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4000 metros más cerca del sol
Relevamiento Visual de Culturas y Paisajes de Bolivia

Hace más de un año Emiliano di Rosa y J.N.M. dieron comienzo a un viaje que todavía no ha llegado a su fin. Hoy vuelven en busca de sitios pendientes, partiendo el 20 de enero de 2002 desde la Quiaca e introduciéndose en la Gran Meseta Central o Altiplano Boliviano que abarca 700 Km. de largo, 500 Km. de ancho y cerca de 4000 metros de altitud.

Aquí los reportes que nos envían periódicamente desde su viaje:

Noveno Reporte - 22/02/2002

No des nunca un consejo. El ignorante no te escuchará y el inteligente no lo necesita.

The Washington Post

Más arriba el Paraíso
Titicaca

Para los que decían que Bolivia no tenia salida al mar, lamento decirles que se encuentran en un terrible error. A 3900 metros sobre el nivel del mar, el Titicaca, uno de los lagos más altos del mundo y el más grande, es de agua salada. Decir esto es meramente un dato o una anécdota. Allí arriba después de un largo trayecto, uno se reconcilia con el altiplano y puede recuperar fuerzas para emprender un nuevo viaje.

Cuenta la tradición que de las profundidades del lago, surgió Manco Cápac, fundador, según la leyenda, del Imperio Incaico y junto con él Mama Ocllo, hija del Sol, hermana y esposa de Manco Cápac, según la mitología Incaica.

Su ciudad principal es Copacabana a orillas del gran lago. Dicha ciudad no encuentra horizontes en este retazo de mar. Llena de vida y tradición, hace reencontrar al viajero con un típico paisaje del sur argentino.

Dentro de esta ciudad, entre otras cosas hay: una curiosa iglesia, que evoca un templo islámico; un monte, llamado el Monte del Calvario, desde donde se logra contemplar el imponente paisaje que abarca la ciudad; el lago y un puerto. Aquí el viajero puede tomar las embarcaciones que van a la Isla del Sol o a la Isla de La Luna, lugares míticos si los hay, donde un grupo de precolombinos desarrollaba una serie de ritos al Dios Sol o a la Diosa Luna. Esto dependía, por supuesto, en donde los agarrara la noche.

Al día siguiente de llegar, iniciamos el largo trayecto que nos llevaría a la Isla del Sol. Hay dos caminos: por tierra o por agua. A menos, claro, que usted sepa volar y en tal caso debo informarle que los Incas no habían inventado, para ese entonces, la pista de aterrizaje. Y aunque lo hubieran hecho, más difícil se les haría encontrarle alguna utilidad. La opción no fue la barca sino rodear el golfo a pie. Son doce kilómetros donde uno se sumerge en la silenciosa vida que rodea el lago.

En nuestro trayecto tuvimos la oportunidad de conocer desde pastores de ovejas, hasta los singulares pescadores que con sus totoras incursionan en las aguas transportando el tiempo a épocas de antaño. La especialidad, para los hombres en toda la costa, son las totoras. Embarcaciones hechas a base de juncos unidos a presión que se mantienen a flote de seis a ocho meses. Los hay de diferentes formas y tamaños. Los más llamativos, para el tiempo de las celebraciones, ostentan en su proa, cabezas de seres mitológicos hechas de junco y luego pintadas a mano.

Aquella tarde llegamos a la Isla del Sol. A decir verdad, justo enfrente. No quisimos cruzar. Pensamos que guardar algo sería lo mejor. Habíamos visto demasiado en muy poco tiempo. Así es que dormimos una siesta y partimos de vuelta hacia Copacabana. Creo que hicimos lo correcto.

J.N.M.

 
 

 

 

 

 

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