoyo que retornaban a Argentina por el Paso Las Cuevas. Lo que permanece es el recuerdo imborrable de la experiencia vivida.



Galería Fotográfica del Desafío Andes 2002

 



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