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Expedición Argentina a las Nacientes del Amazonas II
Mauricio Bianchi - Aventurero

Corría el día 25 de enero de 1999. Estábamos contentos, pues habíamos cumplido nuestro primer objetivo: llegar al manantial que da origen al Río Carhuasanta, fuente más lejana del Río Amazonas (Ver: Expedición Argentina a las Nacientes del Amazonas I). Ese mismo día, al regresar a la carpa, almorzamos y nos dedicamos a descansar y "cargar las pilas" para intentar, al día siguiente, la cumbre del nevado del Mismi (5.597 metros). Estábamos bien física y, sobre todo, anímicamente. Nuestra única preocupación era el clima porque desde que llegamos a la zona nevó todos los días y cada vez más. Pero, quizás el tiempo nos daría una mano para intentarlo. Sin embargo, a las 14:00 comenzó a nevar y, a las 22:00 nos encontrábamos aún esperando que pare, y pensando ya en el día siguiente.

El 26 de enero intentamos nuestro segundo objetivo. Nos despertamos a las 4:30, pero nos pusimos en movimiento, luego de remolonear, a las 5:00. Los preparativos fueron largos. Salir de la bolsa de dormir (varios grados bajo cero), vestirse con la indumentaria adecuada, preparar un desayuno sustancioso y también un litro y medio de leche para llevarnos al ascenso. Y, por supuesto, no olvidar nada del equipo necesario.

Finalmente intentaríamos la cumbre Marcelo y yo. Néstor no había pasado una buena noche -lo seguía afectando la altura- y se despertó con un terrible dolor de cabeza y malestar que lo hizo desistir del intento. A las 7:20, mi compañero comenzó a caminar y yo salí de la carpa 7:45. El tiempo en ese momento era estable. Había algo de nieve en el suelo, aunque unos pocos centímetros. Pero, como los días anteriores, las nubes amenazaban.

El ascenso

La quebrada del Carhuasanta finaliza en unos importantes paredones que forman menos de un cuarto de círculo. Iniciamos el ascenso por un acarreo de grandes piedras que se encuentra a la derecha. Luego de una hora de marcha, llegamos a la parte superior del paredón y observamos una laguna. Estábamos a unos 5.200 metros de altura. Como teníamos diferentes ritmos de marcha, yo iba regulando la mía para que siempre estuviéramos, al menos, en contacto visual. Seguimos nuestro camino ascendiendo por zonas mixtas. Se alternaban pedreros de rocas de diversos tamaños y zonas cubiertas por una capa de nieve de 20 a 30 centímetros. La pendiente oscilaba entre 30 y 45 grados.

Al cabo de otra hora de marcha, ya habíamos alcanzado el filo de un lomo al pie del cual está la laguna. De allí, en sólo media hora más, llegamos al filo del Mismi que constituye la "divisoria de aguas continental". El lugar era fascinante. Allí parados, sabíamos que todo torrente, agua de deshielo o producto de precipitaciones que caía hacia el lado del cual veníamos llegaba hacia el Océano Atlántico luego de recorrer miles de kilómetros y, por otra parte, toda la "del otro lado" llegaba al Océano Pacífico.

El tiempo no quiso

Allí parados, veíamos ansiosos y expectantes la cumbre del Mismi y, más lejana, la del Ajo Colluna, de 5.255 metros. Todo este macizo los pobladores lo llaman Choquecorao. También observamos, preocupados, nubes amenazantes que inmediatamente ocultaron las cumbres. Se trataba de una importante tormenta proveniente de la zona del Pacífico. Fue así que, resignados, comenzamos a regresar. Sin embargo, al llegar al lomo en el cual habíamos parado antes, nos sentamos a analizar la situación y esperar para observar hacia dónde iría la tormenta.

Luego de casi media hora, apreciamos que la tormenta "pasaba de largo" y decidimos hacer un nuevo intento o, aunque sea, buscar ascender a una cumbre secundaria que teníamos más cerca. En este segundo avance llegamos más lejos que en el primero. Comencé a inspeccionar el trayecto para dirigirnos la cumbre secundaria, pero la ruta directa era muy peligrosa. Había mucha nieve y lajas sueltas con una inclinación de más de 50 grados. Cuando pisaba casi todo se iba para abajo.

Regresé a donde había quedado mi compañero y juntos evaluamos la situación. Calculamos que nos llevaría entre una hora y media y dos horas llegar a la cumbre principal del Mismi. La teníamos a unos 3 kilómetros de recorrido, para sortear unos 300 metros de desnivel. El terreno se planteaba en principio con poca inclinación, y luego una fuerte pendiente, pero toda cubierta de una importante capa de nieve transitable.

Mientras observábamos, advertimos el avance veloz de un enorme frente de tormenta desde la zona amazónica. Realmente se veía feo. No debimos pensarlo mucho: si subíamos a la cumbre ese frente seguramente nos encontraría allí arriba. Lamentándolo iniciamos el descenso. Nos sentíamos en óptimas condiciones físicas y anímicas y estábamos "a un paso" de la cumbre, pero el tiempo no quiso.

En esos momentos recordamos varias frases que uno tiene aprendidas: "la montaña se sube cuando ella quiere"; "la montaña siempre estará ahí, esperando"; "es tan importante hacer cumbre como saber volver a tiempo". Hasta recordamos el famoso "soldado que huye sirve para otra guerra".

Desandamos el camino por otro sector para reconocer el terreno mejor ya que el tiempo todavía era aceptable. Pasamos nuevamente por la laguna -ahora por el otro lado- y descendimos pegados al paredón para observar una cascada que descendía de ella. Al llegar, tuvimos una gran sorpresa, pues un zorro salió de una cueva, nos miró y huyó velozmente. Luego de algunas fotos, seguimos descendiendo. Unos 15 minutos antes de llegar a la carpa, comenzó a nevar con mucha furia. Esa tormenta duró nada menos que 17 horas. No nos habíamos equivocado. Habíamos hecho muy bien en bajar. A las 13:15 estábamos nuevamente en la carpa, contándole a Néstor nuestra experiencia.

El regreso

Ese día, 26 de enero, recibimos una visita. El poblador Juan Mendoza, que vive a unos 7 kilómetros de allí, observó nuestra carpa y vino a conversar. Estaba buscando unos caballos que se le habían escapado. La charla fue amena, le preguntamos por sus costumbres y compartimos charla, algunos caramelos y granola. La nevada acompañó todo el día y no nos quedó otra que dedicarnos a jugar a los dados, cantar y discutir temas varios.

El 27 de enero era el día convenido para que la camioneta fuera a buscarnos a Carhuacocha. Estábamos a 20 kilómetros de allí. Nos levantamos a las 6:30 y ordenamos todo el equipo. Armamos las mochilas y desayunamos, mientras esperábamos que la tormenta termine. Finalmente, a eso de las 8:30 paró y, rápidamente, desarmamos la carpa e iniciamos la marcha.

Debimos andar con 30 centímetros de nieve, enterrándonos a cada paso, hasta bien arriba de los tobillos. La caminata fue larga. A 4.800 metros y con 20 kilogramos en la espalda, se hacía duro y cansador. A las 16:00, Néstor y yo llegamos donde nos esperaba la camioneta. Marcelo -siempre más lento- lo hizo media hora después. Inmediatamente comenzamos el regreso, pues había que llegar a Cailloma, a 60 kilómetros, antes de las 18:30, hora en que oscurecía.

El chofer fue nuevamente el excelente Leoncio Delgado, quien mostró su destreza para cruzar ríos que habían aumentado al triple su caudal. Lo acompañaba Alex Herrera. El trayecto estuvo bravo, pero llegamos a Cailloma a las 18:15. ¡En ese momento almorzamos!

Pero hubo más. Seguiríamos viajando hasta las 23:00, y algunos tramos de alta cordillera fueron tan difíciles por la fuerte nevada que, mientras nosotros mirábamos el camino preocupados, escuchábamos que Leoncio rezaba.

Por suerte llegamos a destino y al día siguiente, por la mañana y con buen tiempo, estuvimos en Arequipa. Allí nos reencontramos con "Coco" Villena Cateriano, el ingeniero Víctor Valdivia y don "Lucho" Bustamante. Ese mismo día Marcelo debió regresar a Buenos Aires, pero con Néstor nos quedamos unos días más disfrutando de la hospitalidad de los peruanos, que nunca olvidaremos. El Mismi sigue allí y nosotros le debemos una visita.

Un día de carpa

Pocas veces he sentido, como esa, que perdía el tiempo estando en la montaña. Eso me ocurrió un par de veces en la semana que estuvimos en las proximidades del Mismi. Soy esencialmente caminador e hiperactivo. Estar muchas horas dentro de la carpa me resultaba molesto. Tal situación se produjo por el tiempo. Desde que llegamos, cada día nevaba más y la visibilidad disminuía. El frío se hacía presente y a las 18:30 ya era de noche.

A eso de las 21:00 ya habíamos cenado, jugado a los dados y encima, claro, no tenía ni un poco de sueño. Entonces, escuchar música ("Orozco" de León Gieco se convirtió en "el tema") y charlar de todo fueron los deportes favoritos.

¿Donde nace el Amazonas?

El tema no ha sido claro desde el comienzo. El río Amazonas es el más caudaloso del mundo y, para algunos, es también el más largo (discute su supremacía con el Nilo, en África). Desemboca en el Océano Atlántico. Generalmente se lo asocia a Brasil pero en realidad nace en los Andes peruanos. En la primera mitad de este siglo se tomaron como nacientes a las fuentes del río Marañón. Posteriores estudios indicaron que debía dirigirse la búsqueda hacia la cuenca del Apurimac, en el sur de Perú. Finalmente, en 1971 se determinó que el manantial del río Carhuasanta (al norte del departamento de Arequipa) era la fuente -así lo aceptó la National Geographic-. El manantial y el cerro Mismi que allí se encuentra, fueron visitados por varias expediciones, entre ellas una del hijo de Cousteau.

Aún hoy en día, algunos discuten ese manantial como fuente originaria, aunque son especulaciones forzadas con la intención de aportar ideas innovadoras. Quien allí estuvo, puede afirmar que ese manantial es la fuente permanente más lejana del Amazonas y no depende de los deshielos. Algunos ríos nacen en glaciares, éste en un manantial: el del Carhuasanta, en Perú.

 

Nota:
e-mail: elandinista@yahoo.com.ar

 

Agradecimientos

La expedición contó con el invalorable apoyo del Rotary Club General Pacheco y fue declarada de Interés Municipal por la Municipalidad de Tigre. También fue declarada de Interés Cultural y Turístico por la Embajada de Perú en la Argentina. Además, se contó con la colaboración del entonces Diputado Nacional Juan Manuel Valcárcel y la Revista El Distrito, que se edita en el Partido de Tigre.

 

 



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