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Expedición Olímpica
"Desde Yerba Buena a Tafi del Valle"


Reporte - Edición 2004 - 03 y 04/09

La intensa agenda que tienen los atletas tucumanos, incluyó en su calendario anual una nueva prueba, organizada magnificamente por Sandro del Río de “Ecoatletas”, que es la carrera “Yerba Buena - Tafí del Valle”. La primera edición de ésta competencia tuvo lugar los días 3 y 4 de septiembre de 2004 y fue tan rotundo el éxito que ya Sandro del Río, junto a la Municipalidad de Yerba Buena que prometió dar su apoyo, fijaron para septiembre de 2005 la Segunda Edición de ésta carrera que quedará fija en el calendario de los corredores tucumanos.

Esta prueba se comenzó a difundir con bastante anticipación vía e-mail, y uno podía leer “en una noche de luna llena...”, que ya invitaba a pensarlo por lo menos. A los 25 equipos de cuatro integrantes cada uno que participaron, no les fue fácil el entrenamiento. Todos estaban entusiasmados con el desafío de unir los más de 70 kilómetros del recorrido montados sólo en sus dos piernas, pero sabían que la prueba sería muy exigente, que venían de un año con muchas competencias y que habría varias dificultades a sortear, entre ellas las posibles diferencias térmicas y la altura. Sin embargo primó una vez más el espíritu aventurero de los atletas que respondieron y así fueron 100 los que iniciaron la trepada.

Habían dos categorías: para los más experimentados la largada era en Yerba Buena, a las 4 en punto de la tarde desde la “Bicicletería Olímpica” y para los principiantes la salida era del Río Grande a las 9 de la noche. Además se corría en equipos mixtos y caballeros, y éstos se dividían en mayores de 139 años ó menores de esta edad. La edad se dá por la sumatoria de los integrantes del team, por lo que a veces pasa que algunos jóvenes son arrastrados a la categoría de los “veteranos”. Se inscribieron 14 equipos caballeros y 10 mixtos y largaron de Yerba Buena 11 equipos mientras el resto lo hizo desde Río Grande.

Luego de la largada que fue puntual y en la que hubieron autoridades de la Municipalidad de Yerba Buena, periodistas, cámaras y mucho público - lo que hará que la prueba sea declarada de interés municipal - se trotaba hasta Horco Molle desde donde se iniciaba la trepada por la “Puerta del Cielo” donde la vegetación es espesa, muy subtropical y la subida pronunciada. Al terminar la cuesta los corredores estaban en San Javier, donde los sorprendian las azaleas llenas de flores rosadas, el verdor de todo y un quintal de ciruelos en flor.

Desde allí había que dirigirse a “la Sarita”, un almacén típico de La Sala, dónde estaba el primer puesto de control y esperaban a los atletas con bananas, manzanas y mucho líquido para hidratarse. Una vez cumplido el trámite de rigor y los minutos que cada equipo consideraba necesario para reponerse, se subía por la cuesta del telégrafo en medio de un atardecer soñado, para bajar luego hasta Río Grande donde estaba largando el segundo pelotón y dónde había un nuevo PC con fideos, chocolate caliente y yoghurt con frutas, depende las preferncias de los atletas.

Allí empezaba la parte más difícil de esta prueba, ya que caía la noche, había que cruzar varias veces el río y empezar la trepada hasta Anfama. El tiempo fue un privilegio y los corredores tuvieron la sorpresa de que no había agua helada en el río como se suponía, sino que la temperatura era ideal y hasta invitaba a querer refrescarse. Una brisa muy cálida hacía que la noche fuera agradabilísima y que salvo excepciones, no se tuviera que recurrir al odioso abrigo. Una vez en la senda de la subida, habían dos caminos posibles: el de las 4x4 ó el de los caballos, que es muy empinado. Cada equipo armó su estrategia y eligió la senda a tomar. Pero todos coincidieron en que la luna llena era total, parecía que Sandro había hecho un pacto con Dios, porque todos a su manera se sintieron cerca del cielo.

La subida era dura y empezaba a notarse el casancio de todos, pero la noche era tan maravillosa que no podían menos que disfrutar y darle gracias a Dios por semejante privilegio. Además, mientras se subía, se veían las lucecitas de todas las linternas que arriba ó abajo iluminaban la montaña a tal punto que las vistas parecían las de una postal. Los equipos fueron llegando a cuenta gotas y según su ritmo a la escuela de Anfama, donde cálidamente los lugareños habían preparado un guiso “muy polenta” y un rico asado para que pudieran reponer energías, allí estaba el tercer PC y también los organizadores y colaboradores fueron muy amables.

Y al salir de Anafama, ya algo cansados y de noche total, a buscar la senda, nada fácil a esas horas y a subir la cuesta, ¡qué cuesta!, ésa que a algunos los hizo dudar si estaban realmente en el cielo ó si habían caído en el infierno porque cuando ya parecía que llegaban a la cima aparecía un cerro más y después otro y otro más... se sentían la altura y las horas de andar. Es el punto dónde los corredores empiezan a sentir el agotamiento, donde deben elegir dormir ó continuar la marcha, dónde se preguntan si tendrán fuerzas para llegar.

Sin emabrgo los atletas hicieron gala de su garra y a “pata y corazón” como dirían algunos, llegaron a la Ciénega, unos todavía de noche, otros al amanecer, pero sorprendidos con la salida del sol que teñía las montañas de mil colores diferentes lo que demostraba que no se habían equivocado y que estaban en el cielo. Allí una vecina esperaba con mate bien caliente y bollo recién amasado para deleite de los corredores que a decir verdad, en su mayoría se sentían extenuados. Éste era el último control, y a comenzar la bajada, ese descenso anhelado que sin embargo también fue duro y difícil porque ya se acababan las fuerzas, aparecían los dolores y las ampollas y sólo pensaban en llegar. Pero cuando levantaban la vista, quedaban maravillados, allí estaban los cerros tucumanos, los miraban una y otra vez sin cansarse y son una fuente de energía, se sentian orgulloso, Dios se las ha regalado.

Y por fin la llegada, el entusiasmo, las risas, las lágrimas, el cansancio que afloja, Sandro, sus colaboradores y los que llegaron primero dando la bienvenida al resto, aplausos y felicitaciones para todos y unos tallarines exquisitos preparados en “La Posada de la Guadalupe”. La prueba había sido durísima, pero cuando se llega a la meta, aflora la satisfacción, ésa que es indescriptible, el desafío cumplido....y aunque hasta hacía momentos algunos hubiesen querido gritar pidiendo auxilio, la euforia de la llegada hace que la adrenalina vuelva a subir a mil y que todos quieran salir de nuevo en busca de esa sensación que sólo da la naturaleza, el probarse, la garra, el correr con amigos que sienten lo mismo. Había terminado la Expedición Olímpica, pero ya todos se preparaban para el próximo año, en septiembre, como ahora.

Los ganadores fueron Lalo Nanni, el Negro García Hamilton, Pablo Desjardins, y Ramirito Ponssa (en orden de edad) que hicieron una carrera fomidable y que no llegaron a darse cuenta de los paisajes ni del cansancio porque volaban. Estos fueron escoltados por los jóvenes: Cony Colombres, Juan Pablo Frías Silva, Matías Haedo y Maximiliano Paz, y el tercer lugar en la general fue para el equipo de Guillermo Boero, Pablo Agu, Cristian Klyver y Francisco Toro.









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