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Trekking arqueológico en el Norte argentino
Pablo Castellón - Experto Aventurarse

Cuando hablamos de trekking y hiking nos referimos a dos actividades directamente relacionadas con la naturaleza y lo que mal se llama, a veces, ecoturismo. Antes de avanzar con el tema principal, aclararé porqué digo que está mal decir "me voy a hacer ecoturismo". Si estudiamos este vocablo sabremos que significa algo así como "pasear en mi propia casa".

Podríamos pensar que ir a un sitio de importancia arqueológica es sólo caminar en una zona llena de piedras desparramadas donde, según nos contaron unos antropólogos, hubo alguna vez una civilización. Pues bien, esto es sólo una parte muy pequeña, y de hecho nos puede pasar cuando vamos a lugares demasiados conocidos o visitados y lamentablemente sin protección, sea por medios privados o estatales.

Por suerte de muchos, en mi caso particular lo considero un lujo, tenemos la posibilidad de acceder a lugares en los que las civilizaciones antiguas nos dejan material de estudio y de asombro permanente. Cuando digo antiguas, realmente estoy hablando de mucho tiempo atrás. En algunas zonas los restos se remontan a 10.000 años antes del presente, aunque en esos casos de tanta antigüedad se trata, claro, de pequeñas poblaciones sin agricultura. Este dato es de suma importancia a la hora de analizar adónde iremos cuando pensamos en realizar un trekking.

Algunos datos

Estamos acostumbrados a escuchar del famoso "Camino del Inca" en el Norte argentino. Sin embargo, tales redes viales son de la cultura Omaguaca, siempre haciendo referencia al Norte Argentino. El imperio Incaico estuvo presente en lo que es hoy Jujuy y Salta por sólo 67 años. Este casi siglo de influencia por supuesto que fue muy fuerte, pero casi con exclusividad en materia comercial, porque culturalmente un pueblo con miles de años de historia no cambia radicalmente en tan corto período. Por eso cuando hablamos de Camino del Inca y lugares como Inca Cueva, no significa que se esté haciendo referencia a los incas.

Para conocer algunas de estas vías podremos elegir entre dos más conocidas y otras no menos importantes pero sí poco visitadas. Un camino principal recorría la Puna de Jujuy, de Norte a Sur, aproximadamente cerca de la actual Ruta Nacional 40. Ese camino fue bautizado por los españoles como "camino del despoblado". Otro importante, corría por el vecino país de Chile. Costeaba el Océano Pacífico hacia el sur, pasando por el Desierto de Atacama. Después encontramos otra vía que va desde la localidad de La Quiaca y la Quebrada de Humahuaca para salir a Jujuy y Salta. Continuaba a los Valles Calchaquíes y terminaba en la primera ruta mencionada. En todas estas vías se documentan tramos bien conservados y hallazgos de cerámica cuzqueña, que confirman el paso del conquistador incaico.

Cuando visitemos estos lugares, nos encontraremos con una calzada de piedra de tres metros de ancho, empedrada, despejada, escalonada, encerrada entre muros. También hay parapetos en medialuna, que servían de refugios en medio de la aridez puneña y contra las inclemencias del tiempo.

Para las personas que tienen interés en recorrer estos lugares y no están habituados a la altura, cabe recordar que estos caminos servían a las patrullas y tropillas de llamas, por lo tanto existe la posibilidad de caminar ligeros y montar las mochilas en cargueros o bien, recorrer la zona a caballo.

Lo importante

Aquí es de vital importancia un buen guía, que no sólo nos cuente la historia bonita que queremos escuchar cuando salimos de aventura. El buen guía nos enseñará a preservar ese medio tan frágil y nos hará sentir, de algún modo, partícipes. Debe conocer la flora, la fauna y la historia con cierto rigor científico. Ante una pregunta en la que desconoce su respuesta debe decir: "no lo sé" sin vergüenza, e investigar la respuesta correcta para transmitirla.

Entonces recordemos que para visitar estos lugares lo mejor es consultar una y otra vez sobre todos lo detalles. ¿Cuántos días necesito para recorrer esto? La respuesta es fácil: la cantidad de tiempo que quieras aprender y asombrarte. La mejor época: de Semana Santa a mediados de diciembre, que corresponde al período seco. En verano es aconsejable si es en la parte alta, por lo menos arriba de las nubes de lluvia. Por supuesto, siempre es indispensable llevar ropa y calzado cómodos para hacer varias horas por día de caminata y, también, bastante abrigo para las frías noches en la Puna. Consultar un pronóstico del tiempo nos servirá para saber si está corriendo viento Norte, que implica el único riesgo de apunamiento. De todos modos, lo esencial es poseer un buen estado físico, y realizar antes, por lo menos, de 15 a 30 minutos de actividad aeróbica por varias semanas.

No queda más que contarles que es la única actividad que me sorprende y me gusta cada día más y pedirles que respeten la naturaleza y aprendan a escuchar el silencio. A continuación, un ejemplo interesante: la región de Coctaca, en la provincia de Jujuy.

El complejo agrario de Coctaca

Según los estudios que se han realizado, la zona de Coctaca se presenta como un lugar de características notables para el cultivo. Su ubicación geográfica, 14 Kilómetros al norte de la ciudad de Humahuaca, a 3.800 metros sobre el nivel del mar y rodeada de cerros, la presenta como un valle con condiciones naturales de privilegio para su uso agrario.

Tanto la composición del suelo como el microclima que le crean los cerros que rodean y la preservan de las fuertes heladas o vientos excesivos, hacen de estos campos el área de cultivo de mayor interés en la Quebrada de Humahuaca.

Su superficie aproximada de 438 Km2 y su eje mayor, que corre de norte a sur, es de 30 Kilómetros. Ha sido tratada por sectores o áreas diferenciadas según el uso y la técnica exigida por el vegetal, en un esquema general de producción y con un ordenamiento especial en el que podemos inferir una planificación "a priori" del complejo agrario.

Todas sus áreas guardan relación a su uso. Los grandes campos para los cultivos intensivo y extensivo; las áreas de experimentación y observación con sus superficies para almácigos; los depósitos de granos a modo de silos estratégicamente distribuidos; los depósitos de herramientas; las áreas para las viviendas de servicio de quienes actuaban en el laboreo de la tierra; los inmensos corrales, proveedores del guano para el abono de la tierra en sectores perimetrales y apropiados; las largas acequias construidas sobre la roca viva o en perfectos pircados.

Tecnología

La capacidad de producción del Complejo Agrario de Coctaca llegaba a alimentar a más de 100.000 personas. Considerando su implantación en una región de gran aridez, se convierte en el ejemplo preferido de los especialistas, que ven en este tipo de producción, la solución futura para la alimentación, sobre todo si se tiene en cuenta la gran proporción de tierras áridas que existen en el planeta y el tipo de vegetales que pueden producirse en estas.

Las pircas de los andenes fueron construidas con piedras sin argamasa alguna y con muros de espesor variable, lo que al igual que la altura responde a la problemática del uso racional del agua con relación al vegetal. Este sistema no sólo presenta una perfecta respuesta en relación al cultivo, sino que protege, además, a la misma tierra de la erosión.

No menos importantes son las obras realizadas para la provisión y almacenaje de agua. Tanto las represas, distribuidas y montadas sobre los conos de deyección y en los lugares más estratégicos, como las largas acequias abiertas en la roca viva, o los pircados necesarios para elevar los niveles y dirigir el riego a la totalidad de los andenes, presentan características constructivas de relevancia. Lo mismo ocurre con las acequias realizadas para tomar el agua de las vertientes, las cuales se iban armando y reparando de acuerdo a los niveles o a sus agotamientos paulatinos. Todas estas construcciones señalan el avance tecnológico alcanzado por esta cultura.

Si se observa el tamaño y el tipo de la piedra, veremos que ésta no es originaria del sitio, sino traída de los cerros vecinos, lo que lo hace aún más sorprendente cuando nos ubicamos en la dimensión del complejo y donde los muros en algunos casos llegan a superar los 2,50 metros de altura.

Clima y agricultura

En general cuando la temperatura media mensual crece en escala natural, la necesidad de agua aumenta en progresión exponencial. Esta experiencia científica nos llama a tener en cuenta la importancia del sol y la forma de tratar el agua destinada al riego para conseguir el equilibrio. De allí, los muros circulares siguiendo el recorrido del sol, así como la altura prevista para evitar la evapotranspiración y brindar el grado de humedad correcto, el estudio acabado de los niveles del terreno y el dimensionamiento de las terrazas, para permitir la justa absorción de la humedad, ajustándose a la velocidad del agua, sin desperdiciar siquiera el mínimo del elemento líquido.

La rotura del suelo se realizaba con un arado puntual y manual llamado Chakitaklia, con el cual el simple golpe sobre la tierra y una inclinación correcta, permite la siembra conservando intacto el resto del suelo para evitar los procesos erosivos del agua por la pendiente de la montaña.

La influencia del sol sobre el vegetal era manejada en su gradación a través de una acabada observación del proceso de fotosíntesis, y realizando durante el desarrollo de las plantas, transplantes sucesivos sobre las diferentes terrazas o andenes de acuerdo a la altura de los muros, hasta su tamaño óptimo para ser transplantados a los campos de cultivo extensivos. Todo eso exige, sin dudas, un laboreo permanente y un celoso cuidado. Todos los fenómenos climáticos eran aprovechados culturalmente generando una tecnología agraria de gran desarrollo, lo que permitió crear a través de un proceso de desarrollo, vegetales aptos para el consumo. Tanto el maíz como la quinua o la papa, eran elaborados culturalmente a través de procedimientos técnicos que precisaban muchos años de observación y laboreo.

Agri-Cultura

Si bien nos maravilla el desarrollo técnico y científico del aborigen Omaguaca, en este complejo agrario no deja de sorprendernos de igual manera el uso cultural de la naturaleza, a través de una lógica y real distribución del suelo y con un aprovechamiento adecuado y correcto de los recursos naturales.

En estos viejos cultivares se elaboraron tres de los vegetales, el maíz, el poroto y la papa, de los siete que forman la base de la manutención del ser humano en nuestro planeta. Los otros son la cebada, el trigo, el arroz y la soja. Pero en nuestro caso se le suman además el zapallo, el maní, el ají y la quinua. Este es último un vegetal hoy casi desaparecido y de real importancia para la alimentación, ya que se trata de un seudo cereal de alto contenido proteico y rico en vitaminas. La quinua, que florece en verano y fructifica en otoño y de nombre científico Chenopodium quinoa, ha despertado en las reuniones científicas un vivo interés, ya que aparece como una solución alimentaria al problema nutricional de nuestro siglo XXI.

Sus semillas son más nutritivas que la de los cereales actualmente cultivados, a lo que hay que agregar que es mucho más digerible que cualquiera de los otros cereales, ya que contiene todos los aminoácidos esenciales. A la quinua se la conoce en la región como arroz indio o el trigo de los indios. Así era llamada por el español. Sus hojas también son utilizadas en ensaladas y los grano se muelen para hacer harina. Sirve como alimento de aves de corral y en la medicina casera como diurético o como cicatrizante para heridas.

En este complejo se trabajaban seis variedades de quinua. También se cultivó la papa lisa, una planta herbácea, de raíces fibrosas y tuberosas, de la que se consumen sus tubérculos amarillos y verdes, pequeños y medianos, muy ricos en hidratos de carbono. Todo, en conjunto con el maíz permitía una equilibrada alimentación y aseguraba una producción continuada en distintas épocas del año, con cultivos tempranos y tardíos.

A través de los restos arqueológicos hallados encontramos un sistema de complementación de las áreas de producción y en donde aparece una relación muy fluida con otros lugares como Huachicoana, Yruya y Alfarcito. También, un intenso comercio exterior con los pueblos de las otras culturas como la incaica, calchaquí, o las chaqueñas, de quienes se proveyeron de madera, metales trabajados, valvas de moluscos o vasijas cerámicas de diferentes terminaciones o mejor cocción. De acuerdo al uso intensivo de la madera, fundamentalmente para herramienta de trabajo, estas relaciones son de gran importancia. La dimensión de este complejo como el de Huachicocana nos hace suponer la variabilidad alternada de la cabeza política del sistema entre Purmamarca y Humahuaca, como así también la estructura complementaria de las regiones económicas del sistema.

Aprender del pasado

Este complejo Agrario de Coctaca nunca ha sido considerado por ningún Gobierno Provincial y si bien hay una Ley Nacional de Arqueología, ésta jamás fue cumplida. Hay partes del complejo que no podrán volver a reconstruirse, siendo áreas fundamentales para el estudio arqueológico y la preservación. A través de los años y por la total falta de cuidado, se han construido pueblos sobre sus cimientos, tomando las piedras de los pircados para las nuevas construcciones. El Gobierno Provincial, incluso, las usa para las obras hidráulicas sobre el Río Grande. Sólo es necesario detenerse y pensar lo que significa un bien patrimonial y su valor espiritual, y el daño que representa la depredación de los recursos culturales, los que no son renovables. Todo esto nos convierte en responsables ante el futuro.

No podemos entender nuestro presente, sin entender el período colonial, el que a su vez no es comprensible, si no entendemos la cultura precolombina. Hoy, más que nunca, se hace necesario mirar los modelos de quienes nos precedieron, mirar las raíces que nos unen al suelo, mirarnos hacia adentro. Coctaca es el fiel ejemplo de la cultura que habitó América, que estuvo en Argentina y que nos reclama su urgente estudio.

 

 




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