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Expedición EcoAtletas
 


Reporte - Ciudad de Salta, 100 Km de Montaña - Edición 2010

La previa

Finalmente llegó la fecha, 25 de junio de 2010; el día de largada de la Primera Edición de Ciudad de Salta, 100 Km de Montaña. La jornada comenzó temprano, cuando la gente de EcoAtletas®, organizadores de la competencia, realizó el armado del punto de largada y oficina de carrera, en plena Plaza 9 de Julio, justo frente al Cabildo de Salta. Es difícil caminar por esta hermosa ciudad sin cruzarse con la historia a cada paso, esa historia que todos aprendimos en el colegio, y que aquí se respira como algo vivo metro a metro, una experiencia que tuvieron todos y cada uno de los 82 corredores inscriptos.

Aunque el día anterior se realizó la acreditación de los competidores, en la oficina de Turismo de la Ciudad, ese trabajo continuó el 25 por la mañana, para los que estaban llegando a último momento.

Luego, a las 11 en punto, se develó el secreto mejor guardado de la competencia, que celosamente había mantenido Sandro del Río, organizador del evento; se repartieron la hoja de ruta y el mapa del circuito. En este tipo de competencias los corredores conocen esta información a último momento, situación que suma complejidad en el planeamiento de la estrategia de carrera y que permite evitar que el circuito sea recorrido en días previos por los competidores locales, logrando así ventaja sobre los que llegan sobre la fecha provenientes de otros lugares.

Y en este caso eso era más relevante, ya que solo 14 corredores eran salteños, el resto provenían de Córdoba, Jujuy, Tucumán, Santiago del Estero, Santa Fe, Buenos Aires, Capital Federal, San Juan y Neuquén, e incluso uno de los corredores era chileno.

El diseño del circuito merece un párrafo aparte. Esta fue la primera oportunidad en que EcoAtletas® organiza una carrera con circuito secreto, con el condimento adicional de ser además la primera organizada en los alrededores de la Ciudad de Salta. Y esto implicó que Sandro del Río decidiera usar un circuito que fuera un mix equilibrado entre los recorridos a campo traviesa y el uso de caminos de ripio para automóviles. Esto fue hecho pensando en primer lugar en la seguridad de los corredores habituales de sus carreras, que suelen conocer los lugares que transitan ya que, o pueden hacer recorridos de reconocimiento porque el circuito es conocido, o corrieron ediciones anteriores de la misma carrera (como es el caso en la ya tradicional Yerba Buena a Tafí del Valle en Tucumán que va por su Séptima Edición); y obviamente no es lo mismo circular de noche por caminos conocidos que por terrenos que son una incógnita para el que los recorre.  La intención en futuras ediciones es minimizar el uso de caminos de ripio y maximizar los recorridos agrestes.

Entregada la hoja de ruta tuvo lugar una charla con todos los detalles del circuito y las respuestas a las diferentes preguntas de los competidores, a los que ya Sandro había agradecido por su participación para hacer este evento posible. Ellos, juntos a las marcas auspiciantes y las autoridades locales, son los que permiten que podamos vivir estos desafíos.

Llegado ese momento solo restaba esperar a las 12:40 cuando se hizo entrega del pasaporte de carrera (es la credencial que a medida que transcurre la competencia va registrando el paso de los participantes por los diferentes Puestos de Control) y hacer el precalentamiento de rigor.

¡Comenzó la carrera!

A las 13:30 en punto el Señor Intendente de Salta, Don Miguel Ángel Isa, dio la señal de largada, mientras sonaban los acordes de la Banda de Música de la Municipalidad de Salta, dirigida por el Maestro Olivera, en un gran marco de público que se había dado cita para ver el espectáculo de la salida de los corredores, todos uniformados con sus pecheras de competencia amarillas y bordó, el color de Salta. ¡La Primera Edición de Ciudad de salta, 100 Km de Montaña había comenzado!

Los primero kilómetros de la carrera fueron a través de las históricas calles salteñas; lentamente, casi a paso de hombre, los deportistas avanzaban mientras la gente desde las veredas los vitoreaba y aplaudía. Un gran operativo de seguridad fue montado por la Dirección de Tránsito municipal, los representantes de Turismo y los organizadores, para que este “desfile urbano” fuera una fiesta para disfrutar.

Esto continuó hasta Grand Bourg, en las afueras de la ciudad, donde finalmente se liberó la competencia y cada uno pudo tomar su propio ritmo y velocidad. Pablo Guantay, Sebastián Tosti, Martín Paternó y Carlos Manuel Sander picaron en punta y eso se mantendría durante toda la carrera para Tosti y Paternó que llegarían finalmente en primero y segundo lugar respectivamente.

El primer destino, cruzando San Lorenzo (y un Puesto de Paso ubicado frente a la sede Municipal), era el PC1 en Castellanos.

En casi todo su trayecto la carrera fue de la modalidad “Punto a Punto”, es decir que la organización exigía que los corredores pasaran por determinados puntos, donde debían certificar su paso, pero tenían libertad de elegir el camino que realizaban entre ellos. El camino sugerido en la hoja de ruta era el más eficiente entre dos puntos dados, pero dependiendo de las decisiones de cada corredor o equipo eso iba variando, siendo esta una característica que suma complejidad a la competencia ya que debe definirse la estrategia a seguir mientras se hace el recorrido. El modo de certificar cada punto pasado era con una pinza que hacía una marca distintiva en el Pasaporte de Carrera, que luego la organización chequearía.

¿Dónde está el sendero?

Una vez alcanzado el PC1 en Castellanos, los competidores debían llegar al PC2 en el Río Yacones, que, como comprobarían en carne propia, lleva agua absolutamente helada. El tramo comenzaba con un camino de ripio que tenían que recorrer por algunos kilómetros hasta encontrar un sendero, que los internaba en la Quebrada del Cementerio.

No perder el punto de entrada a ese sendero fue la principal preocupación de cada corredor en este primer tramo de carrera. Mientras recorríamos la zona previa la pregunta de rigor era: ¿me pasé el sendero? cuando en realidad la Hoja de Ruta era muy clara en su ubicación y cualquiera que la siguiera no podía perderse. Pese a esto, mientras los que realizamos la cobertura de la competencia volvíamos del Yacones, la respuesta a nuestra pregunta sobre cómo iba transcurriendo la carrera para los corredores que cruzábamos, fue en más de una oportunidad: “me perdí… como siempre”. Esta situación ilustra un lugar común en este tipo de carreras, algo absolutamente increíble, que es la poca atención que ponen muchos de los participantes en leer con atención las indicaciones de la Hoja de Ruta. De todos modos la frase era dicha como mucho humor reconociendo así que era un terma personal ya asumido, más que una crítica a la organización, que puso mucho cuidado tanto en su redacción como en detallarla durante la Charla Técnica previa.

El sendero tenía muchas piedras sueltas, lo que hizo que los corredores extremaran la atención al recorrerlo, y a esto se sumó cruzar varias corrientes de agua usando piedras muy resbalosas.

El frío del Yacones

Y entonces apareció la primera gran sorpresa de la carrera, cruzar el agua helada del Río Yacones, un cruce de varios metros de extensión que les hacía llegar a los corredores el agua por encima de la rodilla. Los ojos del primer corredor que llegó ahí se agigantaron con la sorpresa, ya que una cosa era haber escuchado a Sandro del Río describir la situación en la Charla Técnica y otra muy diferente ver el río frente a él, lleno de piedras y con las aguas turbulentas. Difícil será saber que pasó por su mente, pero la decisión se vio en su cuerpo, y se lanzó a cruzar.

Una vez del otro lado la alegría reaparecía y todos se felicitaban por haber cruzado, ya comenzando el trayecto por el pedregal del río para alcanzar el PC2, un kilómetro y medio río abajo y a 1493 msnm. La imagen de los competidores corriendo a través del pedregal que era parte del cauce del río fue una de las más bonitas de la carrera.

El tramo siguiente era cuesta arriba, para llegar al Puesto de Paso en el Abra del Portezuelo, a 1802 msnm. Y aquí ya comenzaba a presentarse un condimento fuerte de la carrera, la caída del sol, que de a poco imponía el encendido de linternas y extremar el cuidado al avanzar. La organización había tenido en cuenta este factor, eligiendo una noche de luna llena para la realización de la competencia, pero un cielo parcialmente nublado retaceaba la luz lunar y por momentos sumía en tinieblas absolutas a los corredores mientras avanzaban hacia la meta, que en este punto, aún era un sueño lejano…

Bajando hacia La Caldera

En el PC3, ubicado en pleno pueblo de La Caldera y a los 1390 msnm, esperaba a los corredores la mejor arma para luchar contra el frío que ya comenzaba a arreciar en estas etapas de la competencia, guiso de lentejas y empanadas, preparados por la experta gente del “Rancho” y a los que pocos pudieron resistirse. El lugar se transformó en un oasis donde algunos decidieron tomar un pequeño descanso, aunque para los de la punta fue casi solo un PC más que dejar atrás en pos de la meta tan deseada.

Aquí además se producía la primera diferencia en el circuito dependiendo si el competidor hacía la carrera “Corta” (65 Km) o la carrera “Larga” (106 Km). Los primeros solo hacían el cambio de pasaporte en el PC4 (que para ellos coincidía con el PC3) y continuaban hacia el PC5 sobre la Ruta 9 (el viejo camino de Cornisa a San Salvador de Jujuy). Los de la “Larga” tenían un Puesto de Paso Bonus sobre el terraplén del dique Campo Alegre, por lo cual sumaban a su kilometraje ese camino ida y vuelta, para luego también seguir al PC5, a los 1300 msnm.

El Túnel del Horror…

El camino al PC5 la mayoría de los corredores decidieron hacerlo por el costado de la ruta y no por el lecho del río por el cual era un poco más corto. Aquí nuevamente se vio la posibilidad que cada corredor tenía de elegir el camino entre cada punto. Algunos corredores así entonces tuvieron una experiencia que nos describieron como muy bella, corriendo por la orilla del río iluminado por la luna, mientras otros priorizaron correr por un terreno seguro como el asfalto.

Una gran fogata los esperaba en el PC5, donde nuevamente se separaban el recorrido de ambas modalidades de carrera. La corta seguía por la ruta y luego por un camino de ripio para llegar al PC6, en el río Puente del Río Mojotoros, donde si llegaban antes de las 7 de la mañana del domingo debían pasar la noche en un campamento y donde estaba el segundo punto de alimentación de la carrera. En cambio la larga sumaba 28 kilómetros más de carrera, en un circuito que los hacía pasar por el Puesto de Paso Gallinato y los dirigía a la segunda gran “sorpresa” de la carrera, porque una cosa había sido saber que debían cruzar un túnel ferroviario y otra muy distinta vivir esa experiencia.

Cruzar la oscura boca de entrada del túnel era sumergirse en un mundo extraño, con un ambiente de película de horror y donde uno esperaba que en cualquier momento alguna criatura de pesadilla apareciera. Es increíble como la presencia o ausencia de luz provoca cambios tan radicales de atmósfera en un lugar. Recorrer ese punto fue uno de los puntos más extraños de mi cobertura de la competencia…

Pero luego de esta particular experiencia a unos 2 kilómetros de distancia aparecía al costado de la vía el campamento del PC6 que hacía olvidar, por un momento, la extraña experiencia vivida.

Como decíamos antes, cualquier corredor que llegaba aquí antes de las 7 de la mañana del domingo debía descansar hasta la hora de salida autorizada por la organización. Para la salida eran respetadas las diferencias de tiempo en la llegada y a partir de las 8 de la mañana el paso era libre.

La última sorpresa y el final

Solo restaban los kilómetros finales de la carrera, pero la exigencia física para los de la carrera “Larga” iba a ser importante. El recorrido los llevaba primero, luego de seguir camino por la vía, a un Puesto de Paso en el predio de la Universidad Católica donde debían marcar su pasaporte y continuar hacia el PC7, en la Virgen del cerro, a 1370 msnm. Esta era la sección con menos compromiso físico del tramo final y era realizada por ambas modalidades de carrera.

En este PC7 se producía la división de los recorridos. La carrera “Corta” debía bajar hacia la ciudad y a su destino final, el Monumento a Güemes, donde los esperaba el tan ansiado arco de llegada y el fervor de los aplausos de curiosos y familiares que los aguardaban allí, donde desde temprano la organización había dispuesto todo para recibirlos.

En cambio los de la “Larga” aún no podían festejar la llegada, les restaba un tramo complicado, el recorrido hacia el PC8 en el Cerro San Bernardo, a 1440 msnm, y lo que sería la sorpresa final de la carrera y algo que generó más de un comentario recordando cariñosamente al organizador, ¡1070 escalones que los llevaban hasta la llegada! En realidad para muchos de los competidores fueron 1 millón de escalones porque su número se multiplicaba por el cansancio acumulado y el deseo de terminar que en su mente alejaba más y más la llegada.

Pero como en toda carrera, los competidores sacan fuerzas de donde creen que ya no quedan y se sobreponen al desafío, convirtiendo la carrera en algo que nunca olvidaran en su vida. Este tipo de carreras, las que uno recuerda por siempre, son las que diseña y organiza Sandro del Río.

Cuando pisaban el último escalón ya se divisaba el arco naranja de la llegada al lado del imponente Monumento a Güemes, y se empezaba a palpitar la alegría del recibimiento de la gente que los esperaba allí. Durante todo el descenso, según muchos comentaban, las palabras del locutor, diciendo sus nombres y alentándolos, les daban renovadas energías para terminar.

Con cada cruce del arco se vivía una fiesta, que concluyó más tarde con la entrega de premios en la Oficina de Turismo de la Ciudad de Salta, dando así por terminada esta nueva experiencia en la vida de cada uno de los participantes, que seguramente ya en ese momento comenzaban a imaginar cual sería su próximo desafío. El circuito de Expediciones de Aventura y Autosuficiencia que organiza EcoAtletas® concluye este año con la carrera “Conociendo a la Pacha Mama”, a correrse en Tilcara, Jujuy, del 8 al 10 de octubre. Los espero allí.










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