El Portal Latinoamericano de la Aventura y el Turismo

Suscribite
 
Elegí
Aventurarse
como página
de inicio

Agregá
Aventurarse
a tus favoritos

Recomendanos
a un amigo

Desafío Andino Tolar Grande
 


Reporte - Edición 2010

Sergio, este año tenés que venir si o si a Tolar”… Después de esas palabras de Sandro del Río en su carrera de montaña de Salta, en junio de este año, no me quedaban muchas posibilidades salvo aceptar y volver al norte argentino en septiembre. El Desafío Andino Tolar Grande 2010 se anunciaba como una mezcla de turismo y competencia de aventura en una zona de la cordillera salteña que, a juzgar por las fotos, era bellísima, por lo cual seguro sería una experiencia inolvidable.

Finalmente llegó la fecha, el 24 de septiembre, y el grupo en pleno, bien temprano, se dio cita frente al Cabildo de la ciudad de Salta, en plena plaza 9 de Julio, para iniciar así un viaje que recompensaría a todos con creces en paisajes, anécdotas, experiencias deportivas y camaradería.

Pero llegar desde Salta a nuestro destino iba ser la primera aventura del viaje. Casi 400 kilómetros dentro de la Puna Salteña y unido a la ciudad por un camino en su mayoría de ripio (gran parte del cual acompaña la traza del Tren a las Nubes) el Municipio Turístico de Aventura y Comunidad Kolla Tolar Grande se ubica casi en la frontera con Chile y tiene alrededor de 200 habitantes permanentes.

Pese a la duración del viaje (nos llevó 9 horas completarlo, con algunas paradas) cada fragmento del camino tenía paisajes o cosas para disfrutar. Y que, como en todo viaje grupal, se hacen más divertidas al vivenciarlas en comunidad.

Apenas abandonada la ciudad de Salta nos adentramos en la imponente Quebrada del Toro. El río recibe este nombre, según nos contaba José Piu (Director de Turismo de Tolar grande y un guía experto), debido a los aludes que se producen en verano, ya que “Turu” en voz indígena quiere decir “Lodo o Barro” y en la quebrada descienden muchos arroyos de las laderas de los cerros que arrastran tierra y terminan transformando al río en un verdadero alud.

Durante el viaje también había que batallar con la altura (en muchos casos coqueo mediante). Teníamos que ascender desde la ciudad de Salta, ubicada a 1187 msnm hasta los 3500 msnm de Tolar Grande, pero en el camino llegaríamos a alcanzar los 4080 msnm de Abra Blanca. Ascendimos un promedio de 35 metros por kilómetro, por eso los organizadores plantearon la estrategia de hacer varias paradas en el camino, para poder irse aclimatando y llegar en las mejores condiciones a nuestro destino.

Y esto era muy importante, porque el objetivo no era solo la competencia de trekking de montaña que se iba a desarrollar el día sábado en Tolar, sino el conjunto de todo el viaje. Se trataba de una experiencia integral, no solo deportiva.

El ingreso a la Puna propiamente dicha se dio unos 35 kilómetros antes de San Antonio de los Cobres, pueblo al que llegamos luego de 4 horas de viaje. La llegada fue festejada, no solo porque allí almorzaríamos, sino porque durante nuestra corta estadía funcionaban los celulares y volvíamos a estar comunicados con el mundo. El festejo duraría poco cuando nos enteramos que este era el último punto con señal para la mayoría de las empresas de telefonía celular, y solo unos pocos privilegiados podrían comunicarse una vez que estuviéramos en Tolar. Este aislamiento comunicacional se sumaba así a la experiencia de vivir la Puna.

Luego de San Antonio de los Cobres la próxima parada fue Olacapato, a 4000 msnm, un pueblo que habitan unas 80 personas que viven de la minería y el turismo.

El viaje continuó cruzando el primer salar puneño con el que nos encontramos, el Salar de Pocitos, desde donde ya se comenzaban a avistar una serie de montañas y volcanes de significado sagrado para las comunidades indígenas lugareñas.

A continuación llegó una de las zonas más bellas de nuestro camino: “Los Colorados”, una extensión de alrededor de 20 kilómetros donde pueden descubrirse las más variadas formas que inspiran nombres como “la catedral gótica”, “el elefante enterrado” y muchos otros.

Este lugar pre-anunciaba el final de nuestro viaje, ya que solo 30 kilómetros después finalmente arribamos a nuestro destino, no sin antes disfrutar de la vista impactante del Mirador del Llullaillaco y de los “7 Volcanes Sagrados de Tolar Grande”.

Fue un viaje en el que realmente pudimos experimentar la grandeza de la Madre Tierra en estado puro.

Por supuesto toda la comunidad de Tolar estaba esperándonos, los más extrovertidos se acercaron a saludarnos y los más tímidos saludaban desde la distancia, pero sintiendo muy probablemente la misma curiosidad de nosotros hacia ellos. También fueron parte de esta recepción tanto el Intendente de Tolar Grande, Sergio Villanueva, como el Cacique Cruz Cruz, las dos figuras de autoridad del lugar.

Después de ubicarnos en nuestros alojamientos el plan era participar de una ceremonia a la Pacha Mama, como un modo de agradecerle y pedirle permiso para las actividades que se iban a desarrollar al día siguiente. Fue un momento muy emotivo y que nos mostró cuan integrados están los pobladores de las zonas andinas con su tierra.

Luego de la cena y de una charla de Sandro del Río, organizador del evento y director de EcoAtletas®, solo restaba descansar y prepararse para la experiencia por venir, el motivo por el cual habíamos viajado desde cada uno de nuestros hogares a la puna salteña.

El 25 de septiembre, día de la competencia, amaneció con un cielo perfectamente límpido y bastante viento, algo que nos acompañaría todo el día. Desde temprano la actividad entre los competidores fue intensa, preparándose para lo que iba a comenzar a las 11 horas. Las distancias de participación fueron dos, 32 y 10 kilómetros, para los que buscaban un reto competitivo y para los que preferían algo más “turístico/deportivo”. Charlando con la gente se podían sentir perfectamente las ansias por comenzar y como cada uno encaraba el reto por venir desde diferentes aspectos. Pero un denominador común de esas charlas fue la belleza del lugar y la amabilidad de su gente. Un corredor tucumano se confesaba: “el viaje de ayer fue interminable, pero lo que estoy viviendo ahora hizo que ya lo olvide”…

De a poco todos los participantes, uniformados con la pechera de competencia, se ubicaron bajo el arco de largada, un arco color naranja que era imposible no ver desde donde uno se ubicara, ya que era un color extraño entre los variados marrones del paisaje. Y finalmente, a la hora anunciada, se largó la Segunda Edición del Desafío Andino Tolar Grande.

El recorrido iba a llevar a los corredores de ambas distancias por diferentes puntos importantes de la zona en derredor del Pueblo y más de uno sería un reto a vencer. El comienzo era un tramo en común para ambas distancias, que recién al llegar al Puesto de paso se dividían. El recorrido de 10 kilómetros se dirigía desde allí a la cumbre de un cerro, “El Mirador”, y el de la distancia de 32 kilómetros, hacia la primera sorpresa, el “Túnel del Hombre Muerto”, por el cual los corredores debían avanzar, en algunos casos arrastrándose, para cruzarlo. Terminada la carrera más de uno me comentó sobre la extraña y atemorizante sensación al cruzarlo, estoy seguro que ninguno olvidará la experiencia.

La ida y vuelta al túnel era la que sumaba los kilómetros en que diferían ambos circuitos, siendo el resto equivalente para ambas distancias. Esta ida y vuelta se daba en una gran planicie similar a la de Barreal, en San Juan, una gran extensión de tierra plana, resquebrajada y polvorienta, en la cual moverse era como correr en pleno desierto.

Mientras tanto los corredores de los 10 kilómetros ascendían al cerro El Mirador ya que el Puesto de Control se encontraba en la cumbre y luego emprendían un rápido descenso para dirigirse al siguiente puesto de control, la “Cueva del Oso”, que era la otra sorpresa de la competencia, un lugar donde nuevamente debían cruzar por el interior de la tierra, para poder seguir el circuito. Más de un corredor no pudo con el desafío y decidió no explorar la cueva y sufrir la penalización correspondiente.

El Puesto de Control siguiente, luego de la cueva, era el Cerro de la Pacha Mama, un lugar donde la gente del pueblo realiza ceremonias a la Madre Tierra. Para llegar al cerro todos debían atravesar un arenal que parecía un paisaje marciano por lo extraño.

Y finalmente, desde el cerro, solo restaba descender hacia el pueblo y cruzar el arco de llegada, del cual se tenía una visión perfecta en la cumbre.

Héctor Rizzotti fue el primero en hacerlo para la distancia de 32 kilómetros, seguido de Pablo Guantay y un local, Flavio Quipildor, que además fue quien me brindo alojamiento en su casa y cuya familia me trató muy bien durante mi estadía.

En los 10 kilómetros Marta Reinozo y Aldo Martínez fueron los primeros y Daniel Lagarde en la categoría individual.

Por la noche, luego de una cena y show ofrecido por la gente de Tolar se realizó la entrega de premios, cerrando así una jornada llena de nuevas experiencias, retos superados y la felicidad de haber podido vivir una experiencia inigualable en esta región de Argentina poco conocida, pero que merece conocerse.

Al día siguiente el grupo se dividió en dos, uno emprendía el viaje de vuelta a la ciudad y el otro iba a dedicar la jornada a una travesía 4x4 al Mirador del Llullaillaco para volver a la ciudad al día siguiente.

Y así emprendí mi vuelta a Buenos Aires, con el alma llena de Salta....










Volver al índice



Copyright 2000 - 2007 Aventurarse.com

info@aventurarse.com




Carreras de Aventura por país