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Suceso en el Aconcagua
Marcelo "Tero" Donozo
- Experto Aventurarse.com

Era conocido por todos que el antiguo lugar donde estaba emplazado el campamento de Plaza de Mulas, estaba expuesto a la caída de piedras. Obviamente los grandes bloques de roca que se alternaban entre las tiendas, y que funcionaban como comedores de las distintas empresas, de algún lado habían llegado.

Esa temporada, la de 1993, el coloso tenia bastante nieve. Ocurrían bastantes accidentes en la travesía hacia la Canaleta, porque había mucho hielo. Yo estaba trabajando en la Patrulla de Rescate, junto a varios compañeros de Uspallata. El trabajo de evacuación de accidentados, por caídas o edemas era casi permanente. La camilla-trineo que usábamos en la zona de nieve no paraba de funcionar.

Los primeros días de enero el calor apretaba y por las horas de la siesta, caía bastante agua de los deshielos. Primero era agua. Más tarde, coladas de barro circulaban por las canaletas. Llegó un momento en el que los canales no pudieron contener tanto deshielo, y la absorción natural también se sobrepasó, haciendo que el agua se esparciera como un manto por toda la ladera. Y entonces la caída de piedras se incrementó dramáticamente en cantidad y tamaño.

Entonces sucedió que...

Plaza de Mulas estaba llena de carpas y gente. Nuestro trabajo en la Patrulla era cada vez más duro. Hacíamos hasta dos rescates por día y cada vez que teníamos tiempo para dormir o descansar no lo desperdiciamos.

Una mañana, precisamente el 3 de enero -a las 8:30AM- mi hermano me despertó para que coordine la bajada en mulas de un turista japonés. Ante tanta insistencia, entre rezongos y mal humor me levanté, sin siquiera ponerme los zapatos. Pasé por nuestra carpa comedor donde unos veinte japoneses tomaban su desayuno antes de partir hacia Puente del Inca.

Me asomé a la otra carpa, donde mis compañeros también desayunaban apurados para organizar el descenso, y pasé rápidamente a la carpa de la radio. En cinco minutos solucioné el traslado del japonés y me apuré en regresar a mi carpa antes de despertarme totalmente. Todavía me quedaban un par de horas de sueño para reponerme de tanta fatiga.

De pronto una terrible explosión, ladera arriba, hizo vibrar el campamento. Traté de acomodar la visón para ver de qué se trataba. Entonces apareció una enorme roca del tamaño de una Traffic, que volaba por el aire y cada vez que golpeaba en el suelo producía un ruido similar a un trueno.

La gran roca venía hacia nosotros y no mostraba signos de querer detenerse o desviarse. El pánico se apodero de todos e hicimos lo más lógico que se podía en ese momento: correr y correr.

Cuando la roca llegó al final de la ladera, se estrelló contra otra roca y se fragmento en muchos pedazos que destruyeron todo lo que encontraron a su paso. Cuando todo volvió a la normalidad comprobamos que felizmente los daños eran sólo materiales.

Diez tiendas habían sido atravesadas por las esquirlas, al igual que el comedor donde desayunaban los turistas japoneses.

La tienda más afectada fue la mía. Estaba totalmente destruida bajo las piedras y un amigo sacaba desesperadamente piedras y a los gritos me llamaba pensando que yo estaba durmiendo bajo el montón de rocas.

Era el 3 de enero y aunque no era mi cumpleaños, pero esa noche en Plaza de Mulas... me lo festejaron.

 

 

El "Tero" es un experimentado guía en el Cerro Aconcagua -con más de 12 ascensos- y además se dedica a escalar otras montañas de la cordillera andina y Patagonia. Su especialidad es la escalada mixta. Entre sus experiencias se cuenta el haber participado de grupos de rescate en la montaña. Es experto de Aventurarse.com.

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