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Objetivo final: Ecochallenge
Jorge Beltrán
- Aventurero


El equipo Visite Punta del Este sigue consolidándose como uno de los mejores exponentes de las carreras de aventura a nivel internacional. En esta oportunidad, se ubicó en el primer lugar del Peugeot Eco-Adventure, realizado en Cataratas del Iguazú, Argentina, y superando a equipos profesionales de Francia, México, Argentina y Brasil, que participan habitualmente en el circuito mundial de este tipo de pruebas.

El equipo uruguayo estuvo integrado por Agustina Diab, Alejandro Pereira y Jorge Beltrán, y se impuso en la general con un tiempo de carrera ininterrumpido de 27 horas y 16 minutos. En total, 280 Kilómetros, alternando actividades como trekking, orientación, mountain bike, rappel, tirolesa, canoa, cross country, natación, jumar y coastering. Lo que sigue es un breve relato de lo que fue la competencia, según cómo fue vivida por los integrantes del equipo uruguayo.

Adrenalina pura

Imaginen la adrenalina que corría en nuestros cuerpos durante esa interminable cuenta inicial: 10, 9, 8,... 1 y el "¡suerte para todos!" de Sebastián Tagle, director de la competencia, para largar a toda marcha, junto a 51 equipos de todas partes del mundo. Como por arte de magia, ya estábamos en carrera a un ritmo vertiginoso. Desde el comienzo nos colocamos en buena posición, controlando la punta, y cubrimos corriendo los primeros cinco kilómetros, en algo menos de veinte minutos, para llegar a los impactantes saltos de agua de la Garganta del Diablo.

Allí, con mochila en la espalda y ayudados por "patas de rana", cruzamos a nado hacia la isla San Martín. No hay modo de explicar la impotencia que se siente ante la tremenda fuerza de la naturaleza. Es realmente algo increíble. Corriendo por las pasarelas, miradores y pasando por diferentes puestos de control, llegamos rápidamente a la costa, para volver nuevamente a nado hacia tierra firme.

Luego de transitar durante un par de horas la selva misionera, tomamos los "duckies" y, en estas canoas inflables, remamos 45 largos kilómetros por el caudaloso Paraná. Hasta aquí, veníamos luchando codo a codo con otros cinco equipos. Nadie aflojaba ni para tomar agua, y la presión era increíble. Se fueron sucediendo los PC (puntos de control donde el capitán del equipo debe firmar una planilla) a una orilla y otra del río, hasta completar los primeros 20 Kilómetros. Entonces, un integrante del equipo debía bajarse y correr dos kilómetros, hasta el punto donde, simbólicamente, se juntan tres países: Argentina, Brasil y Paraguay.

Me tocó a mí y salí a toda marcha, detrás de cinco participantes. Al terminar, vimos con satisfacción que ya estábamos segundos, pues en la corrida habíamos adelantado a cuatro equipos. Al momento de subir al "duckie" por no decir "tirarme como al agua", caí encima de un remo, que obviamente quebré. De ahí en más, remamos los 25 Kilómetros restantes con dos remos y Agustina haciendo de timón con sus brazos. Logramos realmente una patriada bien "a lo uruguayo" y llegamos junto a cuatro equipos, luchando todavía la punta.

A toda máquina en la noche

Nuevamente en la selva, nos separamos y Alejandro escaló por una cascada en "jumar", mientras nosotros subíamos por un sendero. Al juntarnos, caminamos dentro de un río y arribamos al PC 11. En éste, se encontraban nuestros contenedores con comida y ropa. Ya habían pasado más de seis horas, así que cargamos alimentos, todos los elementos obligatorios dentro de las mochilas (sobres de dormir, carpa, brújula, cuchillo, botiquín, cuerda de 30 metros, etc.) y también lo necesario para el mountain bike, que más adelante tendríamos que tomar.

Nuestra estrategia de no dejar ir a nadie venía dando resultado, ya que estábamos a pocos minutos de los primeros y alternando, por momentos, posiciones con dos y tres equipos. Luego de un largo trekking y después de haber pasado por una magnífica tirolesa sobre los árboles gigantes, en compañía del team Avespolo Olavarría llegamos a las mountain bike.

Tras una rápida revisión del equipamiento obligatorio, partimos a toda máquina para recorrer los 125 kilómetros de recorrido. Las primeras horas fueron bastante reñidas, tratando de acortar distancias con los primeros y de mantenernos en segunda posición. Entonces comenzaron algunos problemas por falta de agua y el terreno, que se tornó muy resbaladizo en la noche, haciendo que cayéramos varias veces. Arroyito por medio, cargamos agua en las caramañolas y continuamos la marcha a buen ritmo. En el PC 21 íbamos primeros, lo que nos motivó a aumentar un poco la velocidad, para llegar lo antes posible a entregar las mountain bikes y descansar un poco.

Los últimos kilómetros en las bicis fueron interminables, parecían triples. Hasta que a las 5 horas y 23 minutos se terminó una de las partes más duras que tuvo la carrera. En este PC no se podía continuar la marcha hasta las 7 horas y 15 minutos. Para nosotros eso fue muy bueno, ya que era la última vez que nos encontraríamos con los contenedores. Pudimos cambiarnos, comer y dormir una hora tranquilos, a diferencia de los otros equipos. A una hora y 20 minutos llegó el segundo equipo al PC, lo que nos dio cierta tranquilidad, pues esa era la diferencia a favor que teníamos.

Vértigo y emoción

A las 7 horas y 20 minutos, salimos corriendo rumbo a las cataratas, ya con algunos dolores articulares y musculares. Agustina venía bastante dolorida, pero asombró a todos con su "garra charrúa" para seguir adelante con buen ritmo, a pesar de todo. Lo que nos esperaba nunca se va a borrar de nuestra mente. La Peugeot Eco Adventure no dejaba de sorprendernos. Es imposible explicar con palabras la sensación que tuvimos al bajar en tirolesa desde arriba de la catarata, sostenidos por un arnés de seguridad y desplazándonos en una roldana por una cuerda. A nuestra espalda se desprendía una gigantesca columna de agua que nos hacía ver diminutos. ¡Y esto no fue todo! Inmediatamente, descendimos en rappel por dentro de uno de los saltos de agua. La sensación fue alucinante.

Ya faltaba poco, apenas unos 35 kilómetros, y seguíamos primeros con buen ritmo. Entre trotes y caminatas, penetramos en la selva tras recorrer unos cinco kilómetros de coastering a orillas del Paraná. A los pocos minutos nos alcanzó el equipo Banco Francés, que estaba en segundo lugar, y continuamos la marcha junto a ellos. Sabíamos que, aunque llegaran con nosotros o nos pasaran, para ganarnos debían recuperar la diferencia de una hora que le sacamos al terminar la mountain bike. La última parte, y aunque el ritmo se hizo difícil de soportar por momentos, fue muy amena, entre anécdotas de las últimas horas, deseos y sueños tales como camas, comida, hidromasajes y demás placeres. ¡Imaginen en el estado que veníamos!

Alegría y satisfacción

Cuando vimos la llegada, emoción y alegría se notaban en los ojos de mis compañeros. No era necesario y no hacía falta decir nada, sólo disfrutar de ese momento que tanto nos costó en la carrera y por el que incansablemente luchamos, día a día, entrenando. Entre aplausos cruzamos la línea de meta y, con un fuerte abrazo y algunas lágrimas, festejamos el triunfo de un equipo compuesto de muchas personas, familia, amigos y patrocinadores, que siempre están con nosotros apoyándonos, y a ellos va nuestro agradecimiento, de corazón.

Este primer puesto es el premio al esfuerzo de un equipo que funciona como tal en las buenas y en las malas, sin rendirse nunca y con un sólo objetivo: hacerse cada vez más competitivo para poder representar a Uruguay de la mejor manera en un Ecochallenge.

 

Nota:

e-mail: jorgebel@internet.com.uy




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