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Los efectos de la altura y el frío
Alejandro Randis
- Experto Aventurarse.com

Efectos psicofísicos de la altura

La aptitud para sostener un esfuerzo físico (como caminar en una cuesta de fuerte pendiente) disminuye a partir de los 1.500 metros sobre el nivel del mar, a razón de 1% cada 100 metros La performance psíquica disminuye 50% alrededor de los 7.000 metros sobre el nivel del mar.

Un individuo de 70 Kg de peso consume más de 12 calorías por minuto durante una ascensión en altura. Esto implica 720 calorías por hora, y unas 8.000 - 9.000 calorías por jornada de ascensión en el Aconcagua. Alrededor de los 6.000 metros cualquier alpinista aclimatado convenientemente, debe esperar sentirse bien. Con apetito relativamente normal, siendo capaz de llevar cargas próximas a los 20 Kg y dormir normalmente.

Alrededor de los 6.500 metros y más, la situación cambia. La sensación de fatiga aumenta, el insomnio es frecuente, el apetito decrece notablemente y transportar peso se torna agotador.

Cualquier enfermedad a gran altura es mucho más grave que al nivel del mar. Los dolores de garganta son frecuentes, producidos por la sequedad del aire y el frío. Cualquier afección de las vías respiratorias es potencialmente peligrosa, exigiendo tratamiento urgente, y por supuesto, descenso inmediato. Entre los 4.000 y 5.000 metros son frecuentes los edemas pulmonares y cerebrales, decreciendo su porcentaje a más altura debido a que los alpinistas están ya convenientemente aclimatados.

Los trastornos y cambios de conducta son también frecuentes en altura. Es fundamental conocer estos cambios psicológicos para prevenir consecuencias. Se impone el descenso. Las pastillas para dormir parecen empeorar estos trastornos.

Los efectos del frío son mucho más destacados a gran altitud debido a varios factores: efectos del viento y depresión en la producción de calor por el propio organismo debido a la falta de oxígeno, entre otros. El descuido por fatiga y apatía contribuyen a la pérdida de calor.

Las congelaciones se deben generalmente a varios factores. La mayoría de las veces se pueden evitar tomando mínimas precauciones. Es necesario saber que la propia apreciación del frío es muy deficiente a temperaturas inferiores a -15ºC.

Por ello es aconsejable portar un pequeño termómetro. La aparición de una congelación significa descender inmediatamente y tomar lo antes posible las medidas básicas de primeros auxilios.

Reacciones del organismo ante la falta de oxígeno

La disminución de la presión parcial de oxígeno en el medio ambiente, conlleva una disminución del número de moléculas de oxígeno disponible para el funcionamiento celular: se define el estado de hipoxia. Enfrentado con este trastorno poco habitual, el organismo pone en marcha una serie de mecanismos fisiológicos que tienden a asegurar una oxigenación celular normal.

Hipoxia: disminución de la cantidad de moléculas de oxígeno disponibles.
Hipoxia aguda: se presenta durante las primeras diez horas de exposición a la altura.
Hipoxia crónica: se debe a una exposición prolongada a la altura.

La altitud y el "Mal Agudo de Montaña"

El Mal Agudo de Montaña (M.A.M.) no es ni una maldición ni un defecto. No es más que la expresión de una aclimatación incompleta a la altitud. Una persona de cada dos es afectada por el M.A.M., y una de cada cien puede presentar complicaciones graves (edema pulmonar y edema cerebral). Las molestias se presentan de 4 a 8 horas después de alcanzar cotas altas, generalmente superiores a los 3.500 metros.

Lo primero que se debe hacer es tomar un gramo de aspirina (2 comprimidos de 500mg.). Si los síntomas se suavizan o desaparecen, continuar el ascenso. En cambio, si persisten, detenerse hasta que disminuyan o desaparezcan. Si se agravan, hay descender hasta que desaparezcan y reintentar el ascenso con más prudencia.

¿Qué riesgos existen?

Todos estos síntomas desaparecen cuando se desciende. Si el descenso no es complicado y está próximo, o si permanecemos menos de 48 horas a gran altitud, sólo habremos perdido una noche o una jornada. Si el ascenso tiene que continuar, o las condiciones no permiten volver, se hace absolutamente necesario completar la aclimatación para evitar la aparición del edema pulmonar y del edema cerebral.

Edema pulmonar: se caracteriza por sensación de ahogo y respiración ruidosa. Los labios y, a veces, las orejas se ponen amoratados o azulados (cianosis); puede haber expectoración espumosa, a veces rosada. Se presenta a menudo durante la noche, después de una jornada de esfuerzos intensos.

Edema cerebral: se caracteriza por fatiga o debilidad extrema y vómitos, a menudo brutales y a chorros. El dolor de cabeza se hace insoportable, no calmándose con aspirina. Existe dificultad para mantenerse en pie, padeciendo vértigos y trastornos del comportamiento. El coma se instaura rápidamente. A veces, no hay dolor de cabeza, sino simplemente un gran cansancio, o trastornos del equilibrio. En ambos casos la urgencia es extrema, y se hace imperativo el descenso, o la introducción en una cámara hiperbárica antes de descender. Esto permite dejar la enfermedad en las mejores condiciones y a veces, incluso curarla. En caso de edema pulmonar, la toma de bloqueantes del calcio podría ser eficaz. También es aconsejable inyectar corticoides, lo más rápidamente posible en ambos casos.

El frío extremo y la prevención

El peligro de las las congelaciones es su instauración insidiosa, sin dolor. Inicialmente hay entumecimiento de las extremidades -se hacen más pesadas- y pierden la sensibilidad. Al final de la jornada, el sujeto observa cómo un dedo del pie se ha puesto pálido, endurecido, insensible. La evolución depende del estado de la congelación:

Primer grado: la extremidad se va enrojeciendo y se hincha ligeramente, no hay ampollas y todo vuelve a la normalidad al cabo de unos días.

Segundo grado: aparecen ampollas claras o sangrantes -más graves-. Persiste la insensibilidad, la zona congelada puede cicatrizar al cabo de algunas semanas, o volverse negra y seca, y caer espontáneamente. El tejido que queda tarda varios meses en cicatrizar del todo y en recuperar su sensibilidad normal.

Tercer grado: al recalentarse no aparecen ampollas, los tejidos quedan fríos, definitivamente muertos. Este grado de congelación requiere una amputación a corto o a largo plazo.

Qué hacer en caso de congelación

-No hay que recalentar nunca a una persona congelada, si no estamos seguros de poder hacerlo en buenas condiciones, hasta que no llegue la ayuda, ya que el individuo afectado de congelación queda inválido, una vez recalentado, debido a la hinchazón de las extremidades afectadas.

-No hay que frotar golpear o recalentar muy fuerte (delante de un fuego o una llama) una zona congelada.

-Tan pronto como sea posible, emprender el recalentamiento general y una buena rehidratación con bebidas calientes y azucaradas. El recalentamiento de las zonas congeladas se hace con un baño de agua tibia (37ºC), al cual se le añade un antiséptico suave no alcoholizado. El dolor se calma durante el recalentamiento, con analgésicos (aspirina). Después de cada baño (30 minutos, 4 veces al día), se recubren las zonas congeladas con gasa estéril y vendajes muy flojos. Hay que prestar especial atención al riesgo de infección que puede comprometer las posibilidades de curación. Si ésta se sospecha por la persistencia del dolor después del recalentamiento, es administrarán antibióticos durante 8 días.

El agotamiento y la hipotermia

El organismo ha "agotado las reservas" que le permiten reaccionar ante las agresiones. Agotamiento de las reservas de azúcar, descenso de la temperatura central (hipotermia), deshidratación importante, factores psicológicos... A veces, esto no se traduce más que en una alteración del humor: lloros, postración, conductas aberrantes. La lucha contra el agotamiento ha de ser esencialmente preventiva: alimentación e hidratación suficientes, esfuerzo en relación con la capacidad física (atención al hecho de subestimar las dificultades de un ejercicio!!!), tener en cuenta las previsiones meteorológicas y buen conocimiento del terreno.

La hipotermia puede definirse como un descenso de la temperatura central del cuerpo por debajo de los 35 ºC. Este estado sobreviene frecuentemente con las caídas en grietas, enterramiento bajo avalanchas de nieve y siempre que un herido se deja expuesto al frío y a la nieve.

Qué hacer en caso de agotamiento o de hipotermia

Hay que recalentar al individuo cubriendo su cuerpo, protegiéndolo del suelo frío y haciendo que beba líquidos calientes y azucarados. A continuación, la conducta a seguir dependerá del grado de aislamiento en el que nos encontremos: buscar ayuda (helicóptero?), esperar una mejoría del tiempo o decidirse por una evacuación improvisada: la elección no siempre es posible ni fácil de hacer.

Alimentación e hidratación

Los más recientes cálculos de gasto calórico en altura señalan que durante una jornada de esfuerzo sobre los 3.500 metros, un alpinista consume alrededor de 8.000 calorías. Con una dieta que lo provea de 2.100 a 2.500 calorías puede afrontar duros esfuerzos durante varios días.

Respecto del líquido ingerido, se puede considerar que 3 litros son suficientes para cada persona. Aunque se habla también de 5 litros. Los jugos concentrados en polvo, después de varios días irritan el estómago y producen rechazo al paladar. Los sobrecitos de sales litínicas son bien aceptados.

La alimentación del alpinista debe ser rica en calorías, variada en lo posible, agradable al gusto, fácil de digerir, transportable, poco frágil, poco voluminosa, de poco peso y fácil de cocinar. Debe tratar de compensar el gasto calórico que en una jornada puede llegar a ser de 4.000 a 8.000 calorías. La dieta debe repartirse en 55% de glúcidos, esencialmente por azúcares de absorción lenta, 30% de lípidos (mitad origen animal y mitad de origen vegetal) y 15% de proteínas.

Consejos

  • Emprender la ascensión a la cima bien aclimatados y con excelente equipo.
  • Mantenerse bien hidratados bebiendo de 3 a 5 litros por persona y por día.
  • Permanecer sobre los 6.000 metros el menor tiempo posible.
  • Calcular perfectamente los efectos del frío y del viento. Descender inmediatamente cuando exista un malestar considerable, sin esperar recuperarse de enfermedades aún leves.
  • Descansar lo más posible debajo de los 5.500 metros, entre una ascensión y otra.
  • No intentar la ascensión de una gran montaña con mal tiempo o con pronóstico desfavorable.
  • En las ascensiones, durante los descansos mirar hacia la distancia, no hacia el suelo.
  • No subestimar las características de la Ruta Normal.
  • Elegir concienzudamente a los compañeros.
  • Considerar los efectos de la gran altura sobre el nivel del mar, en el ritmo de marcha, en el humor, en la eficiencia, etc.
  • Llevar el equipo estrictamente necesario.
  • Velocidad -una vez aclimatados- es igual a seguridad.

 

 

Alejandro es uno de los más experimentados guías del Aconcagua. Además, desarrolla la actividad docente como profesor en la Escuela Provincial de Guías de Alta Montaña Valentín Ugarte, en Mendoza. Realizó muchas ascensiones al Centinela de Piedra y por varias rutas diferentes. Es experto de Aventurarse.com.

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