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Eco Aconquija
 


Reporte - Segunda Fecha - Edición 2005

Marche un jabón en polvo para los ecoaventureros. Sucede que el agua y la tierra hacen barro, y la lluvia moja tranquilo y parejo en San Pedro de Colalao. Las ansias por llegar a la meta de la Segunda Fecha de la Ecoaconquija, el 5 de junio de 2005, y alzar la copa La Gaceta que está en juego pesan más que cualquier clima. Por eso, 58 equipos pasaron por la villa de verano, y de todas las estaciones que quieran: así lo determinan los paisajes escondidos, casi pintados a mano, que descubrieron los corredores.

El grupo que más rápidamente completó el recorrido fue el Marcantonio-Mizuno 1 Team, de Ariel Rodríguez, Ramiro Ponssa y Matías Haedo, que se subió a lo más alto del podio de la categoría Caballeros hasta 105 años porque completó los 60 kilómetros del circuito en 4 horas 11 minutos 55 segundos.

“Los tres somos profesores de spinning, y por eso marcamos la diferencia con las bicicletas, que son nuestro fuerte. En la primera etapa sacamos 20 minutos y supimos mantenerlos en el trekking; así llegamos hasta el final. La organización fue bárbara y el circuito nos hizo recorrer lugares desconocidos por muchos, pese a que hace años que corremos”, contó Ponssa, que -todavía con la voz entrecortada por la agitación- le dedicó el triunfo a Bernardita, su nena de tres años.

El éxito de los más jóvenes, que dejaron atrás al Marcantonio-Mizuno 2 Team (Luis Gálvez, Jonathan Wheeler y Rafael Lencina), fue imitado en las otras categorías. En Promocional, Archie Team (Jaime Alamos, Alfredo Delpero, Franco Falivene y Yamil Moala) se impuso en Caballeros; y Rab Domantes (Verónica Aceñoloza, Ezequiel Aráoz y Julieta Carrilla) fueron los ganadores en Mixtos. Mientras que en Seniors, Marcantonio Mizuno 3 (Mauricio Acevedo, René Chaile y Néstor Reinoso) se impuso en Caballeros más de 105 años.

Pero en la ecoaventura la historia no sólo la escriben los que ganan; por eso hubo un abrazo simbólico entre los participantes que vencieron sus límites y cruzaron la meta. Cuando recobraron sus energías, se colgaron sus medallas y buscaron los brazos del familiar o el amigo que los esperaba en la plaza principal, con una cerveza negra en la mano -convidada por una dulce promotora- o con un café bien cargado, en uno de los bares aledaños.

A las seis de la tarde, y después de horas de festejos y de risas -como las de una chica que bailaba con un yeso en el pie derecho- bajó el telón. Pasó Ecoaconquija por San Pedro de Colalao y dejó su huella.

La amistad nació bajo la aventura

Ezequiel y Jonathan son amigos. Y de los buenos. Hay tres años de diferencia entre ellos -tienen 11 y 8, respectivamente-, pero no parece. En su pequeño mundo de coincidencias, los chicos comparten la pasión por la aventura. Cada vez que una competencia se acerca a “la ciudad”, como ellos llaman a San Pedro, agarran la bicicleta, dejan sus humildes casas en San Ramón y se instalan en algunos de los puestos de control. Esta vez eligieron el de Loma Cruz.

Allí, uno de los integrantes debe tomar las cuerdas para trepar unos 30 metros. Es la última estación antes de llegar a la meta, y el cuerpo empieza a pesar. Pero se escuchan vocecitas que los alientan. “Vamos, vamos, falta poco”, le dicen a Carmen Esslinger, del equipo 8. Y Carmen suspira, toma fuerzas, sube y se abraza con su compañero Oscar Dulac. Sin el apoyo de los chicos, hubiera costado un poco más.

“Venimos porque nos gusta ver a los corredores. Cuando vemos a alguno que no sabe el camino, le decimos por dónde tiene que ir”, cuenta con cara de pícaro, Jonathan, el más chico de los dos. Sus zapatillas gastadas permiten que el frío se cuele, pero se mantiene firme con los atletas.

“Cuando sea grande, quiero correr. Como lo hacen los señores por los cerros, o como mi hermano que tiene una moto. Mi mamá me deja venir si me abrigo y termino toda la comida. Así no paso frío y, mientras charlo con mi amigo, vemos si podemos ayudar en algo”, dice Ezequiel.

Sólo con los años sabrán qué les tiene deparado el destino. Lo seguro es que para ellos las carreras de aventura son mucho más que una pasión. Es la excusa para celebrar su amistad.










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