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Globos aerostáticos: el mundo desde arriba
Nick Brau - Experto Aventurarse

La historia de los globos aerostáticos, el primer artefacto volador utilizado por el hombre, ya tiene más de dos siglos. A principios de la década de 1780, dos hermanos de apellido Montgolfier, dueños de una fábrica de papel, fijaron su atención en el humo de un fuego de hogar. Sin dudas, el humo siempre sube, notaron. Se preguntaron, "¿Qué pasaría si lo atrapáramos en una gran bolsa de papel?".

Con esa curiosidad se pusieron a diseñar y construir enormes bolsas, recubiertas con barniz para hacerlas más impermeables. La primera gran prueba fue con un pobre pato, un ganso y una cabra. Los ataron a una estructura que rodeaba una "mesa de fuego", donde quemaban paja y lana. Llenaron con el calor de la combustión la enorme bolsa que habían construido. Esta se fue hinchando hasta llenarse con el calor del humo (más tarde se darían cuenta que era el aire caliente, y no el humo, lo que daba el poder de ascender). Atado con riendas a la estructura que atrapaba a los aterrorizados animales, el coloso se hizo cada vez más liviano hasta que, soltando todas las amarras, el enorme globo de papel se elevó y flotó suavemente en el aire, alejándose de los numerosos espectadores que se juntaron a ver a la primer aeronave construida por el hombre. Aterrizó sin contratiempos y con sus tripulantes a salvo.

El siguiente paso fue lógico. En un globo construido por los mismos hermanos Montgolfier, Pilatre de Rozier y el marqués de Arlandes François Laurent -dos audaces miembros de la alta nobleza de Francia- despegaron del castillo Muette, en París, ante los ojos de la misma reina María Antonieta. Corría el 21 de noviembre de 1783. Volaron durante más de veinte minutos sobre la capital francesa. Según cuenta la leyenda, cuando sobrevolaban el río Sena, el marqués se detuvo en su tarea de fogonero y le comentó a su compañero lo bonito que se veía el río desde el aire. Rozier le respondió: "Si continúas mirando el río lo más probable es que termines bañándote en él, así que ¡fuego, mi querido amigo, dame más fuego!".

Globos para la ciencia y el progreso

Con el desarrollo de la aerostación llegó también una nueva forma de exploración. En vuelos para la ciencia, los globos fueron la gran plataforma para los primeros estudios de la atmósfera y el clima en altura, así como para el estudio de los efectos de la altura en el ser humano. Por otra parte, aventureros de todo el mundo lo utilizaron y lo siguen utilizando para extender los límites de lo posible para el hombre, dentro de la atmósfera terrestre.

El 7 de enero de 1785 Jeanne Pierre Blanchard inauguró el correo aéreo. Junto al estadounidense Jeffries, atravesaron el Canal de la Mancha en dos horas, para llevar una carta desde Dover (Inglaterra) hasta Calais (Francia). Veinte años más tarde, un físico, Joseph Gay Lussac, llegó hasta los 7000 metros con algunos animales para estudiar el efecto de la altura sobre el organismo. A partir de su experiencia, subrayó los peligros de la falta de oxígeno.

Hacia finales del siglo XIX, el célebre aeronauta francés Gastón Tissandier llegó a los 8500 metros, en un vuelo que ocasionó la muerte de sus dos compañeros. Tissandier fue el célebre instructor de Aarón Martín Félix de Anchorena, el primer argentino que se dedicó al arte del vuelo.

En 1907, Anchorena y Jorge Newbery cruzaron a Uruguay a bordo del globo "Pampero", que el primero había adquirido de Santos Dumont en Francia. La hazaña fue repetida noventa años más tarde, en 1997, con dos globos que despegaron en la costa bonaerense de San Isidro y aterrizaron en Conchillas, Uruguay. Tuve el orgullo de participar de esa travesía junto a mi compañero Omar González, uno de los mejores pilotos del Uruguay.

Globos modernos

Los modernos globos de aire caliente que se utilizan en la actualidad vuelan con el mismo principio que el primer globo, a fines del siglo XVIII. El aire caliente es menos denso que el aire frío, por lo tanto es más liviano. Al atrapar una gran cantidad de aire con poca densidad dentro de una gran bolsa, ésta se eleva y se convierte en una aeronave "más liviana que el aire". Con la utilización de gas propano licuado, almacenado en tanques de vuelo, el hombre posibilitó, a través de modernos quemadores, un control muy preciso de la temperatura interior de un globo. Así, el vuelo en globo se convirtió en el deporte aéreo más seguro del mundo.

El globo está integrado por tres elementos básicos: la envoltura (el globo en sí), los quemadores y la barquilla o canasta. En el interior de la envoltura - de un nylon liviano, una altura de 20 metros, forma por lo general esférica y colores alegres -, se inyecta aire caliente a través de los quemadores.

Un globo insume en promedio mil metros cuadrados de tela, que pesan unos setenta kilos. Del extremo inferior de la envoltura se desprenden entre 12 y 24 cables de acero de seis milímetros que se conectan a los quemadores, de donde salen a su vez ocho cables de ocho milímetros que se entrelazan con el piso de la barquilla para formar una unidad compacta e irrompible. Los quemadores pueden tener hasta cuatro unidades de potencia y se alimentan de gas propano. Este viaja desde el cilindro de combustible hasta la base del quemador en forma líquida. Se gasifica al pasar por una serpentina y es expulsado hacia el exterior. Cuando contacta con la llama piloto, se incendia y produce una bocanada de fuego de hasta dos metros de largo.

El último componente del globo es la barquilla o canasta, que mide un metro de ancho por 1,20 de largo por 1,05 de alto, pesa alrededor de 50 kilos, está hecha en mimbre y ratán y puede cargar por lo general hasta tres pasajeros. La estructura del globo es muy pequeña, de manera que puede transportarse fácilmente en un pequeño trailer.

El deporte en el mundo

Eventos importantes a nivel mundial se desarrollan año tras año en una gran cantidad de países. Se destacan las competencias de Bristol (Inglaterra), Chateau D´Öex (Suiza), Saga (Japón) y Albuquerque (E.E.U.U.), donde se ven volar a globos de los más variados tamaños, colores y de las más increíbles formas. Gracias al desarrollo comercial de este deporte y al gran avance técnico en esta antigua forma de vuelo, los globos modernos no sólo tienen la clásica forma de una gota de agua invertida, sino también de enormes e imponentes figuras como latas de bebidas, castillos, automóviles, la locomotora del "Expreso del Oriente", dinosaurios y cientos de formas que flotan en el viento y dominan la atención de todos dentro de su alcance visual.

Por lo general, las competencias de vuelo duran entre cuatro y siete días. De acuerdo a las condiciones meteorológicas reinantes a cada momento. Antes de comenzar la competencia el director deportivo enumera a los pilotos una serie de pruebas que deben tratar de cumplir para ese vuelo en particular.

Una vez que cada equipo determina la táctica, comienza la acción. El despliegue visual resulta espectacular para todos los que tienen la suerte de poder presenciar este tipo de eventos; con la adrenalina del inflado de los colosos, el ruido de los infladores y el increíble rugido de los potentes quemadores, se verá a los competidores maniobrar verticalmente las enormes aeronaves. A distintas alturas, todos buscan las diferentes brisas o vientos que los ayudarán a acercarse lo más posible a la meta.

Los campeonatos mundiales se celebran cada dos años; el próximo se llevará a cabo en Francia en el año 2002.

La última gran proeza

El 20 de marzo de 1999, el suizo Bertrand Piccard y el inglés Brian Jones culminaron la última gran hazaña posible para el hombre dentro de la atmósfera terrestre. Con el globo "Brietling Orbiter 3", construido por el inglés Don Cameron, aterrizaron en Egipto después de completar una vuelta completa al planeta. Habían despegado en Suiza, y durante veinte días volaron 46.759 kilómetros sin escalas. Para realizar la travesía, combinaron el gas helio y el aire caliente.

Globos en los cielos de Latinoamérica

En septiembre de 2000 se realizó en Cañuelas, provincia de Buenos Aires, Argentina, el X Campeonato Nacional de Vuelo en Globo. Con un clima desfavorable durante los primeros días, se realizaron pruebas difíciles por la intensidad del viento y la turbulencia, lo que significó inflados complicados y aterrizajes a gran velocidad. Hubo pruebas múltiples, y se compitió en fly-in -un vuelo en donde el director deportivo determina un blanco hacia el cual los pilotos deben converger y arrojar un marcador-, y fly-on, donde los pilotos se dirigen a otros blancos después de cumplir las pruebas de fly-in. A menor distancia al blanco, mejor puntaje.

Con muchos campos anegados por las lluvias, los equipos de rescate cumplieron una pesada labor con sus camionetas 4x4 para recuperar a las aeronaves que terminaban en los barrosos campos de la zona.

En una de las pruebas del sábado por la mañana, con vientos más calmos, los pilotos debieron triangular su vuelo para cubrir la mayor superficie posible. Esto permitió a varios volar sobre la capa de nubes en una larga travesía, y aprovechar la diferencia en la dirección del viento en altura para abrir el triángulo lo más posible, en un vuelo técnico en el que era imprescindible utilizar instrumentos de navegación satelital (GPS) por la falta de contacto visual con el suelo. Esa misma tarde, las pruebas dadas partieron con un despegue en común, donde los catorce globos en competencia se inflaron y despegaron en el mismo campo, para deleite del numeroso público asistente. A bordo de mi globo "Los Cardales", tuve el orgullo de ganar el campeonato por tercer año consecutivo. Pero, lo que más me alegró fue, sin dudas, el crecimiento de la actividad.

 

 

Fotos: Cecilia Mugica

 




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