El Portal Latinoamericano de la Aventura y el Turismo

Suscribite
 
Elegí
Aventurarse
como página
de inicio

Agregá
Aventurarse
a tus favoritos

Recomendanos
a un amigo


Los primeros aullidos
Hernán Cipriani -
Experto Aventurarse

Ya tenemos los cachorros aullando por todas partes. Me pasaría horas escuchándolos y viéndolos. Levantan sus hociquitos y con voz finita arrancan a coro. Siempre hay uno que arranca primero. Seguramente ese tendrá algún liderazgo sobre el resto de la jauría. Es decir, la voz de mando de la jauría. El primer impulso en general es reprimir esos aullidos. Error. Se están expresando... y si no dejamos que se expresen, no podemos iniciar el diálogo, entonces... ¿cómo haremos entonces para conocernos?

Soy de la idea de dejarlos lo más libres posible, al menos hasta que maduren y estén en edad de mantener cierto orden en la jauría. De esta manera se llegaremos a saber realmente cómo son. Cada perro, como cualquier ser vivo, nos irá develando sus características en la medida que los dejemos actuar. Si ejercemos un temprano control sobre ellos, sin dejar que pongan en evidencia lo que realmente y naturalmente son, nunca lo llegaremos a saber. O lo que es peor, nos podríamos enterar de ese temperamento en el momento menos oportuno, o cuando es demasiado tarde.

Ese temperamento que a veces no dejamos aflorar es una carga genética que tarde o temprano sale a la luz. Y cuanto antes conozcamos ese temperamento, mejor.

Los perros de trineo vivirán en jauría, así lo han hecho sus antepasados lobos, nómadas por excelencia. Cazan en jauría y se desplazan de igual manera. Son muy fieles a la jauría y si mantenemos a la jauría unida estarán mucho más a gusto y por lo tanto disfrutarán a pleno cada salida en grupo. Y de eso se trata andar en trineo con un grupo de perros. Disfrutar nosotros y que disfruten ellos.

A propósito de la fidelidad a su jauría, recuerdo un día en Caviahue, provincia de Neuquen, cuando me encontraba armando un tiro de 12 perros con los que recién llegaba de Buenos Aires, para quedarme toda la temporada trabajando en la zona. Dada la desesperación por correr que acumulaban desde que subieron al trailer -unas 30 y pico de horas antes-, antes que termine de cargar el equipo en el trineo cortaron el tiro central justo por la mitad.

Quedaron seis perros en el trineo y otros seis salieron corriendo solos por la ruta congelada, seguramente en dirección al refugio de piedra que habitualmente usamos como base en el centro de montaña. Apuré la carga y me dispuse a salir con los seis perros que aún estaban unidos al trineo. Al pisar la ruta levanté la vista y vi venir en mi dirección y a toda velocidad a los seis perros que habían salido un tanto anticipadamente. Estos se colocaron en sus respectivos lugares y, como si fuera un solo tiro, y de echo hasta que se corto lo era, comenzaron a correr junto a los otros seis.

En muchas otras oportunidades me ha sucedido que un arnés o un tiro individual se corten, y el perro, después de adelantarse unos metros, vuelva a su ubicación original para seguir corriendo como si aún continuara atado.

En la medida que los dejemos interactuar entre ellos, y que establezcan desde cachorros las distintas jerarquías, su comportamiento futuro será mucho mas tranquilo, y esto facilitará notablemente nuestro trabajo diario. Y nuestro humor. No es nada agradable estar continuamente ejerciendo de juez entre partes "perrunas", tratando de mitigar los ánimos en cuestiones jerárquicas habituales y sobre todo si los "litigantes" están en los 25 o 30 kilos de peso per cápita.

En cambio, cuando esas jerarquías se establecen a temprana edad, las cosas no pasan a mayores y el liderazgo de la jauría se establece en forma natural, simplificando notablemente las relaciones.

Ya tenemos a los perros conviviendo juntos, cosa inicial y primordial. Si tienen alrededor de dos meses o poco más, no deberíamos ponerlos a tirar de nada aún. Pero eso no quiere decir que no comiencen a trabajar. Tenemos que empezar a despertar lo primordial en un perro de trineo: El deseo de correr, o como dicen los americanos, "desire to run".

Eso será lo más buscado por un criador de perros de trineo. Poco importa que el perro sea blanco, negro, de orejas perfectas o bellos ojos celestes si no lleva en la sangre, a flor de piel, ese deseo de correr que lo diferencia de cualquier otro perro.

En ese deseo, a pesar de ser innato, debemos trabajar. Necesitamos despertarlo e incentivarlo aún mas. Esto lo lograremos en los primeros meses por medio del juego. Después de un tiempo de estar alimentándolos a diario, notaremos que nos siguen por todos lados, sin importar que sea la hora de comer o cualquier otro momento del día. Es ahí que debemos comenzar a salir con ellos a correr, llamándolos con la misma vos de mando que usaremos en el futuro para darles la señal de partida.

Lo ideal es realizar este trabajo en algún lugar distinto que el corral o sector donde están a diario. Puede ser en algún campo lindero o cercano al que podamos llegar corriendo sin tener que mover los perros en ningún vehículo o cosa demasiado extraña para su corta edad. Esto marcará una diferencia muy grande en la vida del cachorro. La experiencia de cambiar de lugar, recoger distintos olores, encontrarse con situaciones completamente nuevas y distintas hacen que estas primeras salidas dejen una marca en la joven jauría.

Por lo tanto debemos extremar las precauciones para que nada los atemorice y para que ganen confianza y seguridad en ellos mismos. Esto les irá forjando el valor que luego se verá reflejado en la montaña cuando deban afrontar las peores condiciones climáticas o las pendientes mas pronunciadas.

En estas salidas es donde debemos comenzar una aguda observación de cada cachorro de la jauría. Iremos descubriendo al que tiene más valor, al más osado, o al más tímido, que necesita que lo incentiven para que deje la seguridad de su corral, equivalente a su madriguera en la vida salvaje.

Todo esto lo volcaremos después en las posiciones del tiro. Seguramente los más osados irán al frente del tiro, mientras que los más tímidos en largarse solos hacia adelante irán atrás, como wheel dogs, donde seguirán las seguras huellas dejadas por los guías.

El tema de la observación de la jauría es fundamental. La mejor forma de corregir un error en un perro es adelantarse al momento en que éste ocurrirá. Parece cosa de brujo, dirán. Pero cuando conocemos en profundidad a nuestros perros y estamos acostumbrados al comportamiento de cada uno en especial, podemos anticiparnos a la reacción que tendrán ante determinado estimulo o acción.

Es el momento de indicar al cachoro, mediante una enérgica orden -más teatralizada que violenta-, el error cometido. Esto llamará enormemente la atención del perro, quien seguramente en una actitud de sumisión vendrá hacia nosotros con su cabeza gacha y tumbándose con la panza hacia arriba.

No debemos olvidar que si bien en la jauría hay un líder canino, nosotros debemos ser los líderes absolutos. Es una cuestión de suma importancia el ganar ese lugar, ya que de otra manera ellos escaparán buscando competencia con otro líder o, lo que es peor, mandarán ellos sobre nosotros. Ellos mandan o son mandados, no hay término medio.

En breve, al cabo de unas pocas salidas y si siempre mantenemos una rutina pareja, notaremos cómo esperan el momento de la salida más que cualquier otro. Ya no se contentarán con correr junto a nosotros si no que empezarán a alejarse un poco más, siempre hacia el frente nuestro. Esto indicará que ya están tomando confianza y que se está despertando ese deseo de correr tan buscado.

Ahora sólo resta tratar de encaminar ese deseo en forma conjunta y hacia el mismo lado. Lo cual no es poca cosa.

 



Copyright 2000 - 2007 Aventurarse.com

info@aventurarse.com




Carreras de Aventura por país