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Aventura en la sangre
Nick Brau - Experto Aventurarse

Aún existen en el mundo personas que desconocen límites y fronteras, que encuentran o crean la convicción necesaria para lograr lo que parece imposible. Uno de esa estirpe de sujetos visitó la Argentina y compartió conmigo sus experiencias y aprendizajes. En el Museo Smithsoniano de la ciudad de Washington, se encuentra una extraña góndola color naranja, situada entre el avión construido por los hermanos Wright (el primer avión en la historia) y la cápsula del Apollo XI (que llevó al hombre a la Luna). Piloteada por el aventurero Suizo Bertrand Piccard y con el inglés Brian Jones como copiloto, esta cápsula voló colgada bajo un enorme globo de 650.000 pies cúbicos, durante casi veinte días.

Despegando de Chateau D´Oex, Suiza, el 1 de marzo de 1999, y aterrizando en Egipto el día 21 del mismo mes, Piccard y Jones lograron la última gran aventura del siglo XX y el último gran desafío existente para el ser humano dentro de la atmósfera terrestre. Con el Breitling Orbiter III dieron la vuelta al mundo en globo sin escalas.

Bertrand Piccard (43), es nieto del Auguste Piccard, quien inventó la cabina presurizada y logró elevarse a 16.000 metros (el primer viaje del ser humano a la estratosfera) e hijo de Jaques, quien con el mismo principio de la cabina presurizada, eligió un rumbo diferente: se sumergió en la mayor profundidad que se conoce en los océanos, los casi 11.000 metros de las Fosas Marianas, en el Pacífico.

Psiquiatra especializado en situaciones límite y fundador de la Winds of Hope Foundation, dedicada a ayudar a niños que contraen una enfermedad denominada NOMA, que ataca solamente a niños en países pobres y que desfigura sus caras, Piccard se mueve y respira con una tranquilidad de quien entiende que las crisis, los problemas y grandes dificultades, se superan con actitudes correctas.

Experiencia inolvidable

Invitado por la embajada Suiza y la Asociación Aerostática Argentina, Bertrand Piccard realizó el sábado 2 de junio un vuelo en la localidad de Cañuelas junto a mí y a otros cuatro pilotos nacionales, Mario, Gabriel, Ricardo y Alejo. Despegamos temprano al amanecer, como es la costumbre de estas enormes aeronaves, en una prueba denominada la liebre y los galgos, en donde los globos, luego de cinco minutos de espera, despegan en masa y persiguen al globo liebre. Una vez en el aire, tras haber dejado atrás al numeroso público que se acercó al evento, la faz competitiva fue relegada totalmente y los pilotos nos dedicamos a disfrutar del buen día que los cielos entregaron, en medio otros días de lluvia y tormentas reiteradas.

Piccard y yo volamos acompañados por periodistas y camarógrafos que comentaron que se sentían como si hubieran subido a un taxi, con Michael Schumacher como chofer. A bordo de la aeronave llamada Garuda (figura mitológica mitad ave, mitad hombre), rápidamente nos hicimos amigos, posiblemente por una simple razón que entienden muchos de los que comparten esta fascinante manera de volar.

El globo flota en el viento sin esfuerzo alguno y sin motores. Ese aire en movimiento recorre el país, los mares, los continentes y el mundo entero. Ese aire le brinda oxígeno para respirar a absolutamente todo ser viviente, sin importar raza, religión, idioma o diferencia alguna. Compartiendo ese aire, nos entendemos. Así, Piccard se interesó por la historia de los vuelos en globo de Jorge Newbery, mis vuelos en la Patagonia y se entusiasmó ante mi propuesta de realizar juntos un cruce de los Andes.

Anécdota final

Aterrizamos y, al regresar, el deporte dio otra de sus muestras de cómo logra unir a desconocidos de una manera muy particular y espontánea. Uno de los diplomáticos, que seguía la trayectoria de nuestro globo en una camioneta 4x4 "de calle", se cayó en una zanja al costado del camino de barro. Inclusive, con nuestra camioneta Land Rover, que remolcaba al globo en su trailer, y otra Mercedes doble tracción, la tarea de sacar la camioneta diplomática se veía difícil. Entonces, un amable paisano con su F 100, se acercó para ofrecer su ayuda.

Pidiéndonos a los presentes que nos subamos a la caja para aumentar el peso, escuchamos las carcajadas de Piccard al ver que debía compartir el espacio con un enorme chancho de 250 Kilogramos que, pacíficamente, dormía en la parte posterior de la camioneta. La situación era: F 100 con chancho incluido conducida por un paisano, diplomáticos embarrados hasta la rodilla, un famoso piloto, periodistas y quien escribe, tirando a camioneta alemana, que a su vez tiraba a camioneta atascada.

Así logramos sacar de la zanja al vehículo y continuar nuestro trayecto hacia la municipalidad de Cañuelas, en donde las autoridades locales lograron encariñar totalmente al ilustre piloto con una bienvenida folclórica y coral, acompañada por un suculento asado criollo.

En parte, dijo Piccard, "mi visita a la Argentina fue organizada para dar a conocer una Suiza que tiene otras cosas aparte de quesos y chocolates (...) y me voy de aquí conociendo cosas diferentes al fútbol y al tango, muchas gracias".

 




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